MIAMI.- En la medida que el Gobierno de Juan Manuel Santos avanza en el proceso de paz con las FARC en La Habana, Cuba, todo el mundo en Colombia ve cómo el país es rendido ante los violentos. Los índices de inseguridad en el país crecen cada día, y lo que se construyó durante los ocho años anteriores a Santos, hoy se empieza a desboronarse por un proceso que sólo ha traído impunidad, más violencia e inseguridad.
Muchos colombianos que creen ciegamente en el proceso de paz me podrán llamar uribista; lo cual no soy, o inclusive de la extrema derecha, pero lo único cierto es que mi opinión representa la de muchos colombianos que ven cómo jugadores como Faustino Asprilla se ven afectados por la inseguridad ante un Estado débil que es incapaz de someter a los violentos.
Sumado al hecho que una gloria de nuestro fútbol se vea extorsionado en su propio país, vemos cómo la supuesta ley de víctimas y restitución de tierras de Juan Manuel Santos ha sido un fracaso generando más violencia y víctimas. Esto debido a que muchas personas que han reclamado sus tierras han sido amenazadas o inclusive asesinadas simplemente porque se buscó una ley para favorecer las condiciones de las FARC para sentarse en la mesa sin pensar que no se podía secar el piso cuando aún estaba lloviendo.
Esto deja en claro que no se puede buscar resarcir unos daños generados por la violencia cuando ni siquiera la guerra se ha acabado, y las FARC, culpables de centenares de muertes, desaparecidos, secuestros y expropiaciones están en un proceso de paz que sólo busca sanear sus delitos y bienes sin que paguen un solo día de cárcel. ¿Acaso esa es la Paz que todos queremos? No lo creo.
El secuestro y liberación del general Álzate también es algo que aún genera dudas, eso sumado al hecho que el general fue despedido dejando la sensación de que el culpable del secuestro fue el uniformado y no las FARC.
Tal vez fue llamado a calificar servicios para evitar que diera explicaciones ante el Congreso del porqué estaba en ese municipio sin escolta y mucho menos sin informar de lo que iba a hacer. La verdad nunca la sabremos, pero lo único cierto es que su secuestro pareció el escenario perfecto para que Juan Manuel Santos buscara un pretexto para justificar más prebendas a la guerrilla en la mesa de negociación. ¿Habrá cese bilateral al fuego? ¿Hasta qué punto llegará la ambición de Juan Manuel Santos de conseguir la Paz al costo que sea?
Estos interrogantes tendrán respuestas en el corto y mediano plazo, y lo que se puede vislumbrar es que vendrán más acuerdos que nadie en Colombia estará dispuesto a legitimar en una mesa de votación.
Colombia va por un camino de la impunidad, legitimación del terrorismo, legalización de la droga a todo nivel y una inseguridad en las calles que ya se ha vuelto normal para muchos en el país, y cuando se le pregunta alguien por la condición de seguridad en las calles, ya hay gente que tiene el colmo de decir que es normal y que no se puede dar oportunidad para que los ladrones lo ataquen a uno. Entonces este tipo de reacciones en la gente sólo deja la sensación de que ya la gente volvió a acostumbrarse a ser atracada, secuestrada y violentada debido a que ven que el Gobierno legitima criminales al costo que sea, y no se preocupa por resolver problemas de fondo en seguridad que tiene el país.
Finalmente, Santos ahora ha dicho que legalizar el narcotráfico y convertirlo en delito político es una alternativa para avanzar hacia la paz y muchos colombianos podrán pensar en las ironías de la vida; Pablo Escobar y Los Rodríguez fueron perseguidos por narcotráfico, el primero muerto y los segundos en una cárcel; ¿entonces ellos también serían delincuentes políticos, señor Presidente? ¿o el régimen de Impunidad sólo le aplica a las FARC? Definitivamente estamos ante una paz mentirosa y ojalá no nos lleve a la rendición del Estado colombiano ante la guerrilla de las FARC.
El autor es director y fundador de Latribunacolus y United Languages Mediagroup.