martes 17  de  marzo 2026
BÉISBOL

Los Rays en Cuba: La expectativa se convirtió en descontento

Aunque los aficionados de la pelota en La Habana viven con emoción la visita de los Rays de Tampa Bay, también lamentan que las entradas se distribuyan sólo para simpatizantes del Gobierno

LA HABANA.-IVÁN GARCÍA

La última vez que Dagoberto Vallarte, 76 años, pudo presenciar un partido con jugadores de Grandes Ligas en el Estadio del Cerro fue en la primavera de 1959.

Todavía se acuerda de la alineación de los Rojos de Cincinnatti que aquella tarde de marzo se enfrentaron al club Almendares, de la otrora Liga Profesional Cubana de Béisbol.

“Había un ambiente festivo. Fidel había derrocado al dictador Batista y la mayoría de los cubanos pensábamos que las cosas en el país mejorarían. El estadio estaba lleno de barbudos del ejército rebelde que le pedían autógrafos a los jugadores yanquis”, rememora Vallarte.

Entonces, pocos podían sospechar que la pelota profesional en la Isla tenía sus días contados. “Hasta Fidel Castro asistió en 1960 a la final de la pequeña Serie Mundial cuando el Havana Sugar Kings se coronó campeón. Los fanáticos dábamos por seguro que a la vuelta de dos o tres años, Cuba tendría un equipo en las mayores”, señala Dagoberto.

Pero las cosas se torcieron. En el invierno de 1961, Castro abolió por decreto el béisbol rentado. Y tras aliarse al comunismo soviético, arrastró a la nación al complicado tablero de ajedrez de la Guerra Fría.

La pelota profesional comenzó a recorrer un largo camino por el desierto. Los seguidores de las Grandes Ligas debían hurgar estadísticas y resultados de la temporada con la meticulosidad de un Sherlock Holmes.

Era una etapa donde Internet, Facebook o Twitter eran herramientas de ciencia ficción. “Yo seguía los resultados por el programa Buenos Días América de la Voz de Estados Unidos, en un viejo radio RCA Victor”, recuerda Vallarte.

Cambios

Para el otoño de 2013, el régimen verde olivo, desangrado por la fuga de casi medio millar de peloteros que a partir de 1991 empezaron a saltar la cerca en busca de salarios de seis ceros y competir en el mejor béisbol del mundo, autorizó la contratación de atletas y semiprofesionalizó la Serie Nacional.

A los jugadores le comenzaron a pagar alrededor de 40 dólares mensuales y Cubadeportes inició los trámites para insertar a cuatro o cinco peloteros en la liga profesional de Japón.

Pero la medicina no fue suficiente para curar la metástasis que sufre nuestro pasatiempo nacional. Simplemente el modelo está agotado. Y los peloteros siguen marchándose a chorros.

De enero de 2015 a la fecha, más de 160 jugadores intentaron firmar un contrato en alguna organización de la MLB, arriesgando sus vidas en precarias embarcaciones, protegidos por delincuentes que trafican con personas o apadrinados por inescrupulosos agentes que manejan a los peloteros de la Isla como si fuesen marionetas de guiñol.

La diplomacia beisbolera intenta frenar eso. Las negociaciones de la MLB y la Federación Cubana de Béisbol cuenta con el visto bueno de ambos ejecutivos. Pero hay flecos espinosos.

“Son los temas de la representación y el dinero. Las leyes del bloqueo [embargo económico] impiden que los jugadores puedan contratarse desde Cuba. Y Obama tampoco desea que el gobierno tenga beneficios con los impuestos que cobrarían a los peloteros. Se maneja crear una empresa privada donde esos fondos se inviertan en el béisbol. Pero las medidas anunciadas el pasado martes por la Casa Blanca, permiten a cualquier jugador iniciar por su cuenta la contratación en alguna liga norteamericana”, asegura una fuente de la federación local que prefiere el anonimato.

¿Puertas abiertas?

Según algunos conocedores del tema consultados para DIARIO LAS AMÉRICAS, es cuestión de tiempo anunciar un trato con las Grandes Ligas. “Probablemente el propio Obama lo anuncie durante su visita a La Habana”, añade una persona.

Más allá de las negociaciones, los seguidores al béisbol muestran su descontento por la forma en que Raúl Castro está manejando el partido de exhibición del Tampa Bay el martes 22 de marzo.

Cuando usted se llega a la ruidosa peña beisbolera del Parque Central, en el corazón de la ciudad, frente al Gran Teatro de La Habana desde donde Obama pronunciaría un discurso al pueblo cubano, podrá escuchar innumerables quejas. 

“Es una falta de respeto a los verdaderos aficionados que no nos vendan entradas para asistir al juego. El gobierno se las está entregando a sindicatos en fábricas y empresas, y éstos que a su vez eligen a los más confiables o a miembros del partido y juventud comunista. Cada entrada tiene el nombre y el número de carnet de identidad, para que no las vayan a regalar o vender”, dice Osniel, entre el bullicio de una decena de fanáticos que a gritos discuten de pelota.  

Las medidas de seguridad para el juego del martes se antojan extremas. Noel, ingeniero de ETECSA, única empresa de telecomunicaciones en Cuba, asegura que para ese día, “los asistentes en el estadio no tendrán comunicación en sus teléfonos móviles. Es una medida de seguridad que pidió el servicio secreto del presidente Obama”.

También es generalizado el descontento tras la designación de Víctor Mesa como mánager del equipo Cuba y por haber detenido, por cuarta ocasión, la Serie Nacional. Mesa agredió a dos jóvenes a la salida de un partido en Pinar del Río y en declaraciones a Cubadebate, anunció que al terminar la temporada se retiraba.

“Ya la sinvergüencería, corrupción y nepotismo de la Federación de Béisbol no tiene límites. Volver a confiar en un tipo tan insolente e irrespetuoso como Mesa, con métodos de dirección comparables a un dictador, es sencillamente una burla”, subraya Andy, trabajador bancario.

De cualquier manera, la visita del Tampa Bay a La Habana cuenta con el beneplácito de los fanáticos. Aunque aficionados como Dagoberto Vallarte, tendrán que conformarse con ver el partido por la tele desde la sala de su casa.

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