En memoria de mi suegro y amigo Rafael Eduardo Morales Reboredo, conocedor profundo de la historia de la Cuba criolla, cubano de pura cepa

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Los hechos:

En carta dirigida a su esposa “Manana”, una de las matriarcas de la nación cubana, con fecha del 2 de abril de 1899, el generalísimo Máximo Gómez describía la situación del pueblo cubano:

“…un pueblo entero hambriento, desnudo y enfermo…” (Enciclopedia de Cuba, Documento 1, pág. 636)

Al final de nuestra última Guerra de Independencia, Cuba había perdido 227, 155 habitantes. (Salazar y Nodarse-León, pág. 7). Se había arruinado el 30% de la tierra cultivable. Sólo 200 centrales eran rescatables de los 1.100 que habían existido al comienzo de la guerra. Escasamente uno de cada seis caballos y una de cada ocho cabezas de ganado había sobrevivido la conflagración. Muchos pueblos del interior habían sido sencillamente barridos y su población obligada a emigrar a las ciudades. Estas son solamente algunas de las estadísticas que muestran la devastación sufrida por la Isla a final del siglo XIX. (Cuba: From Economic Take Off to Collapse under Castro: Salazar y Nodarse-León, pág. 7).

En 1959, sólo 60 años después, Cuba estaba entre los países con mayor ingreso per cápita en la América Latina, es más, estaba entre el 30% de los países del mundo donde más ingresos tenía el ciudadano promedio. En 1956, era el décimo tercer país del mundo con mejor distribución de dinero en la población. El peso cubano era también uno de las más estables del mundo, al ser la República de Cuba el décimo tercer país del mundo con mayores reservas de oro.

Para orgullo de toda la nación cubana, hubo momentos en los años 50 en que el peso cubano llegó a valer más que el dólar. (Salazar y Nodarse-León, pág. 25) Al final de los años 50, sólo 7 monedas en el mundo no habían sufrido una devaluación. El peso cubano entre ellas. (Salazar y Nodarse-León, pág. 30). Cuba estaba por encima de Francia, Portugal, Italia, y España en términos del valor de comercio exterior que atraía per cápita. (Ibíd., pág. 30) El Banco Nacional de Cuba nunca permitió que la inflación aumentará más del 3.1% anual. Un logro contundente para cualquier economía, que muestra la visión y el rigor administrativo de los criollos.

Algunos indicadores sociales: Cuba era el quinto país del mundo, detrás solo del Reino Unido, los Estados Unidos, Canadá y Suecia, con mayor porcentaje de su Producto Interno Bruto pagado a sus trabajadores. (Ibid, pág. 39) Cuba era el segundo país del mundo con mayor poder adquisitivo de la clase trabajadora (Ibid, pag.44), y era el décimo sexto país del mundo con mayor consumo de calorías por dia, tercero en la América Latina. (Ibid, pág. 45), era el segundo país de América Latina con mayor número de carros por habitante (Ibid, pág. 46). Era el octavo país del mundo con mayor porcentaje del presupuesto nacional dedicado a la educación, y era el primer país latinoamericano con mayor inversión de fondos públicos en la educación. (Ibid, pág. 64-65). Era el segundo país del mundo con mayor cantidad de estudiantes de Enseñanza Superior. Era el décimo quinto país del mundo con mayor tasa de alfabetización, y el cuarto en la América Latina. (pág. 68). No en balde, la edición del 19 de agosto de 1957 de la revista Time hablaba sobre “la prosperidad sin aparente fin de Cuba”.

Podría seguir listando estadísticas impresionantes que muestran el crecimiento espectacular de Cuba y como mejoró cualitativa y cuantitativamente su nivel de vida en menos de 60 años. Los datos, tanto reales como alegóricos, muestran que el crecimiento de la república fue espectacular e incluyente. Hay un dato adicional que quiero presentar.

Es el que más me interesa para efectos de este trabajo: Durante su historia, el Congreso de la República de Cuba consistentemente mantuvo presupuestos nacionales balanceados. Es más, entre 1940 y 1958, la República había acumulado un superávit de $54 millones en su presupuesto nacional. (Salazar y Nodarse-León, pág. 29-30). Es este dato de por sí, el que debe obligar al análisis a todo ser pensante, y el que debiera, por sí solo, echar por tierra la leyenda negra de Cuba republicana y su clase política criolla.

