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LA HABANA.- A las seis de la mañana, los rayos del Sol calientan tibiamente el asfalto. Ya a esa hora se siente un calor espeso y molesto. Una veintena de personas sentadas en el lobby de entrada de un policlínico, a veinte minutos del centro de La Habana, hablan en voz baja sobre diversos temas.

Aguardan para hacerse análisis de sangre u orina, practicarse un ultrasonido o una endoscopía. Mientras, comentan sobre la presunta ola de calor que inunda al país, el mal desempeño de la selección nacional de béisbol en los Juegos Centroamericanos de Barranquilla o del tema estrella en las conversaciones entre cubanos: la escasez y altos precios de los alimentos.

“No he podido conseguir yogurt ni en las misas espirituales. Las tiendas, en divisas o en pesos, están ‘pelas’. Pero el gobierno sigue montado en la muela de la nueva Constitución. El otro día en el Palacio de Convenciones estuvieron una hora hablando del matrimonio entre homosexuales y su derecho a adoptar hijos, pero lo que debiera quedar plasmado, alto y claro, en la nueva Constitución, es el derecho de los cubanos a alimentarse con calidad y que los precios estén acorde con sus salarios”, opina Marta, ama de casa, quien espera su turno con una especialista en alergia.

No ha pasado una semana desde que el aburrido Parlamento nacional en su novena legislatura debatiera el anteproyecto de la futura Carta Magna. Hubo intercambios de criterios de tonalidades diversas, pero al final, como siempre sucede en los regímenes de corte comunista, la falsa unanimidad acalló las discrepancias.

A la mayoría de los habaneros el debate sobre la nueva Constitución les resbala [les resulta indiferente]. Jorge, taxista privado, afirma que no le interesa la política porque "es muy cochina". Pero mientras dribla el reguero de baches en la sucia Calzada de Octubre, no deja de quejarse de la mala suerte de los cubanos.

“Lo que viene pa’ los cuentapropistas es candela. Los cubanos somos unos pendejos. Todo lo aguantamos callados. En otros países la gente se tira pa’ la calle por cualquier cosa. ¿Qué quieres que te diga de la nueva Constitución? Para mí es mamotreto hecho a la medida del Gobierno. La última Constitución decente que tuvo Cuba fue la de 1940. Las aprobadas después del 59 son mierda y cepillo”, dice el taxista.

Andrés, abogado, señala que la “Constitución de 1976 era una copia de la soviética de 1936. Era una Carta Magna muy poco original, incompleta y bastante retrograda. Aunque la futura Constitución parece más de lo mismo, abre nuevos espacios y reconoce la pequeña y mediana empresa privada, la libertad de expresión (al menos en el papel) y el Habeas Corpus. Fuera de Cuba hubieran querido que autorizara la formación de otros partidos políticos, legalizara a la disidencia y el derecho de los trabajadores a la huelga. Olvidan que sus redactores son los mismos que gobiernan y no son tontos para ponerse la soga al cuello. Pero en mi opinión, tiene mayor margen de maniobra cuando se habla sobre lo que se entiende por democracia. No creo que perdure en el tiempo, más bien la veo como una Constitución puente. Presiento que la realidad cotidiana del país supera con creces el discurso virtual de los gobernantes”.

El domingo 22 de julio, a la par que el régimen verde olivo presidido por Miguel Díaz-Canel daba luz verde para que “el pueblo y cada cubano tuviera la posibilidad de ofrecer su aporte en la elaboración de la futura Constitución”, fuerzas de la Seguridad del Estado reprimían a las Damas de Blanco en su sede de la barriada de Lawton, localizado en el sur de la capital.

Incongruencia

Daniel, activista disidente, considera una incongruencia que “los diputados y el régimen se llenen la boca hablando de democracia mientras acosan a opositores y periodistas independientes. Me preocupa que la futura Constitución sea una herramienta legal, solo para aquéllos que son leales al gobierno o aparentan ser revolucionarios. Los contrarrevolucionarios, como nos catalogan, seguimos sin tener ningún derecho”.

Carlos, sociólogo, cree que la “nueva Constitución, aunque blinda el carácter socialista de Cuba, deja espacios legales que pueden ser aprovechados por grupos disidentes si los utilizan de manera inteligente. Cuando se habla de Habeas Corpus o libertad de expresión, abarca a todos los nacidos en la Isla, no importa su manera de pensar. Otra cosa que me pareció interesante es que desaparece el carácter comunista del sistema. Ahora se habla de socialismo democrático y punto. Pero, según mi interpretación, socialismo democrático es lo que impera en Suecia, Noruega o Finlandia”.

A Yusmila, empleada bancaria, le da igual si cambian o no la Constitución. “Esto no es Estados Unidos, donde las personas valoran y sienten un gran apego por su Constitución. En Cuba siempre ha habido analfabetismo jurídico e irrespeto hacia la Ley de Leyes. En mi centro ya anunciaron una reunión para debatir sobre el tema. Pero tú sabes cómo será eso, matando y salando, cinco minutos hablando boberías y luego todo el mundo levantando la mano y dando su aprobación, pues uno está loco por llegar a su casa y meterse en la lucha de los fogones”.

Emilio, especialista de ETECSA, única empresa nacional de telecomunicaciones, aclara que “vivimos en una burbuja de mentiras. En el matutino hablaron de la futura Constitución y los próximos debates que se realizarán con vistas a reformar o añadir nuevos puntos. Pero todo es un cuento. Cuando alguien plantee algo que se considere contrarrevolucionario, ahí mismo se acaba la reunión. Aquí las cosas funcionan a base de labia, manipulación y mentiras”.

Un evento tan importante en cualquier sociedad como la elaboración de una nueva Constitución, no genera en la Isla demasiadas expectativas. La gente presiente que las nuevas reformas legales no mejorarán su calidad de vida.

Todo lo contrario. El socialismo de la superproducción de carne porcina, papas y naranjas solo existe en los noticieros de la televisión oficial. La Cuba real es muy diferente.

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