MIAMI.- En las grandes tragedias siempre surgen héroes, voluntarios, cuya labor humaniza el desenlace del tipo de hechos como el sucedido con el accidente del avión en el que se trasladaban los jugadores del Club Chapecoense.

El Chapeconse, modesto club de la ciudad brasileña de Chapecó, en el sureño estado de Santa Catarina, se dirigía a Medellín para jugar este miércoles con el Atlético Nacional el partido de ida de la final de la Copa Sudamericana, el avión en el que viajaban se estrelló a pocos kilómetros de Medellín, falleciendo 75 de los 81 ocupantes.

El diario El Tiempo de Bogotá recogió, en el lugar de la tragedia, los testimonios de los primeros voluntarios, quienes luego de leer en redes sociales que buscaban voluntarios con camionetas para acudir al lugar del trágico suceso, acudieron al llamado.

“Sin dudarlo, Santiago Campuzano y cinco amigos más se dirigieron en una camioneta Mazda y, desde el casco urbano de La Unión, fueron de los primeros en llegar al lugar de la tragedia”, dice El Tiempo

“Solo sabíamos que se había estrellado un avión con 81 personas. Nos imaginamos lo peor”, confiesa Campuzano al diario bogotano.

“Cuando llegamos sacaron el primer herido y fuimos nosotros quienes lo transportamos de bajada. Era Alan Ruschel, jugador del equipo de fútbol brasilero Chapecoense. ‘Mi familia… mis amigos… ¿dónde están?’, balbuceaba en voz baja”, según cuenta Campuzano.

Mientras el voluntario sorteaba la difícil carretera, un paramédico hacía lo propio para mantener estable al futbolista que seguía preguntando por los suyos. “Tiene una fractura de cadera, hay que llevarlo a un centro médico con urgencia”, dice que le contó el médico.

“Una vez dejaron a Alan en el punto de encuentro, a un kilómetro del estadero Don Quijote, no hubo tiempo para más. Solo desearle suerte y volver a sumirse en la oscuridad a buscar más heridos”.

Un bombero conmovido

“He sido bombero por 16 años y créame que es mucho lo que he visto y vivenciado en este oficio. Pero esto es lo peor que he visto en mi vida”, confiesa Wilfer (otro voluntario) al diario bogotano, mientras se limpia un pedazo de hierba de la tez blanca y deja llenar sus ojos de lágrimas que no caen.

Junto con el cuerpo de bomberos del Oriente, fue uno de los primeros en llegar a la zona. Solo recuerda la oscuridad que se ceñía sobre ellos en los más de 40 minutos de trayecto en auto y la media hora que tuvieron que caminar para llegar al sitio de la tragedia.

“Usted no sabe la magnitud de lo que era eso. Ver ese avión destruido y los cuerpos tirados… tantos cuerpos tirados”, rememora Wilfer mientras se entrelaza los dedos, como si quisiera calmarse.

A diferencia del voluntario, él sí tenía la esperanza de hallar a alguien con vida, pero solo halló muerte. “Cada cuerpo al que me acercaba, cada cuerpo que revisaba estaba sin vida”, dice.

Fue una contradicción para él, pues le habían dicho que había muchos sobrevivientes. Al final, tras las labores de búsqueda toda la noche solo hallaron seis con vida, pero ninguno lo encontró él, indica El Tiempo.

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