Nuestra propuesta:

Primero,

Con sus altas y bajas, el crecimiento esplendoroso de Cuba en sus 60 años de historia republicana no fue una excepción, sino el resultado constante de “la misteriosa capacidad creativa de los criollos cubanos”. Un dato que apunta hacia esto: para 1827, La Habana era más grande, proveía más servicios y tenía más comercio que todas las ciudades de Estados Unidos, salvo la ciudad de Nueva York. Ese crecimiento se logró a pesar de la opresión y el abandono español, es decir, por el talento y el tesón de los criollos cubanos. ( Historia del Caribe, Frank Moya Pons, pags. 115, 117, 177)

La mejoría en la vida del pueblo cubano experimentada en el paso de colonia a república, legitima y reivindica la decisión independentista de nuestros próceres criollos, quienes pacientemente tal y como estipulan los principios de la guerra justa, agotaron todas las vías no violentas, antes de dar inicio a las guerras de independencia. Al igual que los colonos norteamericanos en los que se inspiraban y cuya revolución y no la francesa, fue la que intentaron emular.

Ese misma productividad esplendorosa y constante la vemos hoy reflejada en las comunidades cubanas en el exilio, sin el generoso aporte de las cuales, nuestro pueblo cautivo en la Isla apenas pudiera subsistir.

Segundo,

Los criollos cubanos mostraron una fuerte conciencia nacional: primero al vislumbrar claramente los intereses nacionales y el camino para el crecimiento del país, segundo, procurando vías de concertación civilista a pesar de las madrugadas autoritarias del país, y en tercer lugar, estableciendo sobre estas premisas, una república invisible en el exilio.

A pesar de estar fuera del territorio nacional, esta república invisible ha logrado mantener su historia y cultura y señalar las bases morales correctas para la liberación y la reconstrucción de la nación. Este futuro de esperanza se ha mantenido latente precisamente por la obra colosal de preservar una identidad republicana exiliada, que contra viento y marea ha mantenido la experiencia de verdad que fue el éxito de la república criolla. Es esto, y no ideología o diseño dialéctico alguno, el que constituye la principal

refutación histórica a la mentira del comunismo. Por todos los medios dentro y fuera de Cuba la izquierda ha intentado borrar y confundir sobre esta realidad. Sin embargo, los logros reales de esta etapa en la historia de la Isla siguen relumbrando.

¿Cómo fue posible que un país devastado haya llegado a tener esos logros?

Porque contrario a la leyenda negra del comunismo, los poderes fundamentales de la república si funcionaron.

Los Congresos de la República pasaron una serie de leyes que facilitaron el crecimiento del país e hicieron este crecimiento cada vez más incluyente. Lograron perfeccionamiento sostenido y gradual diversificación de la economía sin endeudamiento catastrófico del país, lo cual muestra patriotismo y suma seriedad.

Pusieron la República primero

El profesor Jorge Domínguez, en su obra “Cuba: Order and Revolution” (1979), historiador al cual no se le puede acusar de ser opositor al castrismo, reconoció la rigurosa institucionalidad y continuidad en la legislación cubana, la presencia constante en los gabinetes y en el Congreso, a pesar de los cambios en el ejecutivo, de estadistas experimentados, y el hecho de que los partidos políticos cubanos mantuvieron unidad de ideas y propuestas más allá de diferencias de clases, geográficas o económicas. Esto fue la base del milagro cubano entre 1902 y 1958.

Esta clase política, sobre la cual escribiera el gran escritor cubano Gastón Baquero “…se gritó con exceso los defectos, y con exceso mayor se ignoró las virtudes…” (“Rafael Díaz Balart: Pensamiento y Acción”, Francisco Lorié Bertot, pág. 7), se esforzó, aun en períodos de dictadura y división nacional, de funcionar como polea de transmisión que intentaba civilizar y conciliar el país. Algunos pocos ejemplos de sus logros fueron la Ley del Diferencial Azucarero, la Ley del Jornal Mínimo, la Constituyente de 1940, y el Diálogo Cívico de 1956.

