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@DesdeLaHabana

La Habana. Digámosle Daniel. Un beisbolista que recién cumplió 16 años, puede jugar varias posiciones al campo y es capaz de lanzar rectas de humo a 93 millas por horas. Oriundo de un barrio marginal ubicado en el sur de La Habana, el joven está considerado como uno de los grandes talentos del béisbol cubano. Con sus seis pies y tres pulgadas, Daniel puede poner a viajar la pelota a más de 460 pies del plato.

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Corre de home a primera en tres segundos y treinta centésimas. Roba bases y es bueno a la defensa, tanto en el cuadro interior como en los jardines. Es un bateador especial a las dos manos. Y los fans se frotan los ojos cuando encima del box combina con acierto sus rectas cortadas, cambios de bola y curvas de barril. Es un jugador con cinco herramientas. Su padre, que jugó béisbol organizado, sabe que tiene un diamante en sus manos. Pero si quieren salir de la pobreza y ganar dinero debe mirar a otros horizontes.

Daniel reside junto a sus padres, abuelos y dos hermanos en una casa de puntal alto y paredes ennegrecidas por el moho, el hollín y las filtraciones en el techo que provoca la lluvia. Los muebles de la casa son de hace medio siglo. En la sala, un televisor anacrónico de tubos catódicos de patente china ensamblado en Cuba y un refrigerador obsoleto de los que entregó Fidel Castro a millones de familias en su cacareada “revolución energética”.

A Daniel y su familia les gustaría vivir mejor. Sobre todo si con su propia habilidad pudiera ganar en un futuro salarios de seis ceros. Este año su padre hace planes para que el joven pruebe suerte en un show case en cualquier país del Caribe y que los scouts de Grandes Ligas le pongan un precio a su talento.

“No queda otra, igual que cientos de peloteros de la categoría juvenil o 15 y 16 años, que ni siquiera esperan a debutar en Series Nacionales, creo que ahora es el momento. Claro, los planes se deben hacer con mucha discreción, porque el gobierno está regulando los viajes al exterior de las jóvenes promesas en el béisbol”, explica el padre.

Muchas familias en Cuba ven el béisbol como un negocio. Es un deporte caro. Confeccionar un uniforme puede costar entre 20 y 30 dólares. Guantes, bates y otros implementos se venden en moneda dura y representan el salario de varios meses de trabajo de un profesional. Todo se amortiza con un contrato en cualquier organización de la MLB. Luego, si triunfa en las Mayores, es como sacarse el premio gordo de la lotería.

No solo saltan la cerca jóvenes promesas del béisbol. También prometedores músicos bisoños, informáticos o ingenieros de telecomunicaciones recién graduados. Según Igor, programador de software, “un título universitario marca la diferencia en Estados Unidos y el primer mundo. Es cierto que posteriormente las personas deben revalidar su título, pero en los países desarrollados un profesional tiene un buen salario. Cuando encuentras trabajo, resuelves tus problemas y los de tu familia en Cuba”.

Después de que Barack Obama y Raúl Castro decidieran restablecer relaciones diplomáticas y terminar con el último vestigio de guerra fría que perduraba en el Caribe, Igor, como muchos cubanos, pensó que el gobierno comunista apostaba por la coherencia económica y el desarrollo de las PYMES (pequeñas y medianas empresas).

En el invierno de 2015, Igor, junto a un grupo de desarrolladores, comenzaron a laborar para una firma tecnológica estadounidense. “En un mes de trabajo duro podíamos ganar hasta 2.000 dólares. Pero al Estado cubano nunca le interesó regular e implementar un marco legal para este tipo de negocios. Estábamos en un limbo. Cualquier capricho de un funcionario estatal, como sucedió, ilegalizaba nuestra gestión. El gobierno nunca se tomó en serio la ampliación del trabajo privado. Y mucho menos si se involucraban profesionales. A pesar de ser un especialista en software, pierdo mi tiempo en una empresa estatal donde lo único que hago es actualizar los antivirus. Tras revisar cientos de sitios en internet, a través de Linkedin pude conseguir una oferta de empleo en Irlanda. Si Dios quiere, en el verano podría estar trabajando en Dublín”, cuenta Igor.

Cientos de jóvenes en Cuba rastrean en disimiles sitios profesionales en busca de empleo, seminarios o talleres de superación o doctorados. Irma, ingeniera, dice que existe un segmento de cubanos que “están al tanto de cualquier información sobre cursos, propuestas de trabajos y becas para profesionales en naciones desarrolladas. Es cierto que viajar con el pasaporte cubano trae muchas inconveniencias, pero cuando se trata de personas calificadas y que siguen una pauta legal, las puertas se les abre. Casi todos los países de la Unión Europea y también Canadá y Estados Unidos, tienen políticas migratorias muy selectivas. Se les da visado a los profesionales que ellos consideran les pueden ser útil en sus sociedades. Y eso lo están aprovechando muchos profesionales jóvenes profesionales de la Isla”.

Orlando, un joven de sonrisa fácil y corte de cabello estrafalario, suele conectarse más de cien horas al mes en sitios wifi de La Habana en busca de empleo en el extranjero. “Luego regamos la información por las redes sociales. Cualquier opción es buena. Ya sea cortar árboles en un bosque de Canadá, trabajar en la construcción en Luanda o cultivar la tierra en un kibutz de Israel”.

En sus pesquisas por internet, Orlando descubrió que hay cubanos residiendo en más de cien países. “Tal vez más. Habría que confeccionar un mapa demográfico. Siempre se piensa en Estados Unidos, Europa y América Latina, pero a compatriotas nuestros les ha ido bien en lugares como Tel Aviv, Australia o Islas Salomón. Las carencias materiales y falta de futuro en Cuba hace que muchos jóvenes decidan a emigrar a cualquier parte”.

Por supuesto, la opción preferida de la inmensa mayoría de los cubanos es Estados Unidos, el enemigo público número uno del régimen verde olivo. Le siguen España, Italia, Portugal, Canadá, Gran Bretaña, Alemania y Suecia.

Después que Obama derogara la ley 'pies secos, pies mojados' en 2017, México, Panamá, Chile y Uruguay, se han convertido en otra posibilidad migratoria. El futuro de muchos jóvenes y profesionales cubanos pasa por abrir un mapa del mundo encima de la mesa de su casa y señalar un rumbo cualquiera. Como tirar una moneda al aire.

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