Un artículo de opinión de Emilio Morales para DIARIO DE CUBA, analiza los distintos escenarios y propone un debate sobre la verdadera causa de la decisión del régimen castrista de suspender las transacciones en dólares estadounidenses. Bajo el sugerente título "Secuestro al dólar en Cuba: ¿estrategia de presión o acto de suicidio?" queda expuesto el desgobierno y presenta un panorama desolador para la vida en la isla, atascada en un paupérrima crisis económica.

A continuación reproducimos el texto íntegro publicado en DIARIO DE CUBA:

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La vida de los cubanos se puso más difícil desde el jueves 10 de junio, cuando el Banco Central de Cuba (BCC) anunció que a partir del próximo día 21 no se aceptarán más depósitos de dólares norteamericanos en efectivo en los bancos del país. Comenzaba así un nuevo chantaje y atropello a los cubanos, independientemente de sus lugares de residencia. Una vez más, el régimen ha acudido a lo que bien sabe hacer: la extorsión y la estafa.

¿Por qué ocurre esto? Muy sencillo, el régimen no tiene un centavo en sus arcas, los bancos están secos de divisas. El sistema de economía medieval implantado hace 62 años es incapaz de generar riquezas. Se trata de un sistema parásito, moldeado para sobrevivir gracias a la subvención de una metrópolis (URSS) o del saqueo a un país sometido (Venezuela).

Al no tener ya esas vías —Rusia no presta dinero y Venezuela está en bancarrota—, el país se ha quedado sin un soporte financiero que lo sustente. Lo único que queda a mano es exprimir al exilio a través de las remesas, y seguir explotando a los médicos esclavos que envía al exterior.

Objetivos de la medida

La medida persigue varios objetivos. El más importante y urgente: satisfacer la obligación de pago con el Club de París para no caer en un default, lo cual significaría el entierro de la economía cubana.

El Club de París dio un ultimátum para que Cuba pague, y si no lo cumple, las consecuencias serán terribles: ninguna organización internacional, banco privado o inversionista va a dar una línea de crédito a la Isla. Cuba se convertiría automáticamente en un paria de los mercados financieros internacionales, si no lo es ya. Por tanto, sería casi imposible conseguir créditos, y si se hace, estos vendrían con unas tasas de interés altísimas. Los acreedores podrían embargar los activos que Cuba tenga en el exterior, o perseguir transacciones financieras para congelarlas y saldar las deudas. En el plano judicial, un país en default queda expuesto a eventuales represalias de países en los que residen los acreedores, lo cual pudiera derivar en embargos comerciales, ordenes de confiscación de activos, etc.

Por otra parte, el default sienta un precedente muy negativo como destino de inversión. La imagen de mal pagador cortaría toda oportunidad de atraer capital y haría incrementar aún más la calificación negativa, de país de alto riesgo para invertir.

Al no tener capital, el Gobierno ha acudido a implementar esta medida que estrangula a la población y al exilio: a ambos los toma de rehén para tratar de cubrir su falta con los deudores. El régimen se comporta como un secuestrador que intenta cobrar un rescate. El pueblo hambriento y secuestrado tiene que ir ahora corriendo a los bancos a depositar sus ahorros en dólares para poder comprar en tiendas que a su vez son propiedad de los secuestradores, y pagar sobreprecios de hasta un 240% en relación con el precio internacional de dichos productos. El exilio es, pues, quien una vez más va al rescate que evite la asfixia de sus familiares y seres queridos.

Otro de los objetivos del Gobierno es convertir su mecanismo de esclavitud feudal a esclavitud digital. ¿Cómo? Obligando al exilio a enviar los dólares a través de transferencias bancarias, pues esto será menos costoso que tener que comprar euros para después enviarlos y tener que depositarlos en efectivo en las cuentas en dólares en la Isla, donde se aplicaría un gravamen por el cambio de moneda a como el Gobierno cubano estime que sea la tasa de cambio.

Al final, los que envían y los que reciben estarían pagando un doble costo de canje de moneda, lo cual encarece la transacción, haciéndola mucho menos rentable para quien finalmente recibe un dinero que, a fin de cuentas, no será en dólares, euros o ni ninguna otra divisa, sino en los devaluados pesos cubanos que no sirven en ninguna parte del mundo.