Esta misma clase política, de diversos partidos y tendencias, luchó en aquellos últimos años, por buscar una solución civilista en Cuba que evitara el derrumbamiento de la República. Entre estas honrosas iniciativas estuvieron: la celebración de una nueva asamblea constituyente (https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1958-60v06/d154), la creación de un “cuarto frente político” en búsqueda de una salida electoral (https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1958-60v06/d12), y los valientes y titánicos esfuerzos de Tony Varona por lograr un pronunciamiento militar que garantizara el tránsito a la democracia y le negara el poder absoluto a Castro (http://www.autentico.org/oa09240.php).

Una vez instaurada en el poder la anti-república, los patricios cubanos de todos los partidos se entregaron con singular propósito a la gesta por liberar a la patria. En el clandestinaje, en las arenas de Girón, en las montañas y en las costas, o en la Guerra por los caminos del mundo, estos tribunos arriesgaron y perdieron hijos, y dedicaron sus vidas y sus recursos para mantener contra viento y marea, frente al comunismo internacional y a la zigzagueante política americana, el sueño de una Cuba Libre. Fueron la polea de unidad de un pueblo desterrado.

¿Qué lograron?

Tres de los más significantes: La unidad de propósito del exilio cubano que se transmitió de una generación a otra en el destierro. Defender mediante una constante producción intelectual la identidad de este destierro pese a los esfuerzos por diluirla. Volcar la unidad del exilio cubano en insertarse en la política americana con la libertad de Cuba como prioridad moral.

Fueron esos patricios la columna vertebral del gobierno civil cubano que sería proclamado en la playa liberada de Girón, gesta de unidad nacional donde, por ejemplo, cayó luchando un Carlos Guas Decal, joven congresista e hijo de Rafael Guas Inclán, ex vice presidente de la república y uno de los más talentosos y honestos políticos, y posiblemente uno de los mejores oradores, que dio la República.

Corriendo los mismos riesgos y en igual combate por la libertad, un Carlos Varona, hijo de otro de los más talentosos, honestos y valientes políticos que tuvo Cuba: Manuel Antonio de Varona y un José Miró Torra, hijo del inolvidable jurista y presidente del Consejo Revolucionario Democrático, José Miró Cardona. Herido junto a ellos Humberto Cortina, nieto del genial José Manuel Cortina, brillante abogado, parlamentario y orador, constituyentista de 1940. Puedo dar muchos ejemplos más pero me quedaría corto siempre.

Fueron estos patricios cubanos, bajo la visión conceptual de otro gran repúblico, José Antonio Rubio Padilla, y el liderazgo del ex presidente Carlos Prío Socarras y el ex congresista Rafael Díaz-Balart, que junto a otro gran grupo de estadistas, intentaron formar un gobierno cubano en el exilio para darle claro liderazgo a la lucha y romper con las manipulaciones del proceso cubano por los servicios de inteligencia de Estados Unidos.

Fueron estos patricios los que plantearon con valor y decisión propia, una lucha cubana: patricios como Santiago Álvarez padre, ex gobernador de Matanzas y fundador del Partido Unión Radical, hombre ya con más de 60 años, lanzando temerarias acciones comando contra objetivos comunistas en los mares y costas de nuestra Isla, hombro a hombro con su hijo, desafiando las fuerzas militares castro-soviéticas, y después la persecución del FBI.

Esa imagen inolvidable del Carlos Prío Socarras, junto al Dr. Andrés Rivero Agüero, y a el ex senador y líder ortodoxo Emilio Ochoa, ratificando en 1976, en el II Congreso Nacional de Alpha 66, tiempos de détente y coexistencia entre Estados Unidos y la Unión Soviética, momentos de gran persecución contra los luchadores cubanos por la libertad en el exilio, la tesis de la lucha irregular cubana de un Andrés Nazario Sargén.

