jueves 21  de  mayo 2026
UN SIGLO CUBANO

Diego Suárez, el decano del exilio histórico cubano, mantiene viva a sus casi 100 años la defensa de una Cuba libre

Empresario de la Cuba republicana, fundador de la Fundación Nacional Cubano Americana y una de las voces más respetadas del exilio cubano, Suárez repasa en un testimonio especial con DIARIO LAS AMÉRICAS el significado del 20 de Mayo, el sacrificio de abandonar la isla y su convicción de que la libertad está más cerca que nunca

Diario las Américas | CARLOS ARMANDO CABRERA
Por CARLOS ARMANDO CABRERA

MIAMI. - A punto de cumplir un siglo de vida, Diego Suárez no solo conserva intacta su memoria, sino también el recuerdo de la República, la emoción del exilio y la convicción de que Cuba volverá a ser libre. Su voz pausada, marcada por décadas de activismo, sacrificio y defensa de la causa cubana, mantiene la misma firmeza con la que abandonó la isla en 1961 convencido de que el régimen castrista representaba una ruptura definitiva con la nación que conoció antes de la Revolución de Fidel Castro.

Reconocido como el decano del exilio histórico cubano, Suárez no solo fue testigo de la Cuba republicana y de la llegada del castrismo al poder. También integró una generación que desde el exterior ha dedicado décadas a preservar la identidad democrática y las bases institucionales del país. Empresario, fundador de la Fundación Nacional Cubano Americana e impulsor de proyectos emblemáticos como Radio Martí y el Museo Americano de la Diáspora Cubana, el veterano exiliado asegura que, incluso acercándose a los 100 años, mantiene intacto su deber moral con la patria.

En entrevista exclusiva con DIARIO LAS AMÉRICAS, el legendario caballero evocó el significado del 20 de Mayo, recordó el dolor de abandonar su tierra natal y defendió la unidad de los cubanos dentro y fuera de la isla. A su vez, reflexionó sobre la libertad, el paso del tiempo y el deseo que todavía lo acompaña después de más de seis décadas: regresar a una Habana libre.

Diego Suares
Suárez no solo conserva intacta su memoria, sino también el recuerdo de una República libre.

Suárez no solo conserva intacta su memoria, sino también el recuerdo de una República libre.

Don Diego, acercándose a sus 100 años de vida, ¿qué significa para usted llegar a esta etapa manteniendo intacto su compromiso con la libertad de Cuba?

"Bueno, para mí es algo grandioso y tengo que darle gracias todos los días a Dios por la salud que me ha dado. Creo que es un privilegio poder llegar al centenario. Así que me siento extremadamente bendecido por Dios.

Es un deber moral de todos los cubanos. No importa la edad que tú tengas. Tú puedes ser muy joven o yo puedo ser muy viejo, pero tanto los jóvenes como los viejos tenemos la responsabilidad de luchar por la libertad de Cuba."

¿Qué recuerdos conserva del 20 de mayo en la Cuba republicana?

"La celebración del 20 de mayo más importante, desde luego, fue la del 20 de mayo de 1902. Yo no estaba, naturalmente, porque era muy temprano, pero dice la historia que cerca de un millón de cubanos, que era prácticamente la población de Cuba en aquella época, se conglomeraron en lo que le decían La Punta, allí en El Morro, donde termina el Paseo del Prado.

En todo el Malecón, cuenta la historia, miles y miles de cubanos vieron bajar la bandera norteamericana y subir la bandera nuestra, la de las cinco barras y una estrella.

Así que el pueblo cubano, desde el 20 de mayo de 1902 hasta 1958, estuvo celebrando el 20 de mayo como el nacimiento de la patria, que hoy yo llamo la patria eterna."

Para las nuevas generaciones, dentro y fuera de la isla, ¿qué simboliza realmente el 20 de mayo?

"La memoria de esta efeméride es que cuando se funda la República ocurre lo más importante para el país.

Nosotros tenemos que estar extremadamente agradecidos con los norteamericanos por cómo nos ayudaron en la Guerra de Independencia, en mil ochocientos noventa y ocho. Cuando vino la guerra hispanoamericana, todavía Cuba era libre.