Un tercer objetivo que persigue la medida es burlar las sanciones impuestas por los departamentos de Estado y del Tesoro de EEUU a las empresas que controlan el negocio de las remesas al país, en manos de los militares cubanos.

Con esto, los militares tratan de no perder su brazo financiero y, al mismo tiempo, de mantener viva su capacidad para lavar ese capital y convertirlo en activos, como hacen con la construcción de hoteles en un momento donde la ocupación hotelera no llega al 14%.

Otro de los objetivos es tratar de tener alguna capacidad de liquidez para poder pagar al cash los productos que se venden en las tiendas en MLC, puesto que ya no consiguen créditos ni cartas de crédito, ni siquiera a 720 días.

Ya ningún proveedor otorga créditos al Gobierno cubano, solo le sirven la mercancía si paga al cash. Es por ello que las ventas de los agricultores norteamericanos han crecido en los primeros cinco meses del año, pues EEUU es el mercado al que van a encontrar los productos mas baratos, aunque después se quejen del embargo. Todo lo contrario ha ocurrido con los suministradores chinos, quienes han reducido el envío de productos a Cuba en un 75% en los últimos cuatro años, por falta de pago. Los empresarios chinos no quieren saber nada de comerciar con Cuba, pues para ellos se trata de una actividad de altísimo riesgo financiero.

El mito de las bóvedas llenas de dólares

Lo peor de esta historia es la manipulación de las autoridades cubanas de decir que tienen las bóvedas llenas de dólares y que no pueden depositarlos físicamente en un banco en el exterior ni hacer transacciones en dicha moneda. Tal afirmación no tiene sustento y es una pena que algunos economistas cubanos la repitan como verídica.

En primer lugar, hace 18 meses que Cuba casi no recibe turistas ni remesas en efectivo. Por tanto, la probabilidad de asimilar cash en dólares por parte de los bancos ha sido prácticamente nula. A esto hay que agregar que los pocos turistas que llegan la Isla lo hacen con todo pagado desde sus respectivos países y además viajan con sus tarjetas de créditos. Prácticamente no usan cash en Cuba.

A esto hay que agregar que en el mercado negro el dólar fue subiendo su valor frente al peso cubano en la medida que se profundizó la crisis y la escasez de productos. Un proceso que se aceleró aún más después de que se implementara la llamada Tarea Ordenamiento, llegando estar el cambio en el mercado informal a 1 USD =70 CUP, mientras que las casas de cambio del Gobierno (CADECAS) y los bancos lo cambiaban a 1 x 25.

Es fácilmente comprensible que con esta diferencia cambiaria existente entre el mercado informal y el oficial, la posibilidad de recaudar dólares por parte del Gobierno era prácticamente nula.

El Gobierno solo es capaz de captar los dólares que la gente tiene debajo del colchón y que necesita depositar en las cuentas MLC para poder comprar con las tarjetas magnéticas los productos de primera necesidad que ya no se encuentran en el resto de cadenas minoristas.

Entonces ¿qué persona en su sano juicio va a creer que las bóvedas de los bancos están llenas de dólares cuando en el mercado no se han dado las condiciones para recogerlos? ¿Cómo es posible pretender aceptar la idea de que los bancos internacionales no aceptan dólares en efectivo de los bancos cubanos debido a las sanciones que mantienen a Cuba en la lista de países que apoyan al terrorismo? Si esto fuera cierto, desde el instante de la sanción el Gobierno cubano no habría aceptado dólares norteamericanos en efectivo ni transacciones electrónicas en esa moneda, las cuales siguen estimulando desde las páginas de Facebook de sus empresas sancionadas FINCIMEX S.A y AIS S.A para captar las remesas desde EEUU.

Esta medida se produjo, sencillamente, por el ultimátum del Club de París y el riesgo de default. Los acreedores se han cansado de tirarle la toalla al régimen cubano, sobre todo cuando este ha estado invirtiendo miles de millones de dólares en hoteles, inyectando capital a una industria que estaba en pleno declive hace cuatro años, y que está prácticamente muerta desde marzo de 2020.

FUENTE: DIARIO DE CUBA

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