domingo 25  de  febrero 2024
ENTREVISTA

Actriz Ana María Simón invita a celebrar la vida con "Sin cuenta"

La actriz venezolana está de gira con Sin cuenta, un monólogo que recibió como regalo de parte de Indira Páez para festejar sus cinco décadas de vida

Por ROXIMAR TOVAR

MIAMI.- El 14 de septiembre Ana María Simón celebró su cumpleaños número 50. Para festejarlo, la actriz, presentadora y creadora de contenido decidió regresar a su natal Venezuela para reencontrarse con su público tras ocho años de abandonar el país para radicarse en Madrid.

Ahora, con una hija preadolescente y un actor y director como pareja (Albi De Abreu), la intérprete se adentra en el personaje de Carlota gracias al regalo escrito que recibió por parte de Indira Páez: el monólogo Sin cuenta.

DIARIO LAS AMÉRICAS conversó con Ana María Simón, previo al estreno de la comedia. A través de una videollamada, la artista -oriunda de la ciudad de Maracaibo- develó detalles del proceso de ensayo y de cómo se sintió al ser dirigida por Albi De Abreu, bajo la asistencia de dirección de su única hija, Micaela Brito Simón, producto de su exmatrimonio con el cantante Rafael, "Pollo", Brito.

En el monólogo das vida al personaje de Carlota, ¿qué te diferencia de Carlota?

Carlota es una mujer que durante muchos años se anuló un poco porque quería complacer a su madre y a su marido; en eso, Carlota y yo no nos parecemos en absolutamente nada. Pero sí nos parecemos en que cada una ha vivido cosas -a lo mejor- importantes en sus vidas; quizás, no tan bonitas, pero hemos tenido que renacer dentro de las cenizas porque cada quien lleva su dolor a cuesta y todos eventualmente -o buena parte de los seres humanos- hemos tenido que rehacer. Esto es lo que le pasa a Carlota y a mí.

Eso es bonito porque quiero, en la voz del personaje, que la gente se lleve, luego de ver este espectáculo, la reflexión de que nunca es tarde, que siempre podemos volver a comenzar, que no hay manera de pensar que estás demasiado viejo o cansado porque tienes 50, 60... llegar a pensar: '¿yo para qué me voy a divorciar?'. Detrás de un '¿ya para qué?' hay un mundo inmenso de posibilidades, que si decides abrir esa puerta puede que te sorprenda muy gratamente y el miedo pasa a un lado por tantas cosas que uno deja de disfrutar por simplemente decir: '¿ya para qué?'.

Un caso personal, por ejemplo, es que ahora manejo moto: yo a los 49 años decidí manejar moto en Madrid y por mucho tiempo dije: '¿ya para qué?', '¿yo cómo voy a manejar moto?, ¿qué es eso?'; y resulta que me estaba perdiendo de otro mundo como el de ser más efectiva, más eficiente, de ganar tiempo, de disfrutar la ciudad, de conocerla desde otro lugar porque Madrid es una ciudad muy linda como peatón, pero recorrerla en moto es otra historia. Entonces, al atreverme a tumbar esa puerta me permití vivir muchas experiencias.

Al final, ponerle punto y final a las cosas es importe porque siempre va a venir algo mejor.

¿Qué se necesita Carlota para ser profundamente feliz?

En su caso ser libre. Ella necesita libertad de su madre y de su marido.

Una de las cosas que yo procuro a través de este personaje es responsabilizar a cada quien de sus actos. Nosotros solemos decir: 'él me hizo o ella me hizo', y eso no es tan así porque en el fondo nosotros permitimos que nos hicieran. Cada quien es como es y difícilmente tú vas a cambiar a alguien porque la gente cambia cuando quiere cambiar. Lejos de eso, eres tú quien permite que la gente -siendo como es- te haga daño. Entonces, debemos dejar un poquito el enjuiciar.

Va por ahí un poco el tema de Carlota, quien necesita libertad y esa libertad se la da el conocerse a sí misma y el entender que la libertad la consigue ella misma si entiende que es una víctima de nada sino responsable de todo.

¿Cómo ha sido la experiencia de ser dirigida por tu pareja y qué aprendizaje te deja Albi De Abreu como director?

Ha sido una gran sorpresa para mí, pero no porque dudara de su capacidad, sino porque había olvidado lo rico que es que te dirija un actor.

Él se ha puesto en mis zapatos, ha estado donde estoy yo. Sabe las inseguridades que uno puede tener o los días malos porque al final se trabaja con el cuerpo y el alma; hay días muy lindos de ensayos -como hoy, por ejemplo-, pero es como la vida. Lo que nosotros procuramos -como lo intentamos en nuestra relación de pareja- es que haya mucho respeto, que si alguno de los dos está más intenso, bajarle un poco y así ambos no estamos fosforitos (irritado).

Ha sido un proceso enriquecedor para nosotros como profesionales y en nuestro caso también como pareja.

¿Qué reflexión rescatas de lo escrito por Indira Páez para aplicarlo en tus diferentes roles como mujer?

Algo que estoy aprendiendo con esta obra es a soltar, creo que esa es mi gran lección en este proceso: a tomarme las cosas con calma, entender que no todo se puede hacer a la vez y que hay que vivir un día a la vez.

Yo soy muy controladora, quiero tener todo bajo control. Incluso, soy productora ejecutiva del monólogo y Juan Carlos Martínez es el productor general, pero el llevar la producción y a su vez la actuación me estresaba y me autoflagelaba, hasta que dije: 'es que no puedes con todo'; a veces, terminaba un ensayo y no podía estudiar el personaje por temas de mi otra labor en la pieza.

¿Cómo aplicas este auto control en tu rol como madre de una preadolescente?

Cuando empiezas a tener una hija adolescente todo se va dando como natural. No tienes otra opción, sino soltar.

Ella como es una niña tan responsable y tan adulta, no me da dolores de cabeza. Siempre le digo que es un alma vieja.

Los ensayos de la obra coincidieron con sus vacaciones y en un momento le propuse a Albi ofrecerle a Micaela (hija) la asistencia de dirección y la aceptó; está haciendo un trabajo hermoso, está aprendiendo. Me dice cosas lindas y está viviendo una experiencia chévere (buena). Por lo menos no siento que le eché a perder el verano (risas).

¿Sin cuenta llegará a los Estados Unidos?

Después de presentarnos en Venezuela (con ocho funciones que finalizan el 28 de septiembre), el 8 de noviembre estrenaré en Madrid. La idea es estar ahí por lo menos unos tres meses todos los miércoles en un teatro donde ya me había presentado, que se llama Pequeño Teatro Gran Vía. En paralelo quiero irme los fines de semana de gira por Europa.

Luego, el verano que viene, está pensado Miami, el resto de Estados Unidos y Latinoamérica.

¿Tu país es...?

Mi hogar. Es el sitio donde siempre quiero volver. Mi país es la felicidad de saber que estoy en mi patria, con mi gente, con mis olores, con mis sabores.

Este reencuentro me tiene profundamente emocionada. Estoy pensado cómo voy a sobrevivir con la emoción de estrenar este monólogo el día de mi cumpleaños en el último escenario donde me presenté: el BOD (ahora Centro Cultural de Arte Moderno (CCAM)) fue donde hice mi última función antes de migrar y regresar ahí es muy emocionante.

Yo espero estar lo suficientemente centrada y calmada.

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