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@DesdeLaHabana

LA HABANA. Después de que Maritza, profesora de 36 años, llega de la escuela tras impartir tres turnos de clases de matemáticas en un preuniversitario habanero, sin cambiarse de ropa prepara el almuerzo de sus dos hijos que estudian en secundaria.

Viven en una casa precaria a medio construir en la barriada de El Cerro. En la cocina sin repellar cuelgan varias cazuelas tiznadas y viejos cucharones de aluminio. Maritza coge un recipiente y pone a hervir agua para preparar espaguetis.

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Luego de almorzar y fregar, bajo un calor anestesiante, se dirige a un domicilio no muy lejano, donde la esperan seis o siete alumnos. Cada uno paga un peso convertible por repasar matemáticas.

“Cada día hago de dos o tres repasos. Por cuatro horas repasando matemáticas gano de 15 a 20 cuc, prácticamente por mi salario mensual de 571 pesos (cubanos). En tiempos de exámenes puedo reunir hasta 200 cuc, que destino a comprarles ropa a mis hijos y reparar la vivienda. Ahora con la subida salarial ganaré unos 1.300 pesos y tendré un dinero extra. Pero ni soñar con que me va a alcanzar para terminar los arreglos. Tendré que seguir dando repasos por la izquierda”, dice Maritza.

Aunque evita hablar del tema, los repasos pagados de un profesor en activo están prohibidos por el Ministerio de Educación. Pero los bajos salarios y las penurias cotidianas en Cuba obligan a muchos maestros de cualquier nivel de enseñanza a cobrar por repasar a los estudiantes.

De una población laboral activa de poco más de 7 millones de personas, sólo alrededor de 4 millones y medio trabajan. Dos millones ochocientas mil no trabajan. En los sectores privados y cooperativos labora un millón trescientos mil. Y devengan salarios que van desde el equivalente a 60 dólares un simple auxiliar de cocina, hasta 3.000 dólares mensuales los dueños de negocios particulares exitosos, incluso más. En el sector cooperativo, llevado a dólares, sus trabajadores ganan entre 100 y 500 dólares mensuales.

En el ámbito estatal los salarios son menores. En el sistema empresarial los sueldos varían en un equivalente de entre 50 y 120 dólares. En la salud pública los médicos ganan el equivalente a 70 dólares, igual que los especialistas de ETECSA, empresa que tiene el monopolio de las telecomunicaciones en Cuba. Los peores salarios se pagan en gastronomía, turismo y una rama de la administración pública que el régimen denomina sector presupuestado. Antes de la mejora salarial recientemente anunciada, los empleados de ese sector devengaban sueldos equivalentes a entre 12 a 30 dólares mensuales.

Hugo, bodeguero, comenta que los salarios en Comercio Interior son un chiste de mal gusto. “Como bodeguero recibo 255 pesos mensuales, unos 11 dólares. El Estado da por hecho que para completar el sueldo del mes los bodegueros y carniceros tenemos que robarles a los clientes en la pesa o traficar con alimentos”.

A pesar de los bajos salarios, esos puestos de trabajo así como los del sector turístico, están entre los más codiciados. Un jefe de almacén en un centro nocturno cuenta a DIARIO LAS AMÉRICAS que su salario de doscientos y pico de pesos lo dona a las milicias de tropas territoriales. "El dinero gordo se gana en otros ‘bisnes’. Si sabes hacer bien las cosas en un trabajo como este, te puedes comprar una moto en seis meses o un año de trabajo. Ni sé a cuanto me subirán el sueldo con esta reforma. El dinero fuerte, es decir miles de pesos, me lo busco de otra forma”.

Eugenio, economista, considera que existe una tendencia inflacionaria muy peligrosa. “No ha sido más letal por el ingreso de dinero no avalado por el Estado que recibe un segmento amplio de la ciudadanía. Es el caso de las remesas, de las cuales el gobierno no ofrece cifras, pero se calcula que favorecen al 65 por ciento de la población. El monto difiere, la mayoría quizás reciba 20 dólares de recarga telefónica y 50 o 100 dólares mensuales. Pero a otros les giran entre 400 y 1.000 dólares todos los meses. A eso súmale los cientos de negocios con capital de cubanos residentes en el extranjero o administrados por ambas partes que generan cientos o miles de dólares de ganancia”, explica y añade:

“Los bajos salarios en el sector presupuestado es real. Pero la gente ha buscado soluciones robando, traficando y lucrando con productos del Estado. Por eso tenemos sectores donde los salarios son muy bajos, pero la búsqueda es muy alta. Y todos esos empleos, en menor o mayor medida, malversan al Estado. Y lo seguirán haciendo a pesar del incremento salarial. Si con un grupo como los jubilados y el sector estatal con pobres salarios, los precios de alimentos y productos se han disparado, debido a la alta demanda y la pobre oferta, ahora que muchas personas recibirán 1.000 pesos o más de salario mensual, habrá una mayor cantidad de consumidores de alimentos y artículos de primera necesidad que no podrán satisfacer su demanda porque las producciones de bienes y servicios no crecen”.

Según el economista, los riesgos inflacionarios son grandes y opina que existe una contradicción. "El gobierno importa menos bienes. Desde hace cuatro años, las estadísticas de las producciones agrícola, ganadera, porcina, pesquera y avícola descienden o no aumentan lo suficiente. ¿Entonces en que gastarán el dinero las personas que mejoren sus salarios? Una opción es el ocio. Pero se sabe que en Cuba la gente gasta el 80 por ciento de su dinero en comprar alimentos y tratar de reparar sus viviendas. La subida salarial podría permitir que se destine más dinero a la compra de alimentos. Pero si no se aumenta la producción, la escasez se agudizará y las colas para comprar comida serán mayores. Con esa masa salarial no se pueden adquirir bienes de más valor como autos, refrigeradores o televisores pues simplemente no alcanza. Tampoco se pueden sufragar vacaciones en Varadero o en el extranjero. El dinero extra alcanza para comprar más libros, ir al teatro o a Coopelia, viajar en taxis colectivos y comprar más variedad de comida en el agro y tiendas por divisas. Y precisamente existe un déficit en el transporte y la producción de alimentos. Aunque Díaz-Canel no quiera, cuando aumente la demanda, el sector privado, ya sea el dedicado al transporte o la gastronomía, aumentarán los precios de sus servicios. Y en el estatal, con precios controlados, desaparecerán los productos”.

El aumento salarial siempre fue una demanda popular. Pero la aprobada por el régimen, además de insuficiente, no llega en el mejor momento. Una inflación que pudiera ser brutal acecha a la renqueante economía cubana.

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