POR ALBERTO TAVARES
@atavares011

Devastador es el calificativo que ilustra los efectos del huracán Irma tras haber impactado zonas de Cayo Largo, Tavernier e Islamorada, en el sur de la Florida que fueron literalmente barridas por el meteoro.

Son lugares en los que habitualmente turistas y nacionales siempre han tenido en cuenta para el disfrute y descansar de la rutina diaria.

En nuestra cobertura, pudimos ver comunidades de casas móviles hechas pedazos, con sus cocinas y baños a pies de distancia, en las afueras de las propiedades, como si fueran proyectiles lanzados.

El ansiado retorno de los residentes de Los Cayos a sus casas, después de evacuar para salvar sus vidas, se convirtió en una amarga pesadilla imborrable para muchos, que no podían asimilar lo que sus ojos veían.

En Seabreeze, Cayo Largo, donde hasta ayer existió un complejo de casas móviles frente al océano Atlántico, vi a un hombre, con las manos puestas en la cabeza, que estaba junto a su esposa e hija, y con voz entrecortada decía: “ No puede ser, no puede ser, mi sueño construido para mi familia se fue. Esto es horrible. Para alentarlo y sacarlo del sufrimiento, le comenté….Estamos vivos, es lo importante. La hija me respondió: así es, todo lo perdido es material. Veremos cómo salimos de esto”.

En el popular sitio de Calusa en Cayo Largo, a un joven, un árbol le desbarató su hogar móvil donde pasaba los fines de semana. Una rama penetró por la ventana de la sala. El agua con arena inundó la habitación de sus hijos. Consternado me contó que sus vecinos fueron los culpables de que el gigantesco árbol destruyera su casita al lado de las aguas de la bahía. “Todos aquí se lo dijimos varias veces, que podara el árbol o lo cortara completo”.

Pero, no escuchó, lo dejó y el huracán Irma se lo llevó hacia nuestro lado.

Otra experiencia amarga dejada por Irma, fue antes de entrar a Los Cayos, en el llamado estrecho de las 20 millas, donde el resort Gilbert quedó en ruinas por la fuerza del mar. Estaba inundado y bien destruido. Era un lugar que tenía un tiki bar donde se podía escuchar música en vivo, muy frecuentado por los residentes y visitantes de otros sitios. Era un escape maravilloso frente al sonido de las olas, con una pequeña playita privada. Espero que pueda ser reconstruido. Ojalá, así sea.

El monstruo arrastró embarcaciones, y las hundió. Volaron los Jet Sky y aparecieron en plena US 1. Barcos para viajes de recreo, que fueron anclados para protegerlos del paso del huracán, perdieron la batalla en el enfrentamiento contra Irma.

En este momento, Los Cayos de la Florida están llenos de miles de agentes del orden y de rescatistas, entre la Guardia Nacional, la policía de Monroe, los bomberos, la policía del estado de Florida y de oficiales que cuidan y preservan la vida silvestre.

Numerosos ingenieros han sido llamados a inspeccionar los puentes y las vías terrestres, así mismo hay personal médico y de mantenimiento.

Seguimos en los Cayos y aún no hemos visto la peor parte, en los Cayos más al sur, Marathon y Cayo Hueso, por mencionar a los más grandes y conocidos.

Allí, el huracán fue criminal por la cercanía que tuvieron con el paso del ojo por Cayo Cudjoe. ¿Cuántas vidas humanas se perdieron?, de seguro serán reportadas en próximos días.

Embed

Tres días antes de llegar Irma, estuvimos en Cayo Hueso. La mayoría de sus residentes evacuaron, pero otros prefirieron no hacerlo y esa es la gran preocupación que tengo. ¿Qué habrá pasado con ellos? ¿Qué habrá pasado con el Capitan Barry?, un estadounidense, entrado en años, que se quedó para esperar a Irma. Me dijo que su barco era seguro, que había soportado huracanes de categoría 3, y que él prefería pasarla dentro de su camarote bien equipado, junto a su esposa.

Allí el capitán Barry era ayudado por un joven puertorriqueño, de apellido Pizarro, residente de Stock Island, que nos atendió. El sí evacuó. Cuando llegue a Cayo Hueso iré a saber del capitán Barry, que Dios lo haya protegido, para volver a estrechar su mano y conversar con él.

Regresaré a Cayo Hueso para indagar sobre las embarcaciones de un grupo de pescadores cubanos, que evacuaron, pero que dejaron sobre el mar, ancladas y amarradas, su fuente de trabajo. En esos barcos, ellos se dedican a la pesca de langosta y rabirrubia para suministrar a los restaurantes de Los Cayos. Un golpe económico muy serio, en plena temporada de la langosta.

Por el momento, la gasolina aquí casi no existe, la electricidad falta en la mayoría de los hogares y las comunicaciones telefónicas y por internet tienen problemas.

La recuperación de los Cayos llevará mucho tiempo. No será cuestión de días o de meses. Habrá que llevar sobre los hombros esta etapa y tener mucha paciencia para volver a disfrutar el placer de visitar ese lugar especial.

FUENTE: Especial

Aparecen en esta nota:

 

Deja tu comentario