Los norteamericanos entran después de la explosión del Maine, en la bahía de La Habana. Y eso fue lo que nos dio la gran ayuda, porque ya el Ejército Libertador, el de la tea incendiaria, como llamaba el Generalísimo Gómez, estaba enfrentando un país totalmente destruido.

Prácticamente ni habíamos ganado ni habíamos perdido; todavía estábamos luchando contra la Corona española. Al entrar los norteamericanos en la guerra hispanoamericana, prácticamente ganamos la guerra.

Los americanos ocuparon la isla y, en el acuerdo que hicieron con España, se quedaron con Cuba, Puerto Rico y las Islas Filipinas. Cuba fue ocupada por cuatro años y en mil novecientos dos reconstruyeron la isla.

Fue formidable porque nosotros tuvimos el privilegio de recibir una República ya reconstruida y establecida. La escuela pública, por ejemplo, durante la ocupación americana, llevó maestros a Estados Unidos para entrenarlos.

Teníamos ministerios, teníamos un país que se podía organizar tranquilamente. Lo que hicieron los americanos fue permitir que se organizaran los partidos políticos, que se hiciera una Constituyente y se aprobara la Constitución de mil novecientos uno, bajo la cual se funda la República en mil novecientos dos.

Eso es algo parecido a lo que vamos a tener que hacer ahora con la ayuda de los norteamericanos, porque estos sinvergüenzas secuestraron la República en mil novecientos cincuenta y ocho, cuando éramos uno de los tres países más desarrollados de América Latina, a pesar de que solamente teníamos cincuenta y seis años de República establecida.

Entonces, los tres países eran Argentina, Uruguay y Cuba. Pero Argentina y Uruguay eran países centenarios en libertad. Nosotros éramos un niño que estaba empezando a gatear, igual que un bebito en un país que solamente tenía cincuenta y seis años de establecido."

Con el paso de los años, ¿siente que se ha intentado desdibujar el significado histórico de esa fecha?

"La República representa la libertad, la democracia y la nación cubana. La patria eterna nació el 20 de mayo de 1902 y eso no lo puede borrar nadie."

Forma parte de la generación histórica del exilio cubano. ¿Cómo describe el sacrificio de quienes tuvieron que abandonar su país?

"Para mí lo más difícil fue dejar Cuba, sin lugar a dudas. Yo estaba establecido, tenía familia, comodidades y un negocio funcionando. Cuando salí, tuve que hacerlo obligatoriamente.

Tuve la tristeza de abandonar la patria. El quince de mayo de mil novecientos sesenta y uno, dos semanas después del fracaso de Bahía de Cochinos, tuve que salir de Cuba. Yo estaba absolutamente seguro de que la invasión triunfaba. Desgraciadamente, no triunfó y tuve que salir de Cuba.

Nunca creí en Fidel Castro. Yo estaba allá y lo escuché. Lo que ocurrió en Cuba fue una gran mentira colectiva. Se hablaba de restablecer la Constitución del 40, de elecciones generales y de reorganizar los partidos políticos, pero nunca cumplieron nada.

Todavía no me habían quitado el negocio. Yo tenía ciento veinte empleados y obreros trabajando en la planta. Desde muy joven estaba dedicado al diseño y fabricación de maquinaria para la agricultura y, sobre todo, para la industria de la caña de azúcar.

Tuve que dejarlo todo: la casa, el negocio, absolutamente todo, y venir al exilio con mi primera esposa, una gran dama, la madre de mis hijos.

Cuando salí de Cuba tenía treinta y tres años. Llegué a este país y tuve que empezar de nuevo. Tenía tres muchachos: uno de seis meses, otro de dos años y pico y otro de cuatro años y pico. Después tuve aquí hijos, nietos y bisnietos. No pude venir directamente a Estados Unidos, aunque tenía visa por cinco años para toda la familia, porque ya no había vuelos. Tuve que ir a Curazao. Un buen amigo norteamericano me consiguió una visa de tránsito y así llegué aquí. El veintidós de mayo de mil novecientos sesenta y uno llegué a este país con un sobre manila lacrado, como residente americano, junto con toda mi familia.

Tuvimos el privilegio y la desgracia de tener que salir de Cuba. Y tuvimos que criar nuestras familias más tiempo bajo el sol ajeno que bajo el sol cubano.

Los cubanos no dejamos de ser cubanos por salir de la patria. Nosotros trajimos la patria con nosotros. Tuvimos que salir por cuestiones de ideología, porque no compartíamos la ideología castrocomunista.

Y el cubano que salió ayer, el que salió la semana pasada o el que salió hace sesenta años, sigue siendo igual de cubano."

Después de tantas décadas de activismo y compromiso con la causa cubana, ¿qué ha sido lo más duro emocionalmente en este camino?

"Muchas veces trato de no pensar mucho en la patria porque, a medida que uno envejece, se pone más sensible.

Nunca ha habido unas Navidades en el exilio en que los cubanos no hayan llorado recordando la patria. Cuando llegan fechas importantes, como el 20 de mayo, o se celebra el nacimiento del Niño Jesús, lo primero que aflora son las lágrimas en los ojos del cubano desterrado."

¿Qué es lo primero que viene a su mente cuando piensa en nuestra tierra?

"La emoción de regresar. Lo primero que haría sería caminar por La Habana Vieja, por El Morro y por los lugares donde viví de joven.

También me gustaría regresar a mi escuela en Ceiba del Agua, donde estudié desde los once hasta los dieciocho años, aunque Fidel Castro la convirtió en un cuartel.

Decía que iba a convertir los cuarteles en escuelas, pero convirtió las escuelas en cuarteles.

Visitar Cuba libre sería un privilegio inmenso."

¿Considera que la diáspora ha logrado preservar la identidad republicana y democrática de la nación?

"Sin lugar a dudas. El exilio no solamente mantuvo viva la identidad en los que llegamos de Cuba, sino también en los hijos y nietos que nacieron aquí.

Nuestros padres y abuelos siempre nos hablaron de la Cuba eterna, de la Cuba republicana.

Todos, absolutamente todos, tenemos el mismo deber con Cuba, los de allá y los de aquí. Todos somos un solo pueblo. La patria no es de los de allá ni de los aquí. La patria es de todos."

A lo largo de casi un siglo de existencia, ¿qué figuras o momentos marcaron más profundamente su formación y su visión sobre la libertad de Cuba?

"Yo tuve muy buenos mentores. Tuve la desgracia de perder a mi padre cuando tenía once años, pero tuve muy buenos profesores y personas que me ayudaron muchísimo.

Puedo darle muchas gracias al ingeniero Carlos Nodar, que fue profesor mío en Ceiba del Agua y quien me ayudó muchísimo en mi formación.

Y también al escultor Boada, uno de los mejores escultores que dio Cuba. Él me llevó a la escuela de San Alejandro y me hablaba mucho del arte. Fuimos a Italia y a muchos lugares.

Estoy muy agradecido de todos aquellos que me ayudaron, tanto en Cuba como después en Estados Unidos. Inclusive, tuve muy buenos americanos que también nos ayudaron."

¿Cómo observa la realidad actual de la isla y el despertar político de muchos jóvenes desde adentro?

"Estoy absolutamente seguro de que estamos más cerca de la libertad. Ya hay fermentos de libertad dentro de Cuba y también en el exilio.

Las nuevas generaciones dentro de la isla están despertando políticamente y nosotros, los viejos, estamos ilusionados porque todavía estamos a tiempo de refundar la República.

La hora ha llegado.

Como dijo Máximo Gómez cuando comenzó la guerra del 95: 'Se rompió el corojo'.

Nunca batieron los vientos más cerca de la libertad que ahora."

¿Qué les diría hoy a quienes continúan enfrentando las consecuencias del castrismo, incluidos los presos políticos?

"A los presos políticos cubanos, a los que fueron presos y a los que todavía están presos, les envío mi admiración y mi felicitación por el sacrificio que hicieron enfrentando la tiranía castrocomunista.

Las cárceles cubanas son verdaderas mazmorras. Cualquiera podría rendirse, pero los presos políticos cubanos nunca se rindieron.

Muchos ofrecieron sus vidas, otros murieron dentro de prisión y muchos sufrieron torturas terribles.

Los cubanos dignos que formaron la Brigada 2506 fueron a desembarcar en Cuba el 17 de abril de 1961 en la única forma en que podíamos evitar que se le impusiera el yugo castrocomunista al pueblo esclavo de Cuba.

Desgraciadamente, ya sabemos todo lo que sucedió, pero nunca pensamos que íbamos a estar sesenta y siete años fuera de la patria.

Por eso convoco a todos los cubanos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, a seguir luchando hasta conquistar la libertad de nuestra patria."

Desde su experiencia, ¿piensa que Cuba está hoy más cerca de ser una nación libre que años atrás?

"Yo no creo, yo estoy absolutamente seguro de que estamos más cerca que nunca.

Y, por suerte, tenemos un aliado formidable en la Casa Blanca, porque el presidente Trump se ha comprometido personalmente con el exilio cubano y con el pueblo cubano a ayudar a conquistar la libertad y la democracia para Cuba."

¿Cuál considera que ha sido su mayor aporte personal a esa lucha?

"La constancia. Creo que la mayor contribución de cualquier cubano ha sido mantenerse firme.

Todavía creo que podemos cooperar con nuestra experiencia en la fundación de la nueva República."

Fue fundador de la Fundación Nacional Cubano Americana, una de las organizaciones más influyentes del exilio. ¿Qué representó aquel proyecto para la causa de la libertad de Cuba?

"Sí. Fundamos la Cuban American National Foundation en mil novecientos ochenta con el propósito de establecer comunicación con Cuba a través de aquella emisora tan importante que salió al aire el veinte de mayo de mil novecientos ochenta y cinco: Radio Martí.

Ese fue el primer gran proyecto impulsado por Jorge Mas Canosa, un enorme patriota, junto a nosotros, que fuimos cuatro los fundadores de la organización.

Lo que él quería era que la verdad pudiera llegar a Cuba, porque el régimen había cerrado todas las comunicaciones con el exterior.

Y ese proyecto fue uno de los más efectivos con los que comenzó la Fundación Nacional Cubano Americana en la lucha por la libertad de Cuba."

¿Qué lugar ocupa Miami en su vida?

"Miami es mi segunda patria, sin lugar a dudas. Hace muchísimos años que me hice norteamericano.

Aquí nació mi cuarto hijo, aquí crecieron mis hijos, mis nietos y mis bisnietos. Para mí, Miami es mi segunda patria dentro de los Estados Unidos.

Y a mí no me temblaría la mano para empuñar un fusil, aun con la edad que tengo, para defender a los Estados Unidos de América."

Con el paso del tiempo se ha convertido en una referencia para varias generaciones dentro de la comunidad cubana. ¿Cómo recibe ese reconocimiento?

"Bueno, para mí representa que soy un viejo cargado de años, je, je, pero claro que nunca abandoné la lucha por la patria. De eso sí puede estar absolutamente seguro."

Cuando se mire hacia atrás, ¿cómo quisiera usted ser recordado dentro de la historia del exilio cubano?

"No creo que un hombre que haya cumplido con su deber tenga que estar pensando cómo será recordado.

Yo solamente hice lo que consideré mi deber como cubano. Pero si alguien me recuerda, espero que sea con cariño y por haber permanecido siempre fiel a la causa de la libertad de Cuba.

Cuando me llegue la hora de partir, creo que lo haré muy tranquilo. Pero, como es natural, me gustaría vivir un poquito más para poder regresar a la patria."

¿Qué enseñanzas cree que su generación puede transmitir hoy a periodistas, activistas y líderes cubanos?

"Que todos tenemos responsabilidades patrias.

La patria no es pedestal, como decía Martí. La patria no es para enriquecerse ni para escalar posiciones. La patria es un altar sagrado que debe respetarse y defenderse siempre.

Los cubanos no dejamos de ser cubanos por salir de la patria. Nosotros trajimos la patria con nosotros."

Después de dedicar prácticamente toda una vida a esta causa, ¿ha valido la pena?

"Sí, porque no era solamente una obligación; era un deber moral."

Finalmente, Don Diego, ¿qué significado tiene para usted la palabra libertad?

"La libertad plena del hombre, como decía José Martí.

La libertad lo recoge todo: libertad religiosa, libertad de prensa, libertad profesional, libertad humana. El hombre nace en libertad. Pero la libertad hay que honrarla y defenderla todos los días."

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