Zamora sigue siendo, para muchos, tierra desconocida, de la que apenas recordamos su presencia en la antigua vía romana de la plata o conocemos el vino de Toro. Sin embargo, es aquí donde encontramos los días de gloria del río Duero, templos románicos o las semanas santas más auténticas de la vieja Castilla.

A pocos minutos de Salamanca y 95 de Madrid en tren, la ciudad cabecera de la provincia de Zamora sorprende con la cúpula de su catedral del siglo XII a orillas del Duero y un impresionante inventario de iglesias románicas y edificios modernistas.

Cuentan los historiadores que Zamora, que está habitada al menos desde la etapa final de la Edad del Bronce, fue testigo de la calzada romana de Mérida a Astorga y de las batallas que despojaron a los musulmanes de la zona hasta convertirse en el extremo sur del reino de León.

Si resaltan las pinceladas históricas, sobresale aún más el casco antiguo de la ciudad, en buena parte circundado por murallas que le valieron el sobrenombre de “la bien cercada”, donde se concentran 14 de las 23 iglesias románicas que dan a Zamora el mayor número de templos románicos de Europa.

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Montes zamoranos.
Montes zamoranos.

Entre las iglesias resalta la de San Juan Bautista, situada a un costado de la plaza Mayor, donde encontramos algunos de los restaurantes y café al aire libre más populares de la ciudad. Construido a finales del siglo XII, no es menos cierto que el templo ha sufrido numerosas reparaciones, transformaciones y pérdidas a lo largo del tiempo, pero su conjunto continúa siendo impresionante.

A un costado de la iglesia, sobre un dedicado pedestal, se encuentra el monumento al Merlú, que es el nombre que recibe quien anuncia con el sonido de una trompeta el comienzo del desfile procesional de Semana Santa en Zamora.

También están los edificios modernistas, cuyo estilo fue introducido por el barcelonés Francisco Ferriol a principios del siglo XX. Es un valor agregado, que no esperamos encontrar en una urbe española lejos del mar Mediterráneo y que le ha valido figurar en la Red Europea del Modernismo.

Cerca de la plaza Mayor hay un precioso palacio renacentista del siglo XV, construido sobre una antigua alcazaba musulmana y convertido hoy en el hotel Parador de Zamora, con ambiente medieval y un importante despliegue de armaduras, tapices antiguos y grandes camas con dosel.

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Monumento a Merlú.
Monumento a Merlú.

Consulte el portal Zamora.es para obtener más información.

Siglo VII

Al norte de Zamora se halla San Pedro de la Nave, una iglesia visigoda del siglo VII que estuvo a punto de “naufragar” en las aguas del embalse de Ricobayo.

Originariamente tuvo su emplazamiento a orillas del río Esla, pero, al construirse el embalse, hubiera quedado sumergida en sus aguas, por lo que se decidió su traslado piedra a piedra, hace más de 80 años, al poblado de El Campillo, a sólo 23 kilómetros de la capital zamorana.

Siglo II a. C.

Algo al sur están las tierras de Sayago, donde además de queso de cabra, embutidos de cerdo ibérico, vino y aceite escuchará la afirmación de que allí nació Viriato, el líder que hizo frente a la expansión de Roma en Hispania a mediados del siglo II a. C.

En la localidad de Torrefrades, de apenas 150 habitantes, existe una construcción, conocida popularmente como La Casa de Viriato, donde aseguran que habitó el caudillo, la cual, no obstante, data del siglo XVIII.

Aun así, el recorrido por las calles de Torrefrades, donde abundan las casas de antaño hechas de piedra y las chimeneas de campana, hará que el visitante llegue a olvidar el tiempo.

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Calles que hacen olvidar el tiempo.
Calles que hacen olvidar el tiempo.

Vino y colegiata

El vino de Toro, que data de época prerromana y aseguran que acompañó a la tripulación del descubrimiento de América, es oriundo de estas tierras, donde condiciones excepcionales climatológicas permiten el mejor cultivo de la variedad de uva Tinta de Toro.

Enclavada sobre un impresionante risco que mira a viñedos, la ciudad de Toro, con apenas 9.000 habitantes, es domicilio del singular templo católico Colegiata de Santa María la Mayor, del siglo XII.

De esta obra arquitectónica sobresale el Pórtico de la Majestad, que es la puerta en la que cerca de 200 esculturas narran la vida de la Virgen, de Cristo y el Juicio Final.

La importancia de la gran entrada del templo transciende la belleza de los elementos con los que cuenta: es uno de los pocos conjuntos que conserva los colores originales.

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