LA HABANA. - Hace poco más de un mes, cuando Agustín se puso la última dosis del [candidato vacunal] Abdala en un desvencijado consultorio del barrio de Jesús María, perteneciente al municipio Habana Vieja, su familia pensó que el COVID-19 estaba bajo control. Pero dos semanas después de inmunizado, dio positivo al coronavirus. Con 66 años, obeso, hipertenso y asmático, Agustín debió haber recibido un cuidado especial por parte de las autoridades sanitarias.

Cuando llegó al policlínico, donde decenas de personas tiradas en el piso esperaban para recibir oxígeno, el médico que lo atendió, luego de preguntarle si estaba vacunado, le recomendó estar diez días aislado en casa. “A los pacientes vacunados, lo más que les puede pasar es una infección leve o moderada. Una simple gripe que con cocimiento de jengibre y abundante liquido se elimina”, le comentó el joven doctor con tono optimista.

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Lo inevitable

Y sucedió lo inevitable. La esposa, los cuatro hijos y los nietos de Agustín se contagiaron. “Creía que no corríamos riesgos, pues excepto los muchachos, todos estábamos vacunados. Aunque algunos vecinos me decían que no me confiara, que muchas personas vacunadas estaban ingresadas graves o habían muerto. A los tres días mi esposa comenzó a tener fiebre alta, dolor por todo el cuerpo y falta de aire”. Una semana después, Agustín y su esposa fueron enviados a un centro de aislamiento al este de la capital. Los hijos y nietos, por falta de camas, se quedaron en casa.

“Nunca pasó un médico para chequearnos. Tampoco nos recetaron medicamentos. A las 24 horas de estar en el centro de aislamiento, mi padre me llama y me dice que aquello era un infierno. Los médicos pasaban una vez al día para atender a los pacientes. A los viejos el interferón les provocaba una mala reacción. Un alergista amigo mío me aconsejó que los sacáramos de ahí y tratáramos de ingresarlo en un hospital. Pero todos estaban full”, cuenta uno de los hijos de Agustín.

Una fortuna en medicamentos

Decidieron que los padres regresaran a su hogar. “Gastamos 20.000 pesos en comprar veinte dosis de Rocephin y 500 pesos en Paracetamol para mis hijos y nietos y 2.000 pesos en Azitromicina para mi esposa y yo. A ninguno de los adultos nos hicieron test de antígeno ni PCR. Solo a los niños”, señala Agustín.

Su caso no es la excepción de la regla. En La Habana, la provincia con mayor cantidad de médicos y centros asistenciales, el número de contagiados que nunca fue al hospital es elevado. Una funcionaria de Salud Pública reconoce que “muchas personas contagiadas con COVID-19 pasaron la enfermedad en sus casas y nunca les hicieron PCR. Esos pacientes no aparecen en las estadísticas”.

Cifras no confiables

Para Erasmo, médico intensivista, los recuentos del COVID de las autoridades sanitarias son engañosos. “En tres días se bajó de 9.000 casos, rayando los 10.000, a 6.000 y pico. Pero la realidad, según lo conversado con algunos colegas, es muy diferente. Los hospitales están colapsados o cerca de estarlo. Donde trabajo, en el Clínico Quirúrgico de Diez de Octubre, las salas están abarrotadas, con más de 300 casos. En cualquier cuadra de la isla te encuentras a familias que pasaron la pandemia en su casa y se automedicaron por su cuenta”.

El número de fallecidos por COVID en Cuba declarado por el régimen genera suspicacia. En medios oficialistas como Cubadebate, los internautas cuestionan la cifra de muertos que ofrece diariamente Francisco Durán, director de epidemiología. “Ayer en Mayarí (municipio de la oriental provincia de Holguín), conozco de seis fallecidos por COVID que no aparecen en las estadísticas del doctor Durán”, comentó una persona en Cubadebate

Los galenos que trabajan en provincias cómo Guantánamo, Santiago de Cuba, Holguín, Ciego de Ávila, Camagüey, Cienfuegos, Villa Clara, Matanzas y Pinar del Río, que en determinados momentos han sido epicentro de la pandemia, reconocen en privado que el número de fallecidos pudiera superar los 10.000. Hasta el 29 de agosto, la cifra oficial era de 5.144 decesos. Vía WhatsApp, un médico explica “que muchos de los fallecidos por COVID aparecen posteriormente como muertos por neumonía u otras enfermedades respiratorias. El número fallecidos es el doble del que reconocen las autoridades. Al igual que los contagiados”.

Desde Holguín, una doctora confiesa que “muchos pacientes fallecidos pudieron salvar sus vidas si el gobierno hubiera garantizado medicamentos y oxígeno en los hospitales. Yo vi morir a varias personas por falta de oxígeno”. Incluso en el relato oficial hay incongruencias. Los días 5, 6 y 8 de agosto las autoridades sanitarias certificaron que, en la provincia de Guantánamo, a más de 1.000 kilómetros al este de La Habana, el número de fallecidos nunca superó las 14 personas. Sin embargo, en la televisión local, el director de comunales, admitió que en esos tres día fallecieron entre 70 y 80 personas, cuando el promedio diario de fallecidos que se reportaban en la provincia era de unos 12.

Residentes en la provincia de Ciego de Ávila confirman que el número de fallecidos es muy superior al ofrecido por la prensa estatal. “Cuando se haga una investigación seria se ratificará. Solo en Morón, mientras el parte declaraba entre 10 y 15 fallecidos, el número real rondaba los 70”, afirma un sepulturero.

Las necrópolis en ciudades como Santa Clara, Guantánamo, Ciego de Ávila y otros municipios están siendo ampliadas para aumentar su capacidad. “En el mes de julio en Ciego de Ávila teníamos unas mil bolsas para sepultar a los fallecidos del COVID, y a mediado de mes se nos acabaron”, indica un funcionario de servicios comunales.

Vacunas que no inmunizan

vacuna cuba- abdala - mayo 2021 - AP
Eusebio Torres espera ser vacunado mientras una enfermera prepara la dosis de la vacuna cubana Abdala para el COVID-19 en el hospital Gustavo Aldereguia de Cienfuegos, Cuba, el domingo 30 de mayo de 2021.

Eusebio Torres espera ser vacunado mientras una enfermera prepara la dosis de la vacuna cubana Abdala para el COVID-19 en el hospital Gustavo Aldereguia de Cienfuegos, Cuba, el domingo 30 de mayo de 2021.

Otro tema que ha generado decepción entre los cubanos es la ineficacia de las vacunas Abdala y Soberana, ampliamente publicitadas por la prensa oficial. Lo que más le molesta a Camila, estudiante universitaria que perdió a su madre por el COVID, a pesar de estar supuestamente inmunizada, “es la falta de objetividad y humildad de los dirigentes y directivos científicos. No querían elaborar una vacuna capaz de enfrentar al coronavirus. Ellos querían alardear de producir una vacuna que estuviera entre las mejores del mundo. Eso no se lo voy a perdonar a las autoridades políticas y académicas. Nos mintieron. Dijeron que eran seguras al cien por ciento para impedir la muerte por COVID. Y fue mentira. Mi madre murió a pesar de haberse puesto las tres dosis”.

Aunque el MINSAP solo reconoce 119 fallecidos de COVID inmunizados por las vacunas, un médico aclara que “esa cifra se refiere a las personas que al fallecer tenían las tres dosis. Pero el número de vacunados con una o dos dosis que han muerto probablemente sea muy superior. Las autoridades sanitarias pusieron el listón muy alto. Ni siquiera las mejores vacunas, Pfizer o Moderna, te protegen al cien por ciento contra la muerte”.

La exagerada propaganda de las vacunas y otros medicamentos supuestamente efectivos contra el coronavirus provocó una falsa percepción de seguridad entre la mayoría de la población. Arturo, abogado, opina que, si a “Trump le costó la reelección, el manejo de la pandemia y Bolsonaro ha recibido muchísimas críticas por su incapacidad para gestionarla, el desempeño de Díaz-Canel también queda entredicho. ¿Cómo es posible que un hospital algunos pacientes mueran por déficit de medicamentos y oxígeno? Nunca las autoridades encontraron solución a las colas y aglomeraciones para comprar comida. Díaz-Canel promovió los enfrentamientos entre cubanos y las marchas reivindicatorias a pesar de la pandemia. Pero la peor negligencia es utilizar como conejillos de India a millones de personas inyectándole una vacuna que no ha demostrado ser suficientemente eficaz para combatir el COVID, que aún no aprobada por la Organización Mundial de la Salud". (Las vacunas contra el COVID-19 aprobadas por la OMS son Pfizer-BioNTech, Moderna, Johnson & Johnson, Sinopharm y las dos versiones de AstraZeneca en colaboración con Oxford y el Instituto Serum de la India),

El régimen conocía de la poca efectividad de las vacunas cubanas para enfrentar la variante Delta y Delta plus. Desde mediados del mes de julio, en Ciego de Ávila, de manera discreta, se comenzó a inmunizar en varios municipios con la vacuna china Sinopharm, reconocida por la OMS. Y a partir del domingo 29 de agosto las autoridades sanitarias comenzaron la vacunación masiva en Cienfuegos con la inyección fabricada en China. Las críticas entre los cubanos de a pie no se han hecho esperar.

La prensa estatal nunca reportó cuándo ni qué cantidad de vacunas chinas iban a llegar a Cuba ni a quiénes iban destinadas. Un médico, molesto, dice “es una irresponsabilidad tremenda lo que están haciendo las autoridades sanitarias. El problema no es la vacuna Sinopharm, probablemente muy superior a la cubana, de la que siempre tuve mis dudas. El asunto es que ni siquiera la ha certificado el CECMED (Centro Estatal para el Control de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos), que es la institución que autoriza el uso de medicamentos en Cuba. En otro país, el ministro y los funcionarios de salud pública que autorizaron una inmunización masiva de candidatos vacunales no aprobados por la OMS y que no ha demostrado la eficacia anunciada, habrían renunciado”.

Camila, que perdió a su madre por la pandemia, se pregunta "por qué el Gobierno cubano, al igual que otros países subdesarrollados, no quiso formar parte de mecanismos globales como COVAX que entregaban vacunas. Si no quiso recibir vacunas del COVAX, entonces por qué no les compraron vacunas a China o Rusia. Tampoco entiendo por qué no aceptan las vacunas que Biden dijo que donaría ni por qué, ante la alarmante situación epidemiológica, que tenemos tampoco han autorizado los diez vuelos semanales aprobados por Estados Unidos". Los gobernantes difícilmente respondan a las inquietudes de Camila y otros ciudadanos. Viven en otra dimensión.

Iván García
Especial
@DesdeLaHabana

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