Momento histórico posterior: aquel en que Carlos Prío de nuevo junto a Andrés Rivero Agüero y un joven Jorge Mas Canosa, inician “la batalla en Washington”, para que la voz del exilio comenzará a tener incidencia en la política americana hacia Cuba.

Viví aquel inolvidable abril de 1980, la unidad de los movimientos y organizaciones del exilio y de todas sus diferentes comunidades lograda en la fundación de la Junta Patriótica Cubana bajo el liderazgo de Tony Varona, con Andrés Rivero Agüero de nuevo presente para participar y apoyar la unidad representativa cubana donde quiera que se manifestara. Viví el abrazo dado por Rafael Díaz-Balart al comandante Húber Matos para unificar las vertientes del exilio y evitar la división entre cubanos libres.

Viví aquella histórica reunión en las oficinas de Alpha 66, donde en medio de gran controversia, un recién llegado Dr. Ricardo Bofill se presentó ante el exilio cubano para lograr la unidad del incipiente movimiento de derechos humanos dentro de la isla, con el destierro. Llegaron juntos el Dr. Andrés Rivero Agüero, el Dr. “Millo” Ochoa y el Dr. Rafael Díaz-Balart para expresar su apoyo, en aquella asamblea presidida por Andrés Nazario, en un local lleno de muchos que habrían sido adversarios en la guerra civil anterior.

Es más, vi a un Ernesto de la Fe, dirigente de ATOM y primer ministro de Comunicaciones del régimen nacido del golpe de estado del 10 de marzo, ya anciano y con años de prisión política sobre sus hombros, marchar bajo un aguacero incesante por la libertad del Dr. Orlando Bosch, quien habría sido el primer encargado del gobierno revolucionario de la Provincia de Las Villas en 1959.

Vi los fructíferos esfuerzos del Dr. Carlos Márquez Sterling, del Dr. Herminio Portell Vilá, del Dr. Enrique Ros y de la Dra. Inés Segura Bustamante, entre muchos otros, por preservar nuestra historia republicana. Vi la incesante actividad del Dr. Rolando Espinosa, la Dra. Moravia Capó y la Dra. Delia Díaz de Villar, por unir a los pedagogos cubanos y enseñarles a los niños del exilio la verdadera historia de Cuba. Vi la fecunda obra filosófica en el exilio del Dr. José Ignacio Rasco, del Dr. Humberto Piñera y de la Dra. Mercedes García Tudurí. Vi la incansable gesta de nuestro obispo Monseñor Agustín Román y del Reverendo Martín Añorga por unirnos como exilio en nuestra fe cristiana.

Pudiera citar muchos más ejemplos, pero no lo haré. No llegué a vivir la plenitud de mi república, pero las grandezas del espíritu cubano que he podido testimoniar son tesoro interior de mi alma. Joven cubano: estos viejos lucharon por nuestra libertad hasta la misma tumba. Había grandeza en ellos, y por eso tendrá que haber grandeza en nosotros.

En esta singular fecha contrastamos 60 años de totalitarismo con 60 años de comunismo. Encontramos en el análisis de nuestra triste realidad, que un país que hace 60 años se alimentaba a sí mismo y exportaba alimentos, hoy depende de las importaciones de alimentos principalmente de Estados Unidos, para alimentar a su población. Un país en el cual los trabajadores recibían el 64% del producto interno bruto, hoy recibe solo el 37%. Un país con una población próspera y creciente en 1959, es hoy el único país latinoamericano con una tasa de natalidad negativa, con más de dos millones de cubanos en diáspora por el mundo. Podría seguir listando calamidades, pero no lo voy a hacer, ya que no me provoca ningún placer la desgracia de mi patria.

He dejado muchos nombres fuera. Pero la verdad es que una y otra vez, los repúblicos cubanos pusieron sus diferencias personales e ideológicas a un lado para servir mejor a la patria, palabra de honda responsabilidad para ellos. Vivieron con humildad y abnegación en el exilio y su primera y última palabra siempre fue Cuba. Si todavía hoy en el horizonte se vislumbra como posibilidad una Cuba distinta, diferente, democrática, que les recuerda a los cubanos lo que pueden llegar a ser en libertad, ellos con su ejemplo, ayudaron a señalar el camino.

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