Para justificar la falta de democracia, de libertad de expresión, la represión, la falta de pluralidad y en general la asfixia vital de los cubanos, los defensores de la Revolución siempre han esgrimido la bandera del carácter social del régimen de los Castro. Pareciera que el acceso a una educación, sanidad y programas de ayudas sociales estuviera reñido con un Estado de derecho en que se respeten las libertades individuales.
Pero lo más dramático es que la realidad nos indica que ese mito del carácter social del castrismo hace aguas por todos lados. No hay más que pasear por La Habana para darse cuenta de cómo el Gobierno cubano hace décadas que le dio la espalda a la parte del pueblo que más lo necesita.
Decenas de miles de personas -mucho de ellas de edad avanzada- deambulan por la capital sin techo ni atención médica ante la pasividad de las autoridades que no han encontrado soluciones efectivas para ayudar a los más necesitados. No sólo eso, en determinados acontecimientos, especialmente en visitas de mandatarios extranjeros, el Gobierno realiza operaciones de limpieza en las calles que incluya recoger e internar en un campamento al sur de la ciudad a este ejército de desheredados del que parece sentirse avergonzado.
Bajo la euforia que ha supuesto el cambio de rumbo en las relaciones entre EEUU y Cuba, muchos están olvidando que en la isla la mayoría de las personas siguen sufriendo los rigores de una dictadura de libro. La política que ha decidido emprender Barack Obama para, teóricamente, beneficiar a los dos países debería tener en cuenta a las personas. Ojalá que las relaciones comerciales y el turismo puedan traer algo de bienestar a estos mendigos y ancianos pero mucho nos tememos que mientras sigan los Castros en el poder su suerte está marcada.
miércoles 1
de
julio 2026




