POR JORGE A. GARCÍA
Escritor y poeta

Desde el 13 de julio de 1994 les prometí a mis muertos que nunca más volvería a separarme de ellos. Desde entonces hasta acá, 23 años han volado en bandadas por los techos del mundo. Y ellos continúan ahí esperando por una reivindicación, y yo sigo aquí haciendo de cada aniversario una cita de recordación para que el tiempo no borre la efeméride de la memoria; para que los nuevos Joel nacidos conozcan de cerca el hundimiento del remolcador 13 de Marzo, un crimen horrendo perpetrado por el régimen de los Castro, durante la madrugada del 13 de julio de 1994.

En este brutal suceso, tres navíos bajo las órdenes del Gobierno, a fuerza de chorros de agua y bandazos, hunden la embarcación donde viajaba un elevado número de personas con el único propósito de encontrar caminos de libertad. El balance de víctimas es alto, más notorio aun cuando se trata de niños y mujeres inocentes: 37 cubanos ahogados, entre las edades de cinco meses de nacido y 52 años. La actuación despiadada de estas bestias con ropaje castrense, los lleva a disparar chorros de agua a presión sobre los cuerpos de los niños que piden clemencia y viajan abrazados a sus madres desde la cubierta del barco.

Embed

Espanto

Como si esto fuera poco y para seguir saciando su gula de espantos, ponen oídos sordos a las súplicas, arremeten sus moles de hierro contra la indefensa embarcación y la hunden.

No conformes todavía implementan nuevos abusos con sus máquinas de muerte. Ahora comienzan a dar giros para crear un torbellino que se trague a las pocas personas vivas que quedan sueltas en la superficie del mar, muchas de las cuales, sin saber nadar, buscan desesperadamente algo donde aferrarse para no perecer ahogados.

A pesar de la barbarie los verdugos se retiran de la escena sin brindar socorro a nadie. Unos segundos bastan para que la crueldad prepare el “tiro de gracia” y vista sus nuevos atuendos de “buenagente” con la llegada de las lanchas patrulleras Griffin artilladas y repletas de gendarmes a bordo. Entonces, rescatan a los que, por la gracia de Dios logran sobrevivir, y en vez de darle atención, le aplican grilletes a sus manos y los conducen como prisioneros hasta Jaimanitas adonde son confinados en lúgubres mazmorras.

Atrás y en total abandono permanecen los muertos a la suerte de los depredadores del mar. Nunca nos entregaron sus cadáveres para darles cristiana sepultura, nunca permitieron funerales simbólicos o alguna manifestación de tributo. El miedo a que la verdad salga a la luz, los lleva a encarcelar durante meses a los hombres sobrevivientes e implementar un fuerte acoso contra los familiares de las víctimas.

Crimen impune

Se me pone la carne de gallina cada vez que pienso que cuatro lustros y pico después, los mismos asesinos siguen en su propia madriguera aguardando por nuevas víctimas. Por eso pido a las Naciones Unidas, a la Organización de Estados Americanos, a los Tribunales Internacionales y a las organizaciones de Derechos Humanos en el mundo un favor póstumo a nombre de los muertos en el hundimiento del remolcador 13 de Marzo, para que estas instituciones impidan que se repitan hechos semejantes en cualquier parte del mundo.

En tanto un crimen impune de lesa humanidad sigue merodeando frente a mis narices. La única forma de enfrentarlo, a mi alcance, es la denuncia. Si bien prosigo haciéndolo cada aniversario, este quehacer cobra algunas desavenencias entre mis amigos y una parte de la familia. Los que me conocen saben muy bien que no busco protagonismo personal ni creo erigirme en pedestal de las víctimas. Sin querer serlo, porque estas amargas citas afectan sobremanera mi plano emocional, trasmuto en vocero de mis muerto, una especie de papagayo que cuando asoma su faz provoca temblequeos en esos mismos que dedican una parte de su tiempo en hacerme llamadas de amenazas para que yo abandone mis lides.

Jorge Garcia
Jorge García mira la fotografía de su nieto asesinado.
Jorge García mira la fotografía de su nieto asesinado.

A esos cardúmenes que visten de verde olivo y hacen de mis muertos un nuevo plancton en el menú del fondo de la bahía. A esos que no cesan sus amenazas y no les basta haberme dejado huérfano de familia y ahora tratan en vano de apagar mi vida, les digo:

“Mi derecho al dolor es tan soberano y susceptible como las palmas que adornan mi campiña y nadie puede impedir que prosigan brotando lágrimas desde la cobija de mis ojos.”

Conmemoración

Finalmente, agradezco el altruismo de un matrimonio amigo para hacer realidad el lanzamiento de la 3ra edición de mi libro El hundimiento del remolcador 13 de Marzo, dentro del marco de las actividades por el 23 aniversario, en la sede del Directorio Democrático Cubano, 730 NW 107 Avenue, Suite 117, Miami, el jueves 13 de julio, a las 11 am.

Asimismo, el mismo día, a las 7 pm, se realizará un acto solemne en el Malecón del Santuario Nacional Ermita de la Caridad, 3609 South Miami Ave., en el que se depositarán flores en el mar. Acto seguido, se oficiará una misa católica a los pies de la Virgen, en el templo casa de los exiliados cubanos y todas las nacionalidades.

Aparecen en esta nota:

 

Deja tu comentario