La Habana.- Llamémosle Rogelio, 79 años, profesor de historia jubilado. Todos los días, al filo del mediodía, guarda tres recipientes plásticos en una jaba desteñida y camina cuatro cuadras hasta un comedor que reparte raciones de comida a familias pobres, ubicado en la barriada de La Víbora, al sur de La Habana.

Cuando llega su turno, Rogelio entrega los potes a un dependiente que con una espumadera le sirve una ración de arroz blanco, mortadella con salsa de tomate y un trozo de plátano verde hervido. “Con esto almuerzo y ceno. Casi siempre la comida está mal elaborada. Pero con mi pensión de 400 pesos no me alcanza para comprar viandas en los agros. Sobrevivo con las raciones que me dan en el comedor de atención a la familia y lo que ‘da’ el Estado por la libreta”.

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En Cuba alrededor de 900.000 personas reciben ese tipo de raciones. Rogelio no siempre fue pobre. Heredó de sus padres un apartamento amplio, con sala, comedor, cocina, baño y dos habitaciones. Fue profesor en un preuniversitario por más de dos décadas. Su esposa, fallecida hace dos años, también fue profesora. No tiene hijos ni familia en el extranjero. "No tengo un peso ahorrado, pero al menos tengo salud. Mi rutina diaria es leer el aburrido periódico Granma, escuchar a Benny Moré en un espacio radial y ver televisión y jugar dominó con vecinos del barrio".

Acerca de una mesa redonda (espacio televisivo de análisis político) dedicada a las próximas elecciones en Estados Unidos, comenta: “Es demencial el tiempo que le dedican los medios cubanos al tema de las elecciones americanas. Tal parece que Cuba es un Estado de la Unión. Es increíble que un país con tantas necesidades económicas y deficiencias, el gobierno mantenga un Centro de Estudios de Estados Unidos. ¿Cuántos expertos en Estados Unidos tenemos? Decenas. ¿Por qué no le dedican más tiempo a los problemas locales? Es lo que le interesa a la gente”.

En opinión de Rogelio, Cuba no ha madurado como nación. "Siempre buscamos la respuesta a nuestros problemas mirando a Estados Unidos. Es como una maldición histórica. La mayoría de los líderes independentistas eran anexionistas, excepto unos pocos, entre los cuales se encontraban Martí y Maceo. Cuando no pudieron desembarazarse del dominio español pidieron ayuda a Estados Unidos. Hombre íntegros como Calixto García o Don Tomás Estrada Palma, en determinado momento, le pidieron al presidente y Congreso de Estados Unidos que interviniera en la Isla".

El profesor jubilado considera que esa mentalidad siguió arraigada en Cuba y que Fidel Castro cambió de alianzas. "Dependíamos de la antigua URSS. Fuimos más soberanos en términos políticos después de la desaparición del campo socialista, pero en términos económicos seguimos con mentalidad de parásitos. Venezuela debiera ser un caso de estudio. Una conquista ideológica de un país varias veces más grande y con más recursos naturales que Fidel la ocupó sin tirar un tiro. La revolución se centró más en exportar su modelo político, sustentar el poder y la propaganda que en desarrollar la economía y tener una sociedad próspera. Algunos funcionarios cubanos siguen encasillados, creyendo que la Rusia actual fue la URSS del pasado. Nada más lejano a la realidad. Los comunistas en Rusia hoy están en la oposición. Y si el modelo chino ha progresado es a base de economía de mercado y capitalismo a chorro. La economía socialista planificada es una locura y se comprobado que no funciona.”

Para Rogelio, esa cruzada contra Estados Unidos no cuela entre los cubanos de la calle. "Porque entre Cuba y Estados Unidos no ha existido un conflicto bélico que incentive entre los cubanos el odio a su modelo económico. Todo lo contrario. La gente no es tonta. Conoce por lo que cuentan sus parientes que trabajando duro se puede salir adelante. Y que es no es un delito tener diferentes criterios políticos. El gobierno cubano tiene que centrarse en hacer sus deberes. Alimentar a la gente, desarrollar el país y no mirar tanto al norte. Ni Trump ni Biden [candidatos a la presidencia de EEUU] son el problema: la solución de Cuba pasa por cambiar el sistema. Así de fácil”.

Carlos, sociólogo, coincide que en el mundillo político criollo, tanto oficial como disidente, se nota un marcado interés por las elecciones del 3 de noviembre en Estados Unidos. “No me gusta la intolerancia que se ha generado en esta campaña. Es inconcebible que te tilden de castrista por apoyar a Biden o la doctrina de Obama con Cuba, que a mi juicio, demostró quién es el enemigo de las reformas en el país. El régimen quedó en evidencia tras la reanudación de relaciones el 17 de diciembre de 2014. Las pasiones en estas elecciones se han exacerbado a tal punto que hay personas con posturas diferentes que han dejado de hablarse o se ofenden mutuamente. Es una tontería suponer que si con determinado presidente estadounidense, las familias y los emprendedores privados puedan recibir más remesas y más dinero, el gobierno sería más represivo. Represivo lo ha sido y lo seguirá siendo, independientemente del mandatario que esté en la Casa Blanca. Y los principales gobernantes nuestros son asquerosamente ricos”.

DIARIO LAS AMÉRICAS le preguntó a 29 personas sobre el candidato que prefieren, si Trump o Biden. 21 respondieron que Biden. A seis les da igual quien gane. Y dos quieren que gane Trump, para que siga arrinconando al Gobierno de Díaz-Canel. Todos los encuestados coinciden que cualquiera de los dos que gane el martes 3 de noviembre, no va cambiar el panorama económico ni mejorar la calidad de vida de los cubanos. Lo tienen claro. Esa es una labor del régimen.

“Donde hay que hacer elecciones es en Cuba. Y que se vea cómo la mayoría de los ciudadanos vota por el cambio. El más poderoso bloqueo es el del Gobierno (cubano) contra el pueblo, que le paga en una moneda devaluada con poca capacidad de compra y nos vende mercancías de primera necesidad en dólares, que solamente recibe (a través de remesas básicamente) una minoría. Es una vergüenza. El gobierno debería renunciar”, subraya un estudiante universitario.

Existe una extraña tendencia entre los cubanos. Cuando residen en la Isla, prefieren a los candidatos del Partido Demócrata. Cuando emigran a Estados Unidos, experimentan una metamorfosis. Y optan por el Partido Republicano. Pero esto lo puede entender, Rogelio, el profesor de historia jubilado. Lo que a él le molesta son esos opositores cubanos, que cuando cruzan el Estrecho de la Florida, pasan de la socialdemocracia al más rancio conservadurismo.

“Parece que la abundancia les hace perder la memoria”.

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@DesdeLaHabana

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