sábado 17  de  enero 2026
COMICIOS 2016

Desde aquella sentencia de 2010

Es más que posible que, a partir del supermartes, Hillary Clinton logre distanciarse de Sanders y no es nada decidido que Trump consiga ser nominado aunque tampoco puede descontarse

Diario las Américas | CESAR-VIDAL
Por CESAR-VIDAL

Me llama poderosamente la atención que en los múltiples análisis que se realizan de las actuales primarias en Estados Unidos se pase por alto un factor de enorme relevancia. Me estoy refiriendo a la sentencia dictada por el tribunal supremo en enero de 2010 que, con el voto favorable del recientemente fallecido Antonin Scalia, abrió las puertas a que las grandes corporaciones pudieran financiar las campañas electorales. La decisión chocaba con dos sentencias previas del propio tribunal supremo y retiraba la prohibición de que las  grandes empresas -lo que de manera vulgar e inexacta se suele llamar Wall Street- financiaran las campañas electorales.

La citada resolución del Tribunal supremo llevó a millones de norteamericanos a la conclusión de que las elecciones iban a quedar viciadas por la acción de instancias no sólo acaudaladas sino que nunca donarían verdaderas fortunas a cambio de nada. El repudio a esa resolución del Tribunal Supremo se ha extendido en el curso del último lustro tanto a votantes demócratas como a republicanos y explica, en no escasa media, el apoyo recibido por personajes como Donald Trump o Bernie Sanders. El primero ya ha descabalgado a Jeb Bush que era el nominado in pectore antes de comenzar las primarias y el segundo está logrando que Hillary Clinton, siempre considerada como segura ganadora, ande sudando lo indecible para mantener a Sanders a raya. Se piense lo que se piense de ellos, ni Trump ni Sanders están recibiendo dinero de las grandes corporaciones.

Mientras que Trump está utilizando su fortuna -un político que pierda dinero con el enfrentamiento electoral en vez de ganarlo siempre provoca cierto sentimiento de solidaridad- Sanders está manteniendo su campaña con pequeñas donaciones que rondan la media de los diez dólares por persona.

No sólo eso. Mientras Hillary Clinton ya ha gastado no menos de veinticinco millones de dólares del aparato demócrata en lo que va de campaña, Sanders no ha dejado de golpearle con la consigna de que a él no lo mantiene Wall Street. En qué quedará la pugna por la nominación es algo que todavía está en el aire.

Es más que posible que, a partir del supermartes, Hillary Clinton logre distanciarse de Sanders y no es nada decidido que Trump consiga ser nominado aunque tampoco puede descontarse. De hecho, en los últimos días he tenido la notable experiencia de debatir en televisión con algún fogoso partidario de Trump que es hispano.

Sin embargo, lo visto hasta ahora es digno de reflexión.

En Estados Unidos, no hay una crisis del bipartidismo -Sanders y Trump se encuadran en los dos partidos clásicos desde la segunda mitad del siglo XIX- ni tampoco nadie está predicando el populismo en el sentido que el término tiene al sur del río Grande. Por el contrario y más allá de las formas de cada persona, los programas electorales -espero que nadie se ofenda con mi afirmación- son notablemente moderados si se comparan con los del arco político europeo. Sin embargo, sí se debate la seguridad de la clase media y quién va a determinar quién se sentará en la Casa Blanca. No es poco.

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