LOS ÁNGELES.- Irán es una de las selecciones del momento en el Mundial 2026. Y no por el tema meramente futbolístico. El conflicto entre Estados Unidos y la nación iraní amenazó casi hasta última hora con la exclusión de esta selección en el Mundial y terminó con un exilio diplomático en Tijuana, México, de donde deben trasladarse a territorio estadounidense para jugar sus partidos con una ventana de 24 horas para regresar a su bunker mexicano.
Pero en el terreno de juego, las cosas son diferentes. Irán ha llenado sus sedes pese al peregrinaje futbolero obligado. El cuadro de la ex región persa busca por primera vez sortear la primera ronda luego de siete intentos desde su aparición en el plano balompédico mundial en Argentina 1978.
Hasta el momento Irán ha vencido las quinielas y los temas meramente virales. Primero empató 2-2 con Nueva Zelanda y el fenómeno de Tim Payne; este domingo puso contra la pared a una de las favoritas del torneo, Bélgica y su fenómeno Kevin De Bruyne, para ponerle sazón al torneo y dejar todo abierto para la tercera fecha de grupo en donde ‘un grande’ podría ser sacrificado.
La ciudad de Los Ángeles ha sido su casa y los iraníes todavía no saben lo que es perder en el Mundial. Este domingo le plantaron cara al favorito cuadro belga, que con todo y sus grandes figuras no pudo sobrepasar la meta de Alireza Beiranvad.
De hecho, Irán pudo sobrepasar los límites de la hazaña y vencer a los remanentes de la generación dorada belga, pero medio cuerpo adelantado de Mehdi Taremi evitó que el árbitro central, el argentino Darío Herrera, diera por válido su disparo dentro del área -luego de una jugada de laboratorio en un tiro libre- que venció la resistencia de Courtuois. Ese 1-0 significaba la gloria adelantada pero el VAR fue un obstáculo.
En un torneo tan complejo y corto, nadie protestó por la falta de goles. Es más, agradecieron a los dueños de la portería. Las acciones se resumieron a las intervenciones de los porteros, principalmente de Courtois quien fue el gran protagonista al incidir directamente en el resultado.
Sin embargo, el aura está tan presente en la causa iraní que las grandes intervenciones de Courtois no evitaron que fuera Beiranvad fuera escogido por el Jugador del Partido por la FIFA.
Es por eso que Irán juega su propio Mundial. No busca campeonar queda claro, pero cada juego tiene olor a supervivencia y rebelión, para forzar una de las tantas historias que siempre acompañan al fútbol.
Irónicamente, el día tiene 24 horas, el mismo lapso tiene Irán en cada jornada mundialista para tratar de escribir su propio sueño. El boleto a la siguiente ronda serviría para sobrevivir a la fase de grupos por primera vez, pero principalmente, para extender su visa una jornada más en territorio estadounidense.