sábado 21  de  febrero 2026
NUEVOS CONCEPTOS

El dinero digital está reinventando la economía

El dinero es una forma tan vieja de obtener cosas que casi nadie se molesta en entender que es la representación abstracta de un esfuerzo o un valor, sea éste una tierra. Los avances tecnológicos le han dado al dinero ahora una dimensión más complicada

ALBERTO SCHARFFENORTH*
@digitalaldea

Larga ha sido la trayectoria evolutiva del dinero, pero nunca tan vertiginosa cómo en los últimos cien años. Desde el advenimiento de la era tecnológica, se desarrollaron muchas formas de suplantar de forma intangible a las monedas billetes, notas y cheques. Hoy tenemos las tarjetas de crédito y operaciones bancarias por internet como parte cotidiana de la vida económica.  Nadie cuestiona la validez de estos instrumentos en representación del patrimonio transable que se tiene. (incluyendo la capacidad de endeudarse que es tema para otro artículo).

Pero como la era tecnológica ha dado paso a la sociedad de la información, con el cambio de paradigmas que ello representa para la civilización, en un aspecto transversal como la capacidad de obtener y pagar, también los mecanismos transaccionales viven un parto. Una batalla que se da de forma silenciosa pero cruenta entre quienes detentan la potestad de administrar las transacciones -los bancos, los gobiernos y los organismos multilaterales- y los nuevos operadores, casi todos, organizaciones tecnológicas.

Tecnología y Dinero

Las TIC (comunicación y computación) han hecho posible que los mecanismos de transar se descentralicen y se hagan mucho más independientes de los agentes de intermediación. Esto es, que si en la antigüedad nadie necesitaba de un tercero para cambiar un cordero por diez quintales de trigo o una hija por 59 corderos, ahora tampoco se precisaría del banco para hacerse llegar un par de zapatos desde el otro lado del mundo. Basta por ejemplo con internet, PayPal y UPS. 

Los actores principales del comercio comienzan a ser otros. Aquellos que participan directamente en estas nuevas formas de transar -los operadores de comunicación, los agentes de entrega, quien compra y quien vende- se preguntan porque dejar en manos de un intermediario que no agrega valor visible a la transacción hasta 10% del valor, como en el caso de algún facilitador de remesas.

De pronto nuevos nombres comienzan a poblar el léxico de quienes requieren hacer pagos. El ubicuo PayPal, Bitcoin o Venmo que algunos jóvenes usan ya cómo verbo para describir una forma de mover dinero.

Monedas digitales y medios de pago

Entender cómo es que un pedazo de papel verde puede comprar 100 veces más cosas que otro pedazo de papel verde por el simple hecho de cambiar la cara de quien aparece en él podría ser absolutamente absurdo si no fuera porque todo el mundo acuerda tácitamente que es así como funciona y todos somos acostumbrados a ello desde que tenemos uso de razón. Pero si ello se hace incomprensible, imaginemos una moneda que ni siquiera tiene representación en pieza física alguna. De estas existen más de 600 registradas y representan un valor conjunto superior a los 4,5 billones de dólares. Bitcoin es la más conocida y popular y representa 3 cuartas partes de ese valor. Casi todas estas monedas comparten dos características fundamentales, la primera, que en teoría existe una cantidad finita o limitada de ellas y su disponibilidad se va determinando por la generación de éstas mediante “minas” virtuales de las que agentes autorizados van “extrayendo” las remesas para que comiencen a circular. La otra característica es que estas monedas no tienen respaldo en ningún tipo de valor físico como el oro, aunque también es cierto que hay mucho más dinero clásico circulando en el mundo que reservas o activos que lo respalden.

Por otro lado, los medios de pago electrónicos transan monedas comunes o digitales pero sin requerir si quiera un cheque, una tarjeta de débito o de crédito. De estos el más popular es Paypal que ocupa mas de 80% de las transacciones de esta naturaleza. Para dar una idea de su crecimiento, este medio de pago contaba con 170 millones usuarios en el mundo para junio de 2015, es la misma cantidad que el total de usuarios de tarjetas de crédito en Los Estado Unidos.

El muro regulatorio

A favor de los sospechosos habituales aun juega el hecho de que el gran público aun no entiende bien estos nuevos conceptos de moneda y por ende no confía suficientemente en ellos. Igual ocurrió al principio de la historia de las compras por Internet. Pero hoy en día en Europa y Norteamérica hasta 20% de todo el comercio es online y en algunos rubros es más el 50%.

El gran reto de estas nuevas monedas digitales radica en dos elementos capitales. Por un lado, lograr que sus usuarios las perciban como representativas del valor por el que son transadas. Se supone que quienes harán uso de ellas deberán adquirir un inventario a cambio de alguna moneda o valor perteneciente al status quo. Hasta ahora las gestiones de adquisición de Bitcoin y otras corrientes se parecen más a operaciones especulativas que de ahorro y el Departamento del Tesoro no reconoce su valor en tanto que moneda transable sino como un activo.

Por otro lado, es necesario invitar a la fiesta a quienes detentan poder de veto al proceso de masificación de la digitalización del dinero, principalmente los reguladores estatales y bancos centrales.

Será un proceso largo en el que muy probablemente el protagonismo se vaya moviendo de Wall Street a Silicon Valley, y el dinero de la cartera al smartphone. Pero también dos cosas son seguras, el modelo monetario y transaccional de 2025 verá al que tenemos hoy en día como algo arcaico, pero para entonces aún el oro y la plata seguirán reinando. 

*Alberto Scharffenorth es experto en Mercadeo Tecnológico, empresario de telecomunicaciones y Creador de la Fundación Aldea Digital

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