LA HABANA.- Pasada la una de la tarde, los tres empleados del taller de reparación de equipos informáticos y teléfonos inteligentes ubicado al sur de La Habana se estiran en sus butacas giratorias, se lavan las manos en un pequeño baño y esperan a que Juan Carlos, dueño del negocio, les traiga el almuerzo en un recipiente plástico.

La muchacha que recoge los pedidos, destapa un pozuelo color rosa y con su tenedor enrolla los espaguetis aún humeantes. Los dos técnicos que reparan teléfonos están terminando de atender a clientes y en quince minutos deben comer la pasta y un trozo de pizza de cebolla que comparten entre todos.

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Juan Carlos, aprovecha para subir la temperatura del split a veinte grados y se sienta a leer el aburrido periódico Granma mientras sus empleados almuerzan. Hace año y medio es dueño del taller. Antes había probado suerte en los negocios gastronómicos. Junto a un amigo de la infancia abrieron una cafetería de comida criolla, jugos de frutas naturales y entrepanes. Pero decidió dejársela a su socio e invertir dinero en una guarapera.

“Los negocios de comida en Cuba son un dolor de cabeza. El dueño tiene que estar desde bien temprano en la mañana en el ajetreo para comprar carne, harina, pan, azúcar, arroz y un montón de insumos más. Todas las semanas los productos suben de precio. Y cuando tú subes de precio una comida, diez pesos, la gente deja de ir a tu cafetería y pierdes clientela. Vender guarapo es rentable si consigues que no te falte la caña. Compré un local, pero ya sabes, hacer negocios con el Estado es un fastidio. Siempre recelan de ti y buscan la manera de sacarte la mayor cantidad de dinero posible, ya sea por extorsiones, inspecciones, regalos. Cuando vieron que la guarapera era rentable, me quisieron subir el impuesto al doble o compartir mis ganancias. Opté por cerrarla. Está gente (el régimen), es como el perro del hortelano, ni come ni deja comer. Por eso que estas nuevas medidas de autorizar micros, pequeñas y medianas empresas privadas y de ampliar la lista de trabajos particulares hay que verlas con lupa”, opina Juan Carlos.

Sin ley que proteja

Para el emprendedor habanero el diablo está en los detalles. Y en la falta de un marco jurídico imparcial. “Compré el taller de reparación de equipos informáticos y celulares a un conocido que se iba del país. Pensaba que podía volar por debajo del radar y no llamar la atención de las autoridades y los inspectores corruptos. Pero en cuanto sospechan que las cosas van bien, te caen como sanguijuelas. Es, que a falta de normativas transparentes e impuestos razonables, los dueños de negocios se ven obligados a tener doble contabilidad y comprar o vender equipos por la izquierda”.

Juan Carlos opina que los emprendimientos privados solo serán funcionales en un marco democrático. “El Estado hace la ley y la trampa. ¿En qué país del mundo usted ha visto que pequeñas y medianas empresas exitosas sean estatales? Ellos quieren poner a competir a las empresas del Estado con los particulares. Pero sin crear nuevas normativas y dándole ventaja a sus empresas”, apunta y añade:

“Las empresas estatales son tan ineficientes, que ni adquiriendo la divisa uno por uno logran ser rentables. Las cooperativas que funcionan en Cuba solo tienen de cooperativas el nombre. Son prácticamente negocios del Estado. Ellos la crean, les venden combustible y otros insumos a menor precio, incluso el canje del peso convertible se lo valoran a diez por uno, no como el particular que lo consigue a veinticuatro por uno y compran las materias primas, combustibles y alimentos en mercados minoristas de divisas. Así y todo somos más rentables y pagamos mejores salarios a los trabajadores”.

Ataque al sector privado

Considera que una auténtica reforma económica pasa por tirar abajo un grupo de normas absurdas e impuestos abusivos. Y que la actual situación de crisis económica que padece el país, para que florezcan los negocios privados, los impuestos deberían ser bajos. "En cualquier lugar del planeta, el impuesto es a la ganancia, no a las ventas. Si usted pone un cortafuego arancelario, que quienes ganan más de 50.000 pesos debe pagar el 50 por ciento en impuestos, desalienta el trabajo privado y la gente busca subterfugio para evadir los gravámenes. Con respecto a las nuevas medidas, habrá que esperar a que comiencen a funcionar, pero mi experiencia me dice que con este gobierno es muy difícil que se beneficien los no estatales. Detestan a los particulares, eso forma parte de su ideología. ¿Por qué necesito yo una empresa estatal para importar teléfonos móviles o tabletas? Simplemente viajo a Cancún o Panamá y compro el equipamiento que pudiera mejorar las ventas. Ese intermediario estatal te va encarecer el producto, además de más controles monetarios”, concluye Juan Carlos.

Además del taller de reparación de móviles y equipos informáticos, DIARIO LAS AMÉRICAS conversó con siete propietarios distintos: publicidad, hostelería, gastronomía, transporte, peluquería, construcción y elaboración de embutidos. En todos prima más la desconfianza que el optimismo. Valoran como un paso correcto permitir las micro, pequeñas y medianas empresas. “Que en la práctica ya funcionan varias en Cuba. El Estado solo ha legalizado lo que venía pasando por debajo del telón”, dice Dunia, dueña de una casa de renta para turistas. Ella compara las opciones y las intenciones.

“Hice negocios con Airbnb, que es una empresa privada y la oficina de turismo local. Con Airbnb usted paga su coima [soborno] y a ellos no les importa cuánto dinero gana. Con el Estado todo es sospechoso. Te exigen parámetros de un hotel cinco estrellas que ni ellos mismos cumplen. Hay que darles un montón de detalles. Son muy intrusivos. A los turistas no les gusta que los fiscalicen tanto y los dueños de casas particulares no lo hacemos”, explica Dunia.

Manuel, dueño de dos jeeps y tres autos que utiliza como taxis colectivos, cree que la creación de micros, pequeñas y medianas empresas es una buena noticia si viene acompañada de un marco legal coherente, transparente e imparcial. “Pero lo dudo. En 61 años se ha visto que no les gustan los negocios privados. Los han aprobado cuando el país está en crisis. Nos utilizan como salvavidas. Pero luego nos neutralizan con la cuchilla fiscal, inspecciones constantes y descalificaciones públicas".

Y menciona las detenciones a personas que según el gobierno se enriquecía y revendían productos, esquilmando al pueblo. "Los que sacan en la televisión a modo de escarnio son todos trabajadores privados, salvo algunas excepciones. ¿Tú puedes confiar en un gobierno que considera que somos rateros en potencia? Si yo decidiera importar autos o microbuses, directamente negociaría con el mayorista o contrataría una empresa importadora extranjera. ¿Te imaginas contratar una empresa importadora estatal? Por lo que he leído, aparte del 20 por ciento que te descuentan, aumenta el costo de la importación y la divisa te la congelan en una cuenta en un banco estatal. Un corralito financiero. Sola vaya”, expresa Manuel.

Si en algo coinciden los emprendedores consultados, es que el gobierno está atrapado entre una aguda crisis económica y el temor a un probable estallido social debido al descontento ciudadano por el desabastecimiento de alimentos, artículos de aseo y medicinas. Pero afirman que de cualquier manera habrá que esperar, pues se necesita un lapso de tiempo para evaluar el resultado de las nuevas reformas económicas. Sin embargo, Osmel, dueño de una cafetería, piensa que "mientras en los lineamientos económicos se mantenga que el Estado impedirá el enriquecimiento, cualquier medida que dicten está condenada al fracaso”.

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