MIAMI.- Luego de tres días de festejos, tras la muerte de Fidel Castro, Miami parece volver a la normalidad, sobre todo en torno a las mesas de dominó, donde se desarrollan algunas de las conversaciones más emblemáticas del exilio cubano.

“Creo que hemos celebrado como nunca antes”, manifestó Mario, mientras ‘le daba agua a las fichas”, como se conoce a la acción de revolver las pequeñas piezas del popular juego para continuar jugando.

Luego reflexionó: “Yo no le llamaría celebrar. No me gusta que digan que celebramos la muerte. Celebramos la partida de esa bestia que hizo mucho daño, de la misma manera que otros pueblos han celebrado la ida de sus opresores”.

De hecho, Mario invitó a tres hábiles jugadores para continuar en casa el festejo a su manera. Tres viejos amigos, verdaderos campeones, sobre todo en sus respectivas familias, capaces de darle una gran batalla al mejor postor de la barriada, a sólo un par de cuadras de la muy celebrada Calle 8.

“Hoy sí vamos a jugar de lo lindo. Hay motivos para estar contentos”, comentó Santiago, a lo que José contestó con una larga reflexión: “¿Recuerdas cuando llegamos a Miami? ¿Quién iba a decir que tendríamos que esperar tantos años para verlo ir? La vida ha sido muy buena con él”.

Mientras tanto, las fichas continuaban marcando el ritmo del juego con un seco ‘plaf’ que despertaba a cualquiera y anunciaba el cierre de una jugada espectacular.

“¿Y ahora qué?”, interrumpió Santiago, sin darse cuenta que daba paso a una complicada conversación, infinidad de veces abordada y otras tantas veces sin ofrecer una respuesta.

Y recalcó: “¿Y a hora qué va a pasar?”, mientras colocaba un ‘doblecinco’ en uno de los dos extremos de la línea del juego.

Mario miró fijamente a José y no contestó. Prefirió bajar la vista y mirar las fichas que sujetaba sobre la mesa: una fila de siete pequeñas piezas blancas, marcadas por puntos negros que indican los valores a seguir.

“Ya el Fifo no está y a Raúl no le tienen el mismo miedo. Ahora sí se acaba el castrismo en Cuba”, voceó Santiago con fuerza, como si gritara a un vecino al otro lado de la calle.

“Ahora viene el efecto dominó. Todos van a caer, uno tras otro. No va a quedar uno. Y el que no se caiga se irá a ver dónde lo reciben”, resaltó

“Nadie sabe lo que va a pasar”, respondió Manolo. “Siempre decimos lo que va a pasar. O creemos saber lo que va a pasar. Y al final siempre salimos mal”, acentuó.

Mario, José y Santiago se miraron fijamente ... “Yo paso”, dijo uno. “Y yo también”, dijo el otro. Nadie tenía ficha para responder al ‘doblenueve’ de Manolo.

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