Un equipo internacional de científicos, con participación de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), reveló que el entrenamiento de fuerza genera señales biológicas tempranas más intensas en el hueso de mujeres posmenopáusicas que el entrenamiento de resistencia.
El estudio, publicado en la revista Bone, contó con investigadores de la Universidad de Brock (Canadá) y la Universidad Metropolitana de Mánchester (Reino Unido). La investigación se centró en conocer cómo reacciona el tejido óseo ante distintos tipos de actividad física en mujeres posmenopáusicas, con el objetivo de aportar nueva evidencia para mejorar las estrategias de prevención y cuidado de la salud ósea.
Durante la menopausia, la disminución de los niveles de estradiol favorece una pérdida progresiva de masa ósea y aumenta el riesgo de osteoporosis y fracturas. Además, esta reducción hormonal podría afectar la capacidad de los osteocitos —las células encargadas de detectar los estímulos mecánicos— para responder adecuadamente al ejercicio.
Para el estudio, los investigadores reclutaron a 13 mujeres posmenopáusicas físicamente activas. Las participantes realizaron, en días diferentes, una sesión de carrera interválica de alta intensidad, compuesta por ocho bloques de tres minutos, y otra de entrenamiento de fuerza basada en 10 series de 10 sentadillas con énfasis en la fase excéntrica del movimiento.
Con el fin de evaluar la respuesta del organismo, el equipo tomó muestras de sangre antes del ejercicio y 24 horas después de cada sesión. Los resultados mostraron que, transcurridas 24 horas, el entrenamiento de fuerza provocó una respuesta más intensa en varios marcadores relacionados con la actividad y la regulación del tejido óseo en comparación con la carrera interválica.
En concreto, estas respuestas se observaron en moléculas implicadas en procesos de formación, remodelación y regulación del hueso, por lo que sus variaciones pueden aportar información sobre la forma en que el tejido óseo responde a distintos estímulos de ejercicio.
NO IMPLICA UNA MEJORA DIRECTA DE LA SALUD ÓSEA
Los autores aclararon que estos cambios no deben interpretarse como una mejora directa de la densidad mineral ósea ni como una reducción inmediata de la pérdida de hueso o del riesgo de fractura. En cambio, reflejan "una activación temprana de señales reguladoras durante la recuperación posterior al ejercicio".
Por ello, señalaron que serán necesarios estudios a largo plazo para determinar si estas respuestas agudas se traducen en mejoras reales de la salud ósea. Aun así, el trabajo sugiere que las mujeres posmenopáusicas, pese a presentar bajas concentraciones de estrógenos, conservan la capacidad de generar una respuesta bioquímica temprana al estímulo mecánico del ejercicio, especialmente tras una sesión de fuerza.
Los hallazgos refuerzan la importancia de incluir el entrenamiento de fuerza en los programas de ejercicio dirigidos a mujeres después de la menopausia.
"Avanzar hacia una prescripción de ejercicio más precisa e individualizada podría contribuir a prevenir el deterioro óseo y favorecer un envejecimiento más activo, autónomo y saludable", destacó la investigadora de la UPM Isabel Guisado Cuadrado, quien participó en el estudio.
FUENTE: Europa Press