MIAMI.- El teatro del director escénico y también dramaturgo y empresario Eddy Díaz Souza va dejando una estela que al seguir su rastro, se distingue por su manera de aproximarse a la escena a través de lo metafórico, los sutil, buscando proponer, sugerir, y dejar una huella en el espectador mediante una imagen, el comportamiento sorprendente de sus personajes, una frase que taladra el momento, una acción eclipsando lo anecdótico. Ese comportamiento se ha establecido como una secuencia en las obras de su autoría, que, por fortuna, al ser cada vez más frecuentes, se hace más evidente en el observador que sigue su trabajo.
Su obra Al borde del agua mantuvo llena, incluso con necesidad de añadir sillas en los laterales, los dos fines de semana que estuvo en cartelera (basta ver las fotos en las redes sociales), lo que demuestra la acogida que tuvo esta pieza, a la que hay que añadir de “teatro serio”, “teatro de autor”, términos manoseados pero que se proponen marcar distancia de la comedia ligera y chabacana, que tampoco es la comedia per sé, que también tiene sus notables valores.
Vale repetir que Al borde del agua se crece en los detalles, en la exquisitez del ambiente creado, en la atmósfera surrealista que se teje desde el propio escenario, que propone la sala de una casa, mientras la lámpara que “cuelga del techo”, es un dibujo en el centro de la pared del fondo, realizado por el escenógrafo y artista plástico Carlos Artime.
La anécdota de la obra es enrevesada pero no imposible, tal vez hasta más usual de lo que se pueda pensar. Una señora mayor, Fela, que ha enviudado de un italiano que era propietario de una peletería, tiene dos hijos. Uno de ellos, Otto, queda al frente del negocio, mientras el mayor, Evaristo, es profesor de una escuela de adolescentes y está casado con Silvia, que a su vez atiende la casa y a Fela.
A simple vista un espacio cotidiano. Es ahí donde empieza la parte oscura de Al borde del agua, lo que le imprime fuerza a la pieza. Fela “la Mamma”, que permanentemente deshace un tejido parece una viejecita débil, pero está al tanto de todo, es la mujer omnisciente y omnipresente. Miriam Bermúdez está muy bien en su personaje que todo lo sabe. Parece no estar al tanto, pero un movimiento, un giro con la cabeza, va marcando su secuencia, que hacia el final resulta importante para aclarar los hechos.
Otto lo interpreta Raydel Casas, que hace un poco de tonto, de un hombre tímido, dedicado a la peletería, pero corteja a Silvia, le hace regalos de zapatos y tienen sexo en las horas en que el hermano mayor está en la escuela. A Casas le ajusta el personaje, trasluce ciertos detalles de bobalicón y picardía, que hace que su desempeño enganche con determinación.
Por su parte Silvia, que maneja con soltura Belkis Proenza es el alma de la obra. Su personaje se integra, se pierde, regresa, se eleva, toca muchas fibras. Conoce muy bien los retorcimientos de su esposo, le encanta coquetear y disfrutar con Otto. A su vez atiende a Fela, pero no le importa mucho, es una manera de permanecer en la casa, pero sabe del peligro que representa la anciana.
Eslóver Sánchez Baquero es quien le imprime el giro a la obra. El profesor enfrascado en calificar los exámenes de sus estudiantes, está relacionado con una de las alumnas, una menor de edad, algo que la madre le avisa de los peligros que enfrenta. Su personaje estampa un momento importante en el desarrollo de la trama. El actor se desempeña con naturalidad y está al tanto, gracias a su madre, de las andanzas de Silvia y Otto, pero solo le interesa su alumna preferida.
Al final Fela fallece y la adolescente llega al velorio de la madre de su profesor y amante vestida de manera provocadora, lo que causa un altercado entre los dos hermanos que lleva a Otto al hospital.
Parece una obra lineal, pero de pronto se anuncia el “fin del primer acto” … entonces, ¡¿teatro dentro del teatro?! En contexto general sugiere ciertos momentos de teatro del absurdo e incluso momentos grotescos, hasta parece en ocasiones una farsa.
En todo el contexto aparece un quinto personaje, una mujer hermosa, de bello cuerpo, que habla al principio por un micrófono que luego desaparece, aun cuando en otras ocasiones ella y otros se acercan para hablar al lugar donde se encontraba el micrófono, que fue removido y no aparece más.
Esta joven actriz, Hanny Gómez Cunill gravita en la escena con soltura y elegancia, lo que propone sea la amante de Evaristo, al que directamente catalogan de pedófilo.
Al borde del agua es una pieza preciosista en muchos aspectos, se disfruta bien y pasa muy rápido la casi una hora de trabajo escénico, que el propio autor, Eddy Díaz Souza dirige y por su cara de complacencia en el vestíbulo de su sala Artefactus, compartiendo con el público, está muy satisfecho.
En la nota a la prensa se afirma algo que bien resume esta propuesta: Al borde del agua invita a mirar de cerca aquello que suele pasarse por alto: los restos, los gestos mínimos, lo que gotea lentamente sin hacer ruido.