MIAMI- La apresurada y muy cuestionable retirada de las tropas estadounidenses en Afganistán, ordenada por el presidente Joe Biden, ha puesto contra la pared a una administración que sin solucionar desaciertos anteriores, entra en otro de notable magnitud.

Las imágenes de desesperación y caos en el aeropuerto de Kabul sintetizan dos décadas de una planificada y organizada, pero fallida estrategia en la región afgana. Cuatro administraciones son responsables, pero el final, el peor final, lo dibujó Joe Biden, cuando su administración tiene poco que celebrar en apenas ocho meses de mandato.

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A la crisis migratoria en la frontera sur de Estados Unidos (EEUU) se suman la desaceleración económica, alta inflación y deuda pública récord de casi $30 billones, altos precios, freno del consumo, escasez de materias primas y semiconductores, la industria automotriz estadounidense semiparalizada; el avance de la variante delta de COVID-19 en varios estados en los que un segundo cierre sería devastador; nuevo freno al turismo y vuelos aéreos internacionales e industria de cruceros en alarmante situación, entre otros asuntos. Todo lo anterior implica una enorme factura [adicional] de gastos de billones de dólares.

La administración Biden

En el plano internacional, la administración Biden regresó al Acuerdo de París y a la misma política del gobierno de Barack Obama que derrochó 70.000 millones de dólares en planes sobre el cambio climático, sin resultado concreto.

Ahora EEUU vuelve a regalar a la Organización Mundial de la Salud (OMS) 450 millones de dólares anuales, sin entrar en detalles en las sumas que se destinan a “supuestos intereses” de EEUU en diversos países del Medio Oriente, Asia y África.

El intento de diálogo sobre el acuerdo nuclear con Irán ha sido hasta ahora un fracaso. Según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el gobierno de Teherán pasó de enriquecer uranio al 20% a un 60%, en los últimos seis meses con Biden en la Casa Blanca.

El jueves, Alemania, Francia y Reino Unido denunciaron la "grave violación" iraní a los acuerdos atómicos al adquirir capacidades que "constituyen pasos cruciales hacia el desarrollo de un arma nuclear".

Como remate, Biden ordena la caótica salida de las fuerzas estadounidenses y sus aliados de Afganistán, donde los talibanes tienen el control de más del 88% del territorio afgano (29 de las 34 provincias) y la capital del país, tras la huida del presidente Ashraf Ghani y el repliegue del ejército que se organiza ahora en el aislado valle de Panshir, al noreste de Kabul.

Ghani justifica su escape con el argumento de que evitó un “baño de sangre”, luego de que la administración Biden rompiera un acuerdo firmado por Trump de cuatro puntos esenciales para la salida organizada de las tropas norteamericanas de Afganistán. Si alguno de esos puntos no se cumplía, no se realizaba la extracción de las tropas de EEUU.

El presidente afgano también refutó las acusaciones realizadas por el embajador de su país en Tayikistán de que se había robado millones de dólares de fondos estatales.

Los talibanes duplican su poder con armamento estadounidense

Los talibanes utilizaron la desactivación del acuerdo para agilizar su ofensiva hacia Kabul. Ofensiva sobre la cual Washington tenía pleno conocimiento junto con las intenciones de los talibanes de tomar el control del país nuevamente, según una informe interno del Departamento de Estado sobre pautas de las agencias de inteligencia.

La resistencia afgana es liderada por el vicepresidente Amrullah Saleh y Ahmad Masud, el hijo del comandante Masud, el emblemático líder antitalibán ya fallecido.

El gran problema, no el único en estos momentos, es la evacuación de más de 30.000 estadounidenses y civiles afganos que apoyaron las operaciones de EEUU, otro asunto agregado a la agenda de Biden, quien dijo que emplearía tres bases militares para reubicar a los afganos.

El portavoz del Departamento de Defensa, John Kirby, indicó que hasta 22.000 afganos y sus familias podrían alojarse en las instalaciones.

Las consecuencias de la controversial decisión del Presidente y sus asesores son graves. El Talibán se apoderó de casi todo el arsenal y la tecnología estadounidense en suelo afgano. Ahora gobiernan con mayor poder y sofisticados recursos militares.

El costo de ese armamento se calcula en más de 100.000 millones de dólares, pero el costo humano y el gasto total durante 20 años son aún incalculables. Más de 3.000 soldados y oficiales, según cifras del Pentágono, perdieron su vida en esa guerra. El gasto de los contribuyentes americanos supera el billón de dólares.

El Congreso en busca de respuestas

Senadores republicanos y demócratas buscan ahora una audiencia del mandatario Biden ante el Congreso. Los tres jefes demócratas de los comités de Defensa, Servicios Armados e Inteligencia mostraron su rotunda oposición a la forma en que se ejecutó la medida.

El líder de la minoría del Senado, Mitch McConnell predijo durante una entrevista que habría "muchas preguntas" y señaló comentarios de líderes demócratas como una señal del error de Biden y su gran paso en falso. A él se sumó Kevin McCarthy, su homólogo en la Cámara de Representantes.

"Es inconcebible que el equipo militar de alta tecnología pagado por los contribuyentes estadounidenses haya caído en manos de los talibanes y sus aliados terroristas", escribieron los senadores republicanos en una carta. "Asegurar los activos estadounidenses debería haber estado entre las principales prioridades del Departamento de Defensa de los Estados Unidos antes de anunciar la retirada de Afganistán".

La Casa Blanca volvió este viernes a culpar al gobierno afgano de no defender al país y de permitir otra vez el dominio talibán.

Biden afirmó meses atrás que el Departamento de Defensa afgano y el ejército estaban a la altura de lo que espera de ellos el Pentágono para la retirada de EEUU. Que “no veríamos jamás al personal diplomático estadounidense siendo rescatado por helicópteros del techo de la embajada” … Eso, exactamente, fue lo que ocurrió con el irrefutable testimonio de imágenes en vivo.

Después de varios días de silencio durante la ofensiva talibán, el presidente decidió salir de sus vacaciones en Camp David y hacer declaraciones, ahora casi a diario ante la gravedad y el caos. En todas ha buscado dar explicaciones al porqué de la salida y la forma en que se realizó. Sin embargo, el Presidente al parecer no está muy convencido con su decisión y mucho menos con la seguridad y organización a las que se refirió sobre la salida de Kabul. De 2.500 efectivos estadounidenses, Biden subió la cifra a 7.000 y, según analistas militares, esa cantidad podría ser muy superior en próximas semanas.

En una entrevista con la cadena ABC News dijo, incluso, que “era imposible que EEUU abandonara Afganistán después de dos décadas de guerra sin alguna forma de [caos] y recalcó: "La idea de que había una forma de haber salido sin que se produjera el caos, [no sé cómo eso es posible]". Respuesta que enardeció aún más la avalancha de críticas, hasta de sus propios seguidores y demócratas en el Congreso.

¿Saldrá definitivamente EEUU de Afganistán?

En medio del proceso de evacuación de las tropas estadounidenses y los civiles surgen más interrogantes. ¿Saldrá de forma definitiva EEUU de Afganistán? ¿Apoyará la administración Biden la resistencia del ejército afgano? ¿Permitirá la Casa Blanca la pérdida de 20 años de esfuerzos de Norteamérica en esa nación?

A pesar de las declaraciones del mandatario estadounidense respecto al conflicto afgano, no pocos analistas políticos y militares creen que la presión nacional e internacional conducirán tarde o temprano al regreso de EEUU y fuerzas aliadas al territorio afgano.

Muchos líderes, expertos y políticos en varios países están convencidos de que el Talibán no ha cambiado ni lo hará, menos sus ideales antioccidentales e inhumanos, en especial contra los niños y las mujeres. Solo buscan dar una imagen algo transformada para obtener respaldo financiero internacional en un país de 38 millones de habitantes que depende de las importaciones y del subsidio extranjero.

El ministro ruso de relaciones exteriores Sergey Lavrov destacó esta semana, sin embargo, que había algunas “señales alentadoras” de que los talibanes estaban dispuestos de permitir otras fuerzas políticas en el gobierno y que las mujeres vayan a la escuela. Rusia incorporó al Talibán a su lista de organizaciones terroristas en el 2003 y nunca lo retiró.

Comienza el horror del Talibán

“Los talibanes van ‘casa por casa’ buscando a detractores y personas que han trabajado para las fuerzas extranjeras y a sus familias. Tienen ‘listas prioritarias’ de personas que desean arrestar, manifiesta un documento de la Organización de Naciones Unidas (ONU) publicado en las últimas horas que confirma la desconfianza en las promesas de tolerancia y reconciliación hechas por el movimiento islamista radical.

"Toman por objetivo a las familias de quienes se niegan a entregarse y las castigan basándose en la sharia" o ley islámica, declaró Christian Nellemann, director del Centro noruego de análisis globales, el grupo de expertos a cargo de este informe.

"Tememos que las personas que han trabajado para las fuerzas estadounidenses, la OTAN y sus aliados así como sus familias, sean torturadas o ejecutadas", agregó Nellemann.

Manifestaciones de opositores ya han recibido la respuesta violenta del talibán en diferentes provincias del país, incluso por solo querer izar la bandera nacional y retirar la del grupo radical que es blanca y escrita con letras negras.

Con la veloz llegada de los talibanes al poder, también comenzó la lucha de resistencia que ha acompañado durante siglos a esa región del Medio Oriente, donde conviven 50 etnias y cientos de tribus.

El grupo Talibán, compuesto en su mayoría por musulmanes y pastunes (etnia pastún que dio origen en el siglo XVIII al estado afgano), gobernó Afganistán desde 1996 hasta el 2001. En 1988 la exURSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) se enfrentó en una guerra militar contra los talibanes, período bélico que fue sellado con un pacto para la salida de los soviéticos y la creación de un estado talibán.

A partir de ese momento, los talibanes impusieron el terror y cometieron todo tipo de atrocidades contra su población, además de cobijar a la organización terrorista Al Qaeda, que se autoproclamó autora de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, acción que provocó la invasión militar de EEUU tras ser aprobaba por el Congreso.

Resulta muy probable que la falta de apoyo financiero internacional al poder talibán lo asuman dos potencias (China y Rusia) e Irán y Pakistán por otro lado.

La supervivencia de los talibanes

El gobierno chino tiene obras de infraestructura en ejecución en territorio afgano y es el único país que ha dicho estar dispuesto a emprender “relaciones amistosas” con los talibanes.

EEUU, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, además de casi todas las instituciones financieras en el mundo le han cerrado el acceso a los talibanes.

Las reservas del país del Medio Oriente se concentran en apenas 9,000 millones de dólares, señalan funcionarios de Kabul. La mayoría de ese saldo está depositada en instituciones del exterior, incluyendo la Reserva Federal de EEUU o el BIS (Bank for International Settlements, una especie de puente para bancos centrales).

En el 2020, el Producto Interno Bruto (PIB) afgano sumó 19.810 millones de dólares, mientras que el flujo de ayuda representó 42,9% del PIB, según el Banco Mundial.

Los ingresos actuales de los talibanes son estimados entre 300 millones y más de 1.500 millones de dólares anuales por el Comité de Sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU, que publicó el informe en mayo del 2020.

Por su parte los talibanes, se financian principalmente a través de actividades criminales como el cultivo de la amapola para producción de opio y heroína, es decir del tráfico de drogas, pero también de la extorsión a empresas locales y secuestros. Afganistán produce más de 80% del opio mundial y cientos de miles de empleos dependen de ese negocio.

Los talibanes tienen acceso al 0,1% o 0,2% de las reservas monetarias totales de Afganistán, estimó el presidente del Banco Central Afgano (DAB), Ajmal Ahmady, quien dejó el país.

Los afganos cuentan con las remesas de sus familiares en el exterior, que en 2020 totalizaron 789 millones de dólares, según el Banco Mundial, pero Western Union anunció la suspensión de las transferencias de dinero hacia Afganistán.

Una nueva crisis para Joe Biden

El colapso del gobierno afgano es la mayor crisis en el incipiente mandato de Biden y se agrega a la crisis interna migratoria, económica y sanitaria.

Las repercusiones del éxito del Talibán son escalofriantes. Echa por tierra 20 años de dedicación de EEUU y aliados, expone a cientos de miles de civiles que serán torturados y ejecutados, destroza el futuro de millones de mujeres y niñas afganas, duplica los riesgos de terrorismo en el mundo y en especial en EEUU, además de socavar la percepción mundial sobre la confiabilidad y firmeza de Norteamérica.

Expertos creen que los talibanes aceptarán una coalición en el gobierno con el objetivo de abrir el flujo de capital extranjero y el acceso a las reservas financieras. De lo contrario, y sin un acuerdo de mandos paralelos, el destino de Afganistán quedará nuevamente en los brazos del opio y la heroína, la única fuente de ingresos para los talibanes.

Por mucho que Washington justifique la desastrosa salida de Afganistán, ahora el problema es doblemente grave con el Talibán en el poder, sus atrocidades y todo lo que significa para la seguridad internacional. Será muy difícil que la Casa Blanca pueda cerrar todas las puertas e irse de esa nación tirando por la borda dos décadas de pérdidas de cientos de miles de vidas humanas entre civiles, fuerzas nacionales y extranjeras; además del costo económico altísimo para los estadounidenses.

Muy pocos cuestionan la retirada en algún momento de EEUU, la mayoría se refiere a la forma (sin un plan estructurado por etapas y bien concebido ante los peligros de seguridad como lo tenía Trump) y en el momento en que se hizo; sin ningún tipo de garantías, ni para las propias tropas. Biden no será el culpable total, pero sí el culpable final y el causante de las consecuencias fatídicas no solo para Afganistán y Estados Unidos, sino para el resto del mundo.

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