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@DesdeLaHabana

LA HABANA.- El dictador de Corea del Norte Kim Jong-un mandó a matar a su hermano en el aeropuerto de Kuala Lumpur, Malasia. El Servicio Federal de Seguridad ruso es un poco más creativo, envenenan con poderosas sustancias a los opositores molestos. En China la represión a los uigures y tibetanos es sofisticada. En Caracas, la Dirección de los Servicios de inteligencia y Prevención, la guardia pretoriana de Nicolás Maduro, no se anda con chiquitas. Un tiro en la cabeza, o te lanzan desde un décimo piso y luego alegan que fue un suicidio.

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Fidel Castro disfrazaba las ejecuciones a sus adversarios con un supuesto manto de legalidad. Antes, convencía al pueblo, que enardecido gritaba paredón, paredón. Después perfeccionó los métodos para atemorizar y contener a los disidentes. La solución fue la cárcel. Muchos años tras las rejas. En condiciones sórdidas.

Para el autor de un volante reclamando democracia, ocho años de cárcel. A los activistas políticos, treinta años. A un reportero que como arma utiliza su palabra, veinte años. Así lo contempla la tenebrosa Ley 88, aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular el 16 de febrero de 1999. Pero antes de encarcelar a opositores e incómodos periodistas independientes, primero hay que aniquilar su reputación. No pueden ser buenas personas. No. Hay que difamarlos.

Abraham Jiménez Enoa, brillante periodista, exdirector de El Estornudo, revista digital de periodismo narrativo, colaborador de la publicación mexicana Gatopardo y actualmente columnista del prestigioso The Washington Post. A Jiménez Enoa los servicios especiales del régimen lo han marcado como sospechoso.

Asesinato de carácter

Desde hace dos años, los expertos en satanizar disidentes han recrudecido su campaña contra Abraham. Lo tildan de mercenario al servicio del imperio. Han descalificado a sus familiares. Nadie se salva. Busque un opositor en Cuba que tenga siquiera una virtud, según el discurso oficial. Todos son inmorales. Vendepatrias. Traidores.

Sus mensajes de miedo son de ida y vuelta. La intención es dividir a la familia, intoxicar a vecinos y amigos. Aislarlo. Dinamitar los puentes con otros sectores de la sociedad. Una táctica que funcionó tres décadas atrás, pero ya caducó. Por la sencilla razón que ocho de cada diez cubanos ahora mismo están descontentos con el manicomio en que se ha convertido la tierra en la que nacieron, con un futuro entre signos de interrogación.

La ola represiva contra el periodismo independiente es de vieja data. Recuerdo la tensión que viví en el otoño de 2002. Mi madre, Tania Quintero y yo, escribíamos para la agencia Cuba Press, en 1995 fundada por el poeta y periodista Raúl Rivero. Mi madre, al igual que Rivero y otros reporteros del grupo, habían sido periodistas oficiales. Era siniestro escuchar al dictador Fidel Castro, una noche sí y otra también, en una mesa redonda en la televisión leer una lista de opositores y periodistas independientes que asistieron a una recepción en una embajada, amenazándolos veladamente con tomar medidas ejemplarizantes.

“Por ahora no vamos a aplastar a estos gusanos con cañonazos, ya llegará el momento”, prometió Castro. El nombre de mi madre resonó en la sala de la casa cuando la voz afónica de Fidel lo pronunció. La estrategia era inocular el pánico en la población. Y lo lograban. Algunos vecinos huían espantados cuando te veían en la calle. Ese acoso siempre venía acompañado de esos linchamientos verbales que son los actos de repudio. Fidel Castro cumplió con su palabra.

Tres meses después, en marzo de 2003, encarceló a 75 opositores pacíficos, entre ellos a Raúl Rivero, entonces el periodista disidente cubano más conocido internacionalmente. Sancionado a 20 años de privación de libertad, si en noviembre de 2004 fue excarcelado fue gracias a gestiones del Gobierno español.

La tensión psicológica pasa factura. Yo andaba con una cuchara, un cepillo de dientes y mi aparato de asma en una mochila, por si me detenían. En noviembre de 2003 mi madre, mi hermana y mi sobrina, que nunca habían tenido la intención de emigrar, viajaron a Suiza como refugiadas políticas.

La industria de los presos políticos es un arma que el gobierno maneja a la perfección. Necesita tener en sus cárceles a decenas de presos de conciencia para que les sirvan de monedas de cambio. Es un negocio redondo. A Castro le gustaba contar que cada visitante del mundo occidental que aterrizaba en La Habana llegaba con una lista de presos a liberar. El régimen los iba canjeando de acuerdo con la propuesta que presentaba el visitante o requería el contexto internacional. Además de presos políticos eran conejillos de Indias. Peleles en mano de un déspota.

"Los elegidos"

El acoso sistemático contra Abraham Jiménez, Luz Escobar, Mónica Baró y Camila Acosta, por mencionar solo a cuatro de un extenso grupo de periodistas independientes, es una estrategia con un objetivo manifiesto: que renuncien al periodismo libre y que se marchen del país.

Una fuente de todo crédito, ex oficial de la contrainteligencia, expresó a DIARIO LAS AMÉRICAS que dada la actual crisis económica que vive Cuba, la incertidumbre por las elecciones en Estados Unidos, la avanzada edad y supuesta enfermedad de Raúl Castro, no es descabellado pensar la puesta en marcha de un operativo que permita procesar a opositores y periodistas independientes. “La Ley 88 o Ley Mordaza está vigente. Las medidas de Trump han puesto al gobierno a la defensiva. La mejor jugada es dar un golpe encima del tablero. ¿Cómo presionar un diálogo con Estados Unidos? Metiendo presos a varios disidentes. No a cualquiera, a los más reconocidos", expresa el ex oficial y añade:

“El decreto 370 y otras normativas, se elaboraron para frenar con multas y sanciones que no excedan los dos años de prisión, el descontento popular que se manifiesta en las redes sociales. Pero la mejor estrategia es tener una lista con nombres como Yoani Sánchez, Reinaldo Escobar, Abraham Jiménez, Mónica Baró, Camila Acosta y Jorge Enrique Rodríguez que publican en medios internacionales o han ganado premios importantes. ¿La reacción internacional? Es lo de menos. ¿Más sanciones económicas? Todo es manejable. Mientras más se logre llamar la atención, mejor para sentarse a negociar. Además, cuando los liberas, se marchan del país y te los quitas de encima. Una jugada inesperada, pero ganadora. No se puede subestimar a los operadores políticos del gobierno. Tienen vasta experiencia”.

Lo que se prepara

Según el ex oficial, en caso de un estallido social, la policía política detendría de manera preventiva a todos los disidentes, activistas, periodistas y artistas independientes, youtubers e influencers.

Mónica Baró, reportera de El Estornudo, cuenta que conoció a Jiménez Enoa cuando estudiaba periodismo en la Universidad de La Habana en el período comprendido de 2007 a 2012.

“Abraham, es uno de los periodistas más acosados de mi generación. Casi comenzamos a hacer periodismo independiente en la misma etapa más o menos, entre 2015 y 2016, que es cuando se funda El Estornudo. Para mí es uno de los colegas que más ha sufrido las restricciones que existen en Cuba para ejercer la libertad de prensa y de expresión. Abraham nunca ha podido salir de la Isla a pesar que ha recibido numerosas invitaciones. Esto puede parecer una cosa ínfima, pero en un país como el nuestro, donde las posibilidades de formación profesional y de superación es tan controlada por el Estado, porque todos los espacios educativos pertenecen al Estado, que un periodista no pueda viajar al extranjero significa que te están limitando tus posibilidades de superación profesional.

“Ya no solo te están violando el derecho de moverte libremente, un derecho inalienable de todos los seres humanos, sobre todo los ciudadanos que nunca han cometido ningún delito, que no están acusados de nada. En el caso de Abraham, esta regulación se la aplican por haber sido cadete insertado en una institución del Ministerio del Interior y por haber manejado supuestamente información confidencial. Pero esta prohibición de viajar tiene que ver más con una práctica de la cual no solo Abraham ha sido víctima, hay más de 200 personas que están reguladas, este impedimento de salir del país es una forma de represalia para quienes ejercen el periodismo independiente.

“Como Abraham ha denunciado, también han sufrido acoso miembros de su familia, su madre, el padre, su esposa y esto es sumamente grave. “Creo que es importante visibilizar lo que está pasando y dando por sentado que ésta es la realidad que viven los periodistas independientes en Cuba. Esto nos denigra como país. A todos”, apunta Mónica.

La burda detención de Abraham Jiménez Enoa tiene diversas lecturas. Para acudir a una citación con un oficial del DSE (Departamento de Seguridad del Estado) no se necesitaba esposarlo, desnudarlo ni trasladarlo a Villa Marista, la sede del DSE, que es una institución pública, con la cabeza entre las piernas como si fuera un terrorista.

Queda una pregunta en el aire: ¿cumplirá el régimen su amenaza de encarcelar a Abraham si continúa escribiendo sus columnas o es sólo un alarde? Cualquiera de las dos opciones espanta.

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