ALBERTO TAVARES
@tvares011

CAYO HUESO.- La principal fuente de empleo para muchos de los residentes de Los Cayos desapareció tras el paso del huracán Irma que con fuerza cinco embistió esa zona del sur de la Florida.

El efecto del meteoro que se ensañó con uno de los sitios más emblemáticos del Estado dejó un panorama desolador.

En una marina en Stock Island, en Cayo Hueso, los pescadores, muchos de ellos hispanos, se convirtieron en víctimas de la fuerza desmedida de la naturaleza y perdieron los medios con los que se ganaban la vida. Las embarcaciones donde laboraban quedaron hundidas bajo el mar, ahora tendrán que ver cómo se las arreglan para sostener a sus familias.

La destrucción de las embarcaciones y avíos de pesca representa, según comentó Eugenio Maure, uno de los pescadores de la zona, una pérdida mensual de 20.000 a 25.000 dólares mensuales. Incluso, asegura que las pérdidas para quienes tenían sus embarcaciones propias ascenderían hasta 200.000 dólares. Muchos de ellos se dedicaban a la captura de langostas en trampas de madera y a la pesca de rabirrubias.

Maure es un hombre de mar desde que tenía 17 años en su natal Nuevitas en la central provincia cubana de Camagüey. Nos contó que el golpe de Irma les ha afectado además porque la zona permanece sin electricidad y entonces no tienen donde congelar el pescado y apenas combustible para mover los barcos que salieron ilesos del temporal. Además por el momento, les está prohibida la navegación.

El barco de Maure quedó firme, pero él vio como los botes de sus amigos quedaron sumergidos, golpeados y con los techos destrozados.

El caso de Juan Antonio Camejo es bien lamentable. El potente viento de Irma partió la soga de su bote y lo estrelló contra el muro. La reparación de la embarcación tendrá un costo de entre 30.000 a 40.000 dólares.

Camejo perdió casi todas sus propiedades porque estaban dentro de la nave. En medio del huracán, arriesgó su vida y se trasladó hasta el bote en un pequeño kayak para intentar recuperarlas.

Oriundo del municipio de San Juan y Martínez, en la occidental provincia cubana de Pinar del Río, Camejo se las verá muy difícil ahora, teniendo en cuenta que lleva solo 9 meses en Estados Unidos. Nos dijo que en Cuba enfrentó huracanes, pero ninguno de la magnitud de Irma.

Son muchos los botes de pesca que quedaron hundidos en el mar en los alrededores de Cayo Hueso. Algunos piensan que muchos de quienes optaron por esperar el paso del huracán en el interior de los camarotes de sus embarcaciones, pueden haber perdido la vida. El servicio de Guardacostas todavía el jueves 14 de septiembre realizaba labores de búsqueda en los alrededores de las embarcaciones sumergidas en el mar.

Un grupo de diez jóvenes pescadores de langosta se pueden considerar afortunados.

Decidieron refugiarse en el camarote de la embarcación de unos 60 pies de eslora y sobrevivieron.

Uno de ellos Michael Jamo, nos dijo que sentían la fuerza del viento sostenido y pensaban que el bote se iba a zafar. Sintieron temor de morir. “Era muy impactante el sonido de todo lo que sucedía afuera, la oscuridad, hablábamos entre nosotros para tranquilizarnos, no sabíamos si contaríamos la historia, después del huracán más imponente que hemos enfrentado”, apuntó Jamo.

Asegura que tomaron la decisión de no evacuar por temor a perder la embarcación. “No queríamos perder el barco, es nuestro trabajo, nuestra casa, aquí lo tenemos todo”, dijo.

En este grupo de sobrevivientes, una joven mujer durante la conversación solo nos miraba y acentuaba con la cabeza todo lo que decía su amigo Jamo. De vez en cuando reía, se veía nerviosa. Puso su vida en juego, pero logró sobreponerse.

Otras zonas abatidas con toda la furia en Cayo Hueso por el huracán fueron la famosa y céntrica calle Duval y los hoteles y alrededores donde está el punto que marca las 90 millas a Cuba. En esa zona, tras el paso de Irma, muchos perdieron sus negocios.

Por el momento, la popular arteria no será la misma donde miles de turistas y residentes de la zona acudían a diario a escuchar música y donde los restaurantes y bares situaban la alegría en lo más alto. La alegría que muchos confían que volverá poco a poco.

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