miércoles 3  de  julio 2024
ARQUEOLOGÍA

Restos humanos dentro de un vino de más de 2.000 años revelan secretos de rituales antiguos

Se trata de un vino, considerado el más antiguo del mundo, en el que estaban sumergidos en una urna de vidrio los restos óseos de un hombre

Por Iraima Gómez Ramírez

SEVILLA. - Un equipo de arqueólogos del Departamento de Química Orgánica de la Universidad de Córdoba liderado por el profesor José Rafael Ruiz Arrebola, en colaboración con el Ayuntamiento de Carmona, en la localidad sevillana de España, descubrieron lo que han calificado como el vino blanco más antiguo del mundo, con más de 2.000 años.

Este descubrimiento sustituye la botella de vino de Speyer, descubierta en 1867 y fechada en el siglo IV d.C, que se conserva en el Museo Histórico de Pfalz (Alemania). Según un comunicado conjunto del Ayuntamiento y la Universidad, se trata de un vino en el que estaban sumergidos en una urna de vidrio los restos óseos de un hombre, en una tumba, donde había evidencias de cuatro personas en total.

Aunque inicialmente era un vino blanco, este líquido con el tiempo ha adquirido un tono rojizo. Y se ha conservado desde el siglo I después de Cristo. "Al principio nos sorprendió mucho que se conservara líquido en una de las urnas funerarias”, explica el arqueólogo municipal del Ayuntamiento de Carmona Juan Manuel Román.

La clave para su identificación la dieron los polifenoles, unos biomarcadores presentes en todos los vinos. Y gracias a una técnica capaz de identificar estos compuestos en muy baja cantidad, el equipo halló siete polifenoles concretos. Que también estaban presentes en vinos de Montilla-Moriles, Jerez o Sanlúcar.

La ausencia de un polifenol concreto, el ácido siríngico, ha servido para identificar el vino como blanco. Pero aunque esta tipología de vino concuerda con las fuentes bibliográficas, arqueológicas e iconográficas, el equipo matiza que el hecho de que dicho ácido no esté presente puede deberse a una degradación por el paso del tiempo.

Cuestión de género

En la antigua Roma, el vino que cubría los restos óseos de un hombre no era una coincidencia, sino una cuestión de género. Durante mucho tiempo, a las mujeres se les prohibió probar el vino, considerado como algo exclusivo para los hombres.

Las dos urnas de vidrio encontradas en la tumba de Carmona ejemplifican la división por género en la sociedad romana y en los rituales funerarios. Mientras los huesos de un hombre estaban sumergidos en vino junto con un anillo de oro y otros restos óseos trabajados provenientes de su lecho funerario, la urna que contenía los restos de una mujer no tenía rastro de vino, pero sí tres joyas de ámbar, un frasco de perfume con aroma a pachulí y restos de telas posiblemente de seda, según los primeros análisis.

Estos elementos formaban parte del ajuar funerario que acompañaba a los difuntos en su tránsito al más allá.

En la antigua Roma, al igual que en otras culturas, la muerte tenía un significado especial y las personas deseaban ser recordadas para mantenerse vivas en cierto sentido. La tumba donde fue localizado el recipiente del hallazgo, que en realidad era un mausoleo circular, probablemente perteneciente a una familia adinerada, estaba ubicada junto a una importante vía que conectaba Carmona con Hispalis (Sevilla) y marcada por una torre ya desaparecida, para cumplir con ese propósito.

Dos mil años después y tras haber sido olvidados durante mucho tiempo, los restos de quienes fueron identificados como Hispana, Senicio y sus cuatro acompañantes no solo han sido recordados nuevamente, sino que también han proporcionado valiosa información sobre los rituales funerarios romanos.

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FUENTE: Phys.org, Ayuntamiento de Carmona, Europa Press

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