Qué habrá hecho Pelayo, director del periódico Granma hasta ayer, para molestar a los fanáticos del régimen cubano. "Nada", dice al unísono su equipo de directivos, redactores y periodistas. "Mejorar el periódico", aseguran.

El Partido Comunista de Cuba (PCC) destituyó al director del periódico Granma, un periodista "prestigioso" ante los ojos del propio régimen, sin un motivo concreto, sin un solo argumento y sin explicaciones. El Partido Comunista hace purgas cada cierto tiempo. El cronómetro por el que se rigen para tomar el laxante de turno es el de la conveniencia del más alto líder.

Esta vez le ha tocado a un periodista cuando ya estaba en la cúspide de su carrera, según las reducidas posibilidades ejercer como periodista de prensa escrita en la Cuba totalitaria de los 19 periódicos, uno por provincia más el municipio especial Isla de la Juventud y tres nacionales.

Pelayo Terry Cuervo fue director durante cuatro años del periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba.

La nota con que el Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba anunció la designación de Pelayo Terry como director de Granma tampoco era de bombo y platillo, pero explicaba que "acumula una trayectoria ascendente como periodista, corresponsal de guerra en Etiopía y ha ocupado diferentes cargos directivos en órganos de la prensa escrita". Antes de eso Pelayo dirigió el periódico Juventud Rebelde durante cuatro años.

La trayectoria profesional y periodística de Pelayo Terry no la conoce bien casi ningún cargo amamantado burocráticamente por el sistema político, pero sí los encargados de alimentar los expedientes de miles de trabajadores de los medios de comunicación. Ahí "congelan" los denominados "trapos sucios" hasta el día que al máximo líder lo considere una amenaza o un estorbo.

Las víctimas de las purgas del sistema caen en un saco roto guiadas por decisiones arbitrarias. Ese saco roto abulta desde los tiempos en que el ya desaparecido Fidel Castro lanzó su dedo al aire y dijo "con la revolución todo y sin la revolución nada". Ejercer la libertad de prensa en Cuba es un imposible.

Tampoco es posible dirigir un medio de prensa y conservar los mismos amigos y colegas de toda la vida. Los dictadores suelen ver fantasmas por todas partes, bien lo describe García Márquez en El Otoño del Patriarca.

Muchas almas y mucho talento periodístico han sido desperdiciados con estas depuraciones que asemejan a la caza de brujas ejercida por los inquisidores del régimen. No son siquiera la "policía del pensamiento", al estilo George Orwell, sino un ente homólogo y amorfo regido por largas y absurdas listas de censura.

Ese ente está conformado por un grupo de bribones uniformados de guayaberas y jeans que simulan ser comunistas mientras beben ron del bueno en sus despachos acristalados coordinando sus próximas vacaciones.

Tenebroso es el régimen que hace poco dijo que quería "renovar la prensa en Cuba", con la destitución de Pelayo comienza todo, porque lo que se propone es castigar sin razón al más fuerte, para que el resto del ejército de informadores entre por el aro sin rezongar.

Hace cinco días el primer vicepresidente cubano Miguel Díaz-Canel reunió a directivos de medios de prensa cubanos para exigir, con sus recién estrenadas maneras sicilianas, una mejor gestión económica y editorial. Allí estuvo Pelayo haciendo anotaciones sin imaginar que inaugurará la depuración catártica anunciada entre líneas en la cita.

Quién es Pelayo Terri

Pelayo Terry ingresó a la carrera de Periodismo de la Universidad de La Habana en septiembre de 1983, de donde egresó en 1988.

Perteneció al grupo de estudios que meses antes de su graduación participó en una reunión con el dictador Fidel Castro. La mayoría de los integrantes de aquel colectivo, tras egresar de las aulas, fueron desterrados de sus provincias de residencias a otros sitios del país, como escarmiento por haberlo retado con ideas que en su totalidad resultaban transgresoras de la oficialidad y el discurso dominante.

Aunque la nota publicada en el periódico Granma que informa de la destitución de Pelayo Terri únicamente se limita a decir que fue por “errores cometidos”, de forma extraoficial, algunas personas cercanas a él han filtrado que su “actitud permisiva” con informaciones no aprobadas por el aparato ideológico de la dictadura fue la causa del despido. Las mismas fuentes afirman que también influyó en la decisión el hecho de que no apoyó algunas purgas del oficialismo.

FUENTE: REDACCIÓN

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