El ritmo de la inflación en Estados Unidos se mantuvo estable en febrero y se situó en un 2,5% en un año, en línea con las expectativas de los analistas, según el índice PCE que usa la Reserva Federal no el de consumo.
La inflación subyacente, que excluye los precios de los alimentos y la energía, registró un repunte hasta el 2,8% (frente al 2,7% de enero), según este índice elaborado por el Departamento de Comercio
El ritmo de la inflación en Estados Unidos se mantuvo estable en febrero y se situó en un 2,5% en un año, en línea con las expectativas de los analistas, según el índice PCE que usa la Reserva Federal no el de consumo.
La inflación subyacente, que excluye los precios volátiles de los alimentos y la energía, registró un repunte hasta el 2,8% (frente al 2,7% de enero), según este índice elaborado por el Departamento de Comercio.
Los analistas esperaban que el índice PCE se situara en este rango, según el consenso publicado por MarketWatch, con excepción de la inflación subyacente.
Algunos economistas alineados al anterior gobierno de Joe Biden prevén que los aumentos de las tasas de las importaciones generarán un repunte de inflación; sin embargo, muchos otros analistas no coinciden con ese argumento, tampoco prevén una escalada inflacionaria, a diferencia del gobierno de Joe Biden, cuyas medidas erróneas condujeron a la peor inflación en los últimos 50 años.
En junio de 2022, los precios de todos los productos y en casi todos los sectores económicos en EEUU subieron a niveles récord hasta el 9,1%, pero analistas conservadores e independientes hablan que esa cifra superó entre el 11% y el 13%.
Después de un año y dos meses, la Reserva Federal reaccionó y comenzó a subir las tasas de interés con la intención de reducir la inflación. En 11 ocasiones el Banco Central hizo crecer los intereses hasta el tope de 5,25%-5,50%.
La política arancelaria del presidente Donald J. Trump ha sembrado -como se esperaba- incertidumbre en los mercados y reacciones diversas.
Sin embargo, Trump utiliza los aranceles como presión en busca de negociaciones justas con cada país que beneficien a EEUU.
En las últimas seis décadas muchos países, incluso grandes aliados de Washington, se han favorecido de la cortesía y buena voluntad de Norteamérica. Eso ya terminó, ha reiterado el líder republicano.
El jueves, la presidenta de la Reserva Federal de Boston, Susan Collins, dijo que un aumento de los precios parecía "inevitable", al menos "en el corto plazo".
El secretario del Tesoro Scott Bessent ha reiterado que la alarma de supuesta inflación por la política de aranceles del presidente Trump son argumentos infundados y que no considera que la inflación se dispare y si eso ocurre en determinado momento sería para un reajuste y balance real de los niveles inflacionarios en un futuro inmediato y pronto caerán nuevamente.
Al final de su última reunión del 19 de marzo, la Fed (banco central estadounidense) decidió mantener sus tasas mientras analiza los cambios económicos que comenzó a implementar la Casa Blanca.
Sus autoridades rebajaron sus previsiones económicas para la mayor economía del mundo, cuando al frente de esa entidad se encuentra aún el ratificado por Joe Biden, Jerome Powell, quien dio sobradas señalas de alianza con la anterior administración y su agenda económica fallida de extrema izquierda.
Los ingresos, por su parte, crecieron más rápido de lo que previeron los analistas, en un 0,8% mes a mes.
Según Powell, que negó durante un año la escalada inflacionaria causada por los demócratas en el 2021 y no vino a actuar hasta marzo de 2022 ahora estima que a finales de 2025 la inflación podría subir por encima del 2,7% pronosticado en diciembre.
Recordemos que esta fue de las tantas herencias negativas que dejó a Trump su predecesor Biden con políticas totalmente desacertadas que crearon diversas crisis: déficit comercial récord durante tres años, contracción de la industria por más de dos años, crisis bancaria con la quiebra de cuatro grandes bancos, crisis inmobiliaria que taparon todo el tiempo con una caída de las ventas por tres años consecutivos, deuda pública de 36 billones (trillions) de dólares, déficit fiscal récord y gastos históricos federales causados por el desastre de la frontera sur y la entrada de 12 millones de migrantes al país, entre otros indicadores de luz roja.
A todo lo anterior y más en política exterior, con una guerra en la Franja de Gaza y en Ucrania y el aumento de las acciones terroristas en Yemen y otras regiones, ha tenido que enfrentarse ahora el nuevo inquilino de la Casa Blanca.
El presidente de la Reserva Federal o Banco Mundial dejó recientemente las tasas de interés en el mismo nivel de 4,25%-4,50% ante de la expectativa de los nuevos cambios en la economía estadounidense, un vuelco que Trump y sus principales asesores económicos vaticinan como la edad de oro para EEUU.
La escalada de los aranceles a las importaciones, que ahora se dirige a los vehículos fabricados fuera de EEUU y sus componentes, ha desconcertado a los mercados sobre su posible impacto inmediato. No obstante, la Casa Blanca reitera que la transformación de la economía estadounidense, que incluye el regreso de los fabricantes al país para acelerar el desarrollo de la industria nacional, no tiene retroceso en medio de lo que el líder republicano califica como "la edad de oro" y "Hacer a América Grande otra Vez" (Make America Great Again).
De acuerdo con encuestas, la confianza del consumidor estadounidense ha caído en las últimas dos semanas, pero con Biden los niveles de confianza registraron datos históricos nunca antes visto por más de dos años y medio.
Tras una caída en enero, atribuida en gran parte a las grandes nevadas, el consumo comenzó a aumentar nuevamente en febrero (en 0,4% mes a mes), de acuerdo con el Departamento de Comercio.
El mercado laboral estadounidense sigue estable y no ha dado muestras de que vaya a desarticularse por las primeras medidas económicas de la administración Trump. Por el contrario; las grandes inversiones comienzan a llegar a EEUU.
El gigante de la tecnología Apple anunció inversiones por 500.000 millones de dólares, el grupo japonés SoftBank desembolsará 100.000 millones de dólares; mientras Hyundai anunció 21.000 millones de dólares, entre otras empresas.
Los aranceles de Trump están destinados a presionar a un importante número de países para nuevas negociaciones comerciales y geopolíticas con EEUU.
El presidente estadounidense tiene como objetivo fundamental consolidar la hegemonía de Washington y del dólar como reserva mundial a la vez que impulsa un gran movimiento cripto para enfrentar la decisión de la Unión Europea de lanzar en octubre el euro digital.
Varios de los principales actores del mundo de las criptomonedas fueron recibidos en la Casa Blanca por Donald Trump.
Los ejecutivos e inversores dialogaron antes con los miembros del Grupo de Trabajo del Presidente sobre Activos Digitales, presidido por el asesor de Inteligencia Artificial (IA) y Criptomonedas David Sacks.
Antes del evento, Trump despejó el horizonte de las criptomonedas al designar a Paul Atkins, partidario de estos nuevos tipos de activos financieros, como director de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC).
Bajo su liderazgo, la SEC retiró demandas contra grandes actores del sector, como las plataformas Coinbase y Kraken, lanzadas bajo el mandato de Joe Biden.
Horas antes de la cumbre, Trump también firmó un decreto que establece la creación de una "reserva estratégica" alimentada por unos 200.000 bitcoins incautados por la justicia estadounidense.
David Sacks comparó este nuevo fondo público, cuyo valor alcanza aproximadamente 17.500 millones de dólares al precio actual, con las reservas de oro estadounidenses en Fort Knox, donde el Presidente ha solicitado una auditoría luego de más de 70 años. Varias peticiones en el Congreso para auditar el oro de la Reserva Federal han quedado en un limbo.
La medida gubernamental es "uno de los mensajes de apoyo más significativos que la industria ha recibido", sostuvo Jacob Phillips, de Lombard Finance, una firma especializada en criptomonedas.
A pesar de que la Fed se opone a crear un dólar digital, la medida europea pone presión a la primera economía del planeta con esta apuesta.
Sin embargo, la estrategia de Trump va mucho más allá y trabaja ahora en dos elementos fundamentales adicionales como el oro y el petróleo.
Se espera que el valor del metal dorado siga en ascenso, cuando ya sobrepasó los 3.000 dólares. La Casa Blanca juega ahora con el valor del oro que se encuentra valorado en 42 dólares como reserva federal y que podría ajustarse a las circunstancias actuales, lo que permite a Washington utilizar ese gran respaldo para vender deuda estadounidense y así contribuir a bajar la inflación, balancear el dólar al alza y reducir el déficit público y fiscal de forma significativa.
La producción de petróleo es otro factor central en el magistral plan económico del nuevo inquilino de la Casa Blanca. Trump ha firmado varias órdenes ejecutivas para impulsar como nunca antes la perforación, la extracción y la exportación de crudo estadounidense. Ahora mismo, EEUU es el mayor productor y exportador de petróleo del mundo con gran diferencia: como promedio genera 13.58 millones de barriles diarios (b/d). Ningún otro país se ha acercado siquiera a los 12 millones de barriles diarios.
Es decir, Trump busca inundar el mercado internacional con petróleo estadounidense y romper las barreras que crea la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP y OPEP+) en su juego de precios y producción.
Contrario a las políticas de cambio climático del anterior gobierno demócrata que trajeron la histórica inflación, Trump aboga directamente por el fortalecimiento de las exportaciones, la producción nacional, la actividad manufacturera y reforzar la independencia energética mediante los combustibles fósiles
Si el estructurado plan económico de Trump sale como se espera, entonces tendrá en sus manos otra de sus prerrogativas de campaña: "Promesas hechas, promesas cumplidas"
FUENTE: Con información de AFP.
