sábado 21  de  febrero 2026
LIBERTAD DE EXPRESIÓN

La censura mediática prolifera en los países con dictaduras

Cuba ha prohibido taxativamente la participación de sus ciudadanos de medios tecnológicos y Venezuela lo está haciendo mediante restricciones indirectas pero no menos efectivas

MIAMI.-ALBERTO SCHARFFENORTH
Especial

En 2009 la fundación Freedom House, dedicada al monitoreo y defensa de los principios democráticos y las libertades civiles, publicó una monografía sobre regímenes Neoautoritarios en el siglo XXI.  El trabajo se acompañaba de una receta de condiciones necesarias para pertenecer a ese exclusivo club. Entre los requisitos destacaba el uso de la tecnología, especialmente las comunicaciones y la informática, como herramientas de control social e institucional. La lista no ha variado mucho en estos 6 años, si acaso, ha crecido, pero las herramientas de control se han ido perfeccionando en la medida que las TIC (Tecnologías de Información y Comunicación) han evolucionado.

Vigilancia y el dominio

La muy celebrada obra de George Orwell “1984”, comentada, versionada y referenciada hasta el cansancio pone de relieve justamente la dimensión moral y el dilema que supone la utilización de medios tecnológicos con la finalidad de ejercer el control social. Hoy en día, con una precisión premonitoria, la premisa definida en el lema “El Gran Hermano te observa” (en la frase original en inglés se explota el doble sentido “te observa” y “te cuida”) se cumple mediante la  utilización de una red de dispositivos y aplicaciones que hacen uso combinado de las comunicaciones y la informática. En los países democráticos donde se privilegian los principios de libertad individual y privacidad, como Los Estados Unidos, se da una discusión diaria buscando el equilibrio entre el control ejercido mediante el monitoreo y la escucha por parte de las agencias de seguridad gubernamentales y los derechos inalienables de libertad de movimiento y privacidad de los ciudadanos. Pero en aquellos países donde se rompe el equilibrio institucional y la prensa libre es objeto de sojuzgamientos, el poder inmenso de estas tecnologías irrumpe con una fuerza que es muy difícil de enfrentar por parte de los ciudadanos comunes organizados o no. En síntesis, mientras el uso de las TIC como herramientas de monitoreo y control en las sociedades democráticas es objeto de preocupación y debates orientados a fijar límites a los gobiernos en su manejo, en las naciones autoritarias o dictatoriales el poder del gobierno para controlar a la sociedad mediante dichas herramientas tiende a ser ilimitado.

Dos banderas de alarma

En las Américas destacan dos casos en los que está presente el manejo autoritario de las TIC, Cuba y Venezuela. Ambos regímenes comparten características políticas similares, sus sistemas de gobierno son de extrema izquierda, es decir que prohíben o limitan al mínimo la actividad económica privada. Los dos gobiernos restringen el derecho a la información en ambas direcciones, a los receptores mediante la limitación de medios y a los emisores mediante la persecución y el asedio. Sin embargo, presentan grandes diferencias entre las formas como estas restricciones tienen lugar por efecto de la dinámica de sus procesos; mientras Cuba experimenta el comienzo de una transición que probablemente la coloque como uno de los países de la región con mayores volúmenes de inversión en telecomunicaciones en los próximos años, en Venezuela ocurre totalmente lo contrario. Venezuela fue uno de los primeros países del mundo que alcanzó penetraciones de telefonía celular sobre el 80%, antes que el mismo Estados Unidos, también fue pionera en la implantación de conexiones de banda ancha, pero su penetración ha crecido solo tímidamente en los últimos cuatro años. Adicionalmente, la calidad de las conexiones en promedio de capacidad ha quedado muy por detrás de la media de América Latina. En Cuba la penetración de telefonía celular no llega aún al 10%, pero en Venezuela, donde el promedio de reposición de equipos terminales solía ser de dos años, ahora un smartphone cuesta alrededor de un año de salario mínimo. 

Las diferencias fundamentales entre los gobiernos de estos países para cercenar el derecho de sus ciudadanos a beneficiarse de las innovaciones radica solo en una cuestión de forma, mientras Cuba ha prohibido taxativamente la participación de sus ciudadanos de medios tecnológicos, Venezuela lo está haciendo mediante restricciones indirectas pero no menos efectivas. En un régimen se bloquea por defecto todo el contenido extranjero, en el otro se ejecutan bloqueos selectivos. Mientras en un país se encarcelan personas acusándolas de espionaje por el solo hecho de vender celulares, en el otro se le inventan crímenes a los editores de portales de noticas para disminuirlos.

Al trabajo que hacen organizaciones como Freedom House monitoreando la evolución del uso de la tecnología para el control social se debería sumar una vigilancia acompañada de denuncia por parte de organismos multilaterales como la UIT (Unión Internacional de las Telecomunicaciones) y la UNESCO. Así mismo, la ONU, la OEA y otras organizaciones garantes de los derechos humanos deberían crear capítulos de vigilancia y garantía del acceso de los pueblos a las tecnologías innovadoras como eje transversal del desarrollo y la libertad 

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