La primera vez que Gerardo Sandoval tuvo una computadora al alcance de sus manos apenas contaba once años. Recuerda que quiso descubrirlo todo a la misma vez. Y cuando entendió de qué se trataba, entonces transformó el discernimiento en ilusión: Yo quiero aprender lenguaje de máquina, yo quiero saber lenguaje ensamblador, yo quiero conocer lenguaje de programación… yo quiero, yo quiero.

Te puede interesar

A Gerardo nunca le intimidaron los límites. Por eso lo primero que hizo fue exigirle más respuestas a su amiga. “Me dio un libro de Basic, que es uno de los lenguajes más sencillos que existen, pero que no deja de ser complejo -rememora-. Y me dice, cuando sepas, cuando te hayas aprendido todo este libro, vienes y te dejo que toques.

De cierto, nunca le permitieron ir más allá de aquella simple promesa hecha para calmar la inquietud de un niño curioso. Pero la chispa había estallado como un relámpago, y nunca más se apagaría.

Entre la medicina y la computación

En los años finales de la década del 90, los ordenadores en Venezuela alcanzaban la categoría de artículos de lujo. “Mi primera computadora costó cerca de 1.500 dólares, y era una cosa que hoy no podría correr ni siquiera Android”. Pero fue en verdad su primera gran herramienta, donde practicó los secretos de Basic, se ejercitó con dBase, un gestor de base de datos, y se familiarizó con Lotus, un programa de hoja de cálculo muy utilizado en esa época.

Sin embargo, la computación no estaba “programada” en su proyecto de vida. “Yo iba a ser médico -afirma Sandoval-. Estaba decidido. La computación era solo un hobby para mí”. Pero el destino tiene su propio curso. Está escrito, y es inviolable para el Hombre, aunque nunca termine por comprenderlo.

Aun no lo sabía, pero de poco valdrían sus extraordinarios resultados académicos, que le permitieron obtener el diploma de secundaria con apenas 14 años y le abrieron el camino hacia la universidad para estudiar medicina. Sus aspiraciones acabarían abruptamente el día que asaltaron su casa. Su padre residía y trabajaba fuera de la ciudad por una asignación laboral, Gerardo vivía solo y estudiaba, pero el atraco a la vivienda lo cambió todo. “Entonces interioricé mi vulnerabilidad. Era solo un niño”, acota.

Este imprevisto le alejó para siempre de la carrera de medicina, pero en cambio, lo puso en brazos de su verdadero futuro. “Jamás pensé que yo iba a terminar estudiando ingeniería de la computación”, evoca.

Nacimiento y caída de un empresario

Aquella circunstancia resultó ser el despertar definitivo para el empresario que reverberaba debajo de su piel. Sin alcanzar todavía los 18 años ya había dado vida a su primer esfuerzo como emprendedor, una academia de computación llamada Creative Computer Labs. “En ese momento programaba tres lenguajes y me preguntaba qué otra cosa hacer, porque no puede ser que esto sea todo de la computación”, se repetía a sí mismo.

Entonces llegó el Internet a Venezuela y con éste la gran oportunidad. Aunque no era un servicio disponible para todos, debido a su alto costo, entendió que “si tu profundizabas más en el conocimiento, podías flexibilizar las reglas en algunas cosas”. A partir de ahí comenzó un nuevo proceso de transfiguración que lo llevó a fundar IguanaHosting.com, la empresa de alojamiento web más grande de Venezuela.

“En 2005 llegué a mi techo. Nos convertimos en el número uno -explica-. Les dábamos el servicio a muchísima gente que hacia sitios web y llegamos a hospedar para ese momento 35.000 sitios web que era prácticamente poco más del 30% del mercado total”.

Pero esta vez ni siquiera lo intuyó, su éxito también fue su sentencia de muerte. El chavismo había puesto los ojos en Gerardo. Su empresa se había convertido en un problema político y estaban decididos a destruirlo. “Nosotros hospedábamos al menos 50 portales de noticias. Obviamente, había un porcentaje importante que hablaban en contra del gobierno. Empezaron a ver que todos estaban hospedados con nosotros”, detalla.

No tiene cómo olvidarlo. “En vez de cazar uno por uno, nos cortaron la cabeza a nosotros. Significó que yo nunca pude regresar a mi país. Esa situación me costó un exilio obligado”, revela.

Exilio y Growth Hacking, razones para un nuevo despertar

El día que tuvo delante a Sean Ellis, le preguntó “¿y cómo empaqueto yo esto para una pequeña empresa?”. Hablaba con el creador y CEO de GrowthHackers, una compañía tecnológica especializada en un campo relativamente nuevo en técnicas de mercadotecnia que se centra en el crecimiento de las empresas. Se refería al Growth Hacking, una estrategia cuyo principal objetivo es adquirir la mayor cantidad de usuarios o clientes mientras se gasta lo menos posible.

“No se puede. No tienen como pagarlo”, le dijo Ellis. Pