Desde hace varios años el Metro de Caracas se ha convertido en lo que los venezolanos llaman coloquialmente “un infierno”. El sistema de transporte, que durante las dos últimas décadas del siglo pasado era motivo de orgullo para los habitantes de esta dinámica ciudad, pasó de ser un ejemplo de eficiencia y civismo, a otro, totalmente opuesto, de desidia, abandono e incluso, colapso social. Las escenas y situaciones vividas a diario por sus usuarios así lo relatan.

Lo ocurrido con el Metro es reflejo fiel de la crisis que vive Venezuela, el país con las reservas de petróleo más grandes del mundo, pero con una economía hecha añicos gracias a las políticas del chavismo, un modelo económico implantado en el país por el fallecido comandante Hugo Chávez a partir de 1999 y que fue continuado por su sucesor Nicolás Maduro desde 2013, cuando tomó el poder tras la muerte del primero.

Al caos cotidiano del subterráneo caraqueño, caracterizado por fallas innumerables en el sistema, falta de mantenimiento, suciedad, delincuencia, entre otros, se suma que es un medio de transporte gratis, aunque esto no tiene una connotación positiva. El viaje en el Metro de Caracas no se paga porque el Estado no tiene cómo importar los boletos que deben usar los usuarios para pasar por los torniquetes que dan acceso al sistema.

La escasez de efectivo hace también inmanejable el cobro de los 4 bolívares (la moneda venezolana) que cuesta el ticket. Vale destacar que esta es un cifra irrisoria si se toma en cuenta que en Venezuela, donde rige un control de cambio, la oferta de la divisa estadounidense es escasa y en el mercado negro un dólar equivale a unos 3,5 millones de bolívares.

Esta tarifa se ha mantenido sin aumentos desde hace muchos años.

El transporte superficial también enfrenta una crisis severa por la falta de mantenimiento de las unidades. Los transportistas han tenido que parar sus autobuses porque no tienen dinero para mantenerlos o porque los repuestos no se encuentran.

Estos factores han hecho que el Metro sea la opción de transporte que les queda a los caraqueños. Se calcula que unas 2 millones de personas lo usan diariamente a pesar de las continuas fallas, mal servicio e inseguridad.

"La compañía no ha vuelto a comprar los rollos de boletos, porque no tiene recursos ni para eso, y tampoco ha querido actualizar la tarifa a un monto más justo y eso se refleja en el gran deterioro que tiene el sistema", dijo Alberto Vivas, miembro de la Asociación Civil Familia Metro, que agrupa a extrabajadores de la empresa, reseña la nota "Caracas, el Metro que funciona gratis porque no hay cómo cobrarlo" de la periodista Florantonia Singer, publicado por el diario español El País.

Otro de los problemas que afecta al subterráneo es el ausentismo laboral. Muchos trabajadores se han ido del país. Es normal ver estaciones en las que no hay personal operativo. Los trenes y estaciones carecen de aire acondicionado y el sucio y los malos olores están a la orden del día, porque no hay personal de limpieza.

El presidente del sindicato de la empresa Edinson Alvarado reconoció recientemente que la disponibilidad de una flota nueva está afectada en un 30% y lo atribuye a la supuesta “guerra económica” que el Gobierno de Nicolás Maduro menciona como la causante de la imposibilidad de adquirir bienes en el extranjero.

En algunas líneas del Metro de Caracas la falta de trenes operativos puede llegar al 50%.

Familia Metro ha denunciado que 13 trenes nuevos están parados por averías y son usados para sacar piezas de repuestos para los trenes que sirven en la línea 1. Esos trenes fueron comprados como parte de un contrato de modernización firmado en 2008 por 1850 millones de dólares con la empresa española Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF). Actualmente, el contrato es objeto de investigación por presuntos pagos de sobornos a funcionarios y ocultamiento de fondos en la banca de Andorra.

La modernización nunca se completó. La flota de 48 trenes llegó a Venezuela, pero nunca se terminó la adecuación del sistema y su transición de la tecnología francesa, que fue la original del Metro de Caracas, a la española.

Ricardo Sansone, de Familia Metro, comenta que el pilotaje automático nunca se puso en funcionamiento. “Lo único que hicieron fue modificar el límite de velocidad hasta un máximo de 80 kilómetros por hora, pero bajo la responsabilidad total del conductor", advierte.

El contrato también contemplaba subestaciones eléctricas, renovación de 42 kilómetros de vías (21 en cada sentido) y el mejoramiento de las instalaciones de las estaciones. Nada se ha ejecutado a la fecha.

FUENTE: REDACCIÓN

Aparecen en esta nota:

 

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

¿Cree que el reconteo de votos en Florida despejará las dudas sobre el ganador en el senado y la gobernación?

Las Más Leídas