Si tuviera que escoger una frase para definir a Cuba, diría que es el país del “no permitir”, pero no es de mi autoría, la tomo prestada de las palabras pronunciadas por el oficial del Ministerio del Interior, identificado como Ernesto, que interrogó durante casi dos horas en una estación de policía a la periodista independiente Mónica Baró, este viernes 17 de abril en La Habana.
Mónica, que escribe para varios portales alternativos en su país y ha sido ganadora de premios periodísticos por su quehacer, había sido avisada antes de que andaban tras sus pasos. La llamada de otro agente, identificado como Jorge, el pasado martes 14 le advirtió de que querían verla, que si no concurría podrían enviarle una citación oficial. El encuentro no se dio entonces, Mónica no asistió a la cita convocada por “Jorge” y como expertos acosadores, enviaron a un emisario a su casa, con una citación por escrito para que el trámite pareciera más formal.
A Mónica como a otros comunicadores que han elegido escribir lo que viven y padecen, desligados de las normas de los medios oficialistas, los gendarmes de la censura la han convertido en blanco de frecuentes ataques.
Al parecer, según “las pruebas” que le mostraron durante el interrogatorio, además de seguirla e intentar amedrentarla, los que andan a la caza de los librepensadores también la leen. Conocen el quehacer de su trabajo como periodista e investigadora pero además rastrean sus post en redes sociales y no es que lo imaginemos, demostraron que lo hacen porque el mayor Ernesto, al no lograr las respuestas que esperaba escuchar tras numerosas advertencias, le presentó a Mónica las pruebas de su “delito”.
Dos inspectores del Ministerio de Comunicaciones de Cuba, de esos que controlan el libre acceso a la internet y fijan tarifas en dólares por el uso de datos que los cubanos de la isla pagan con el dinero ganado por sus familiares en el exterior, le presentaron a Mónica la copias sacadas de muchos de sus post, tantos que pueden coleccionarlos en una carpeta.
Y en el caso de Mónica Baró, ¿qué probarían esos post? Según el decreto ley 370 del código penal cubano, específicamente en su inciso 38, Mónica transgrede la ley al “difundir a través de las redes de transmisión de datos, información contraria al interés social, la moral, las buenas costumbres y la integridad de las personas”.
En el decir de Mónica, según el post colocado en su perfil de Facebook donde reseña en extenso encuentro sostenido con el mayor Ernesto este viernes, la expectativa del oficial quedó frustrada y por lo tanto le advirtió que pronto se verían nuevamente, sin importar el peligro de la pandemia.
También la multaron; según la penalidad, por violar el decreto 370. Mónica no firmó la multa, tampoco planea pagarla, la multa se puede duplicar, triplicar y terminar en la apertura de un proceso judicial que haga llegar el caso a fiscalía.
Pero Mónica está preparada para todo. Mientras, aguarda en su casa consciente de que el mayor Ernesto, el portador del mensaje de “lo que no le van a permitir”, puede mandar a emprender acciones mucho más severas y aleccionadoras en su contra.
Pero su convicción es clara, “no voy a dejar de decir y escribir lo que pienso por recibir amenazas e intentos de intimidación. No me van a callar”, dejó escrito.
También está consciente de que este episodio no terminará aquí. Pero, seguiremos pendientes.
Iliana Lavastida
@IlianaLavastida