El joven oficial del Ministerio del Interior colocó la carpeta negra encima de una mesa calzada con un trozo de madera. Pidió silencio a los 34 alumnos, carraspeó dos veces para aclarar la garganta, se acomodó las gafas de carey y comenzó su disertación en un preuniversitario de La Habana. La intención era reclutar jóvenes que estudian el último año de bachillerato para ingresar en la escuela de contrainteligencia y criminalística Hermanos Martínez Tamayo, ubicada en el municipio Playa, al oeste de la capital.

“El tipo bajó una muela espesa. Para motivarnos dijo que a los alumnos en el primer año le daban un estipendio de 700 pesos y en el último mil pesos. Habló maravillas de esa escuela y el honor que representa ser oficial de la Seguridad del Estado. Comentó que el gimnasio está con todos los hierros, se come pollo y carne dos veces a la semana y te gradúas con el grado de teniente. De acuerdo al departamento que te toque, te dan una moto y teléfono móvil 'petrolero' (pagado por el Estado). Pero a pesar de tantos privilegios, solo un alumno se apuntó en la chivatería”, explica un estudiante de doce grado que estuvo presente.

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Antes de que comenzará el curso, a mediados de septiembre, recuerda un profesor de un preuniversitario al sur de La Habana, funcionarios de educación y un agente de la Seguridad del Estado les mostraron una planilla dónde cada maestro, luego de hablar con sus alumnos, anotaría sus datos personales, su situación familiar, preferencias, integración política de los padres y la opinión del adolescente sobre el 11J.

“También se orientó reforzar la cultura política e ideológica de los estudiantes. Una vez a la semana un profesor debe interactuar con los estudiantes para saber las opiniones que tienen del socialismo cubano, sus dirigentes y sus planes de futuro. Pero la realidad es que a la mayoría de los estudiantes no les agrada el modo de vida en su país y no confían en nuestros gobernantes. Incluso, a los que no les importa la política, apoyaron las marchas del 11 de julio. Y alrededor de un 90 por ciento de los muchachos desea emigrar”, dijo el maestro.

En varias escuelas tecnológicas y preuniversitarias de La Habana se pretende alistar a estudiantes para efectuar contramarchas de apoyo a la dictadura el próximo lunes 15 de noviembre.

“Se rumora que van a dar unas estacas y un brazalete. La mayoría de los alumnos están alegando cualquier pretexto para no participar. Los más comprometidos son los que pertenecen a la UJC. Ellos tienen que salir a la calle a apoyar al gobierno sí o sí”, comentó una estudiante. “Se rumora que van a dar unas estacas y un brazalete. La mayoría de los alumnos están alegando cualquier pretexto para no participar. Los más comprometidos son los que pertenecen a la UJC. Ellos tienen que salir a la calle a apoyar al gobierno sí o sí”, comentó una estudiante.

Autoridades habaneras han visitado centros universitarios para enrolar a los jóvenes en las actividades gubernamentales programadas antes, durante y después del 15N. También los sindicatos plegados al régimen planifican matutinos de ‘reafirmación revolucionaria’ en fábricas, empresas y oficinas.

La autocracia verde olivo es experta en montar escenarios paralelos para contrarrestar cualquier protesta callejera de la oposición. No es nada nuevo. A la poetisa disidente María Elena Cruz Varela la arrastraron por la escalera de su apartamento en el reparto Alamar, al este de la capital, y la obligaron a tragarse sus poemas.

En los años 80, una muchedumbre bombardeaba con huevos y piedras a los cubanos que deseaban emigrar a Estados Unidos. Posteriormente al acto de repudio el gentío participaba en pachangas culturales acompañadas de ron peleón y cerveza a granel. Los mítines de repudio, auténticos linchamientos verbales y físicos, tienen su origen en las turbas fascistas que recorrían Alemania destrozando negocios de los judíos.

Esos aquelarres son aprovechados por agentes encubiertos, diestros en artes marciales, para golpear a los opositores y luego vender el relato de que "el pueblo enfurecido, por la actitud entreguista de los anexionistas yanquis, salió en defensa de las conquistas de la revolución’". Después de zarandear y apalear a los disidentes, la policía, que estuvo de brazos cruzados durante la orgía de violencia, 'interviene' para ‘impedir’ que el populacho los linche.

Además de violencia física, las turbas irrumpen en sus casas pintando consignas o lanzando excrementos. Un exoficial de la inteligencia evoca que “algunos actos de repudio en 1980 se fueron de control. Además de saqueos en las viviendas de quienes deseaban emigrar, al menos dos personas murieron”. Con más de un mes de antelación el régimen prepara una ‘enérgica respuesta’ a las marchas pacíficas convocadas por la plataforma Archipiélago y su líder, el dramaturgo holguinero Yunior García Aguilera.

La maquinaria represiva combina ataques en los medios, detenciones, campañas para asesinar la reputación de los participantes y los habituales actos de repudio. Ya García Aguilera ha recibido ataques despiadados por parte de la prensa oficial y sitios web administrados por la Seguridad del Estado.

En los ataques mediáticos contra los disidentes la matriz es muy simple. Los que piensan diferente o se oponen al gobierno siempre son mercenarios, vendidos por dinero y sin cualidades personales. Esa represión intensa no solo afecta al opositor, también a sus padres, hijos y allegados. Una de las primeras medidas que activan los servicios especiales es expulsarte del centro de trabajo.

No importa la trayectoria ni el curriculum. A la periodista Tania Quintero la expulsaron del ICRT a los 54 años de edad y a pesar de tener un intachable expediente laboral de casi cuatro décadas, jamás le pagaron su jubilación. Omara Ruiz Urquiola, profesora del Instituto Superior de Diseño Industrial con un elevado prestigio, fue despedida por sus opiniones políticas.

También por sus ideas políticas acaba de ser expulsado David Alejandro Martínez Espinosa, profesor de la Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos, provincia a 300 kilómetros al este de La Habana. A David lo citaron a una reunión el 19 de octubre y allí le informaron que la decisión está basada en la Resolución 109 de 2021. En dicha resolución se alega que por su activismo político en las redes sociales se le removía la categoría de docente de profesor instructor y se le cerraba su contrato. David es miembro del grupo Archipiélago y en los últimos días se había hecho eco del llamamiento a una marcha cívica el 15 de noviembre. Ese es su único ‘delito’.

El catálogo de métodos represivos de la policía política es amplio y alcanza también a deportistas, médicos, artistas y profesionales que abandonan delegaciones oficiales, a los cuales el régimen les impide durante ocho años visitar su patria. Igualmente recurren a detenciones arbitrarias, amenazas de muerte, acosar a familiares, registros en la vivienda, reclusión domiciliaria por tiempo indeterminado, prohibición de viajar al exterior, cortar el servicio telefónico e internet de datos y acosar a familiares, vecinos y amigos para que dejen de tratarte.

Una atmósfera de miedo acecha constantemente a quienes deciden disentir. No pocos activistas, opositores y periodistas independientes les ha pasado factura sicológica el sistemático asedio de los represores. La estrategia es quebrarte. Que emigres del país. Que desistas de tu actitud y de tu forma libre de pensar. Es una auténtica cacería. Luego el régimen, en su cínica narrativa, se vanagloria de que en Cuba no hay ejecuciones extrajudiciales. Ni falta que les hace. Han transformado la represión en un arte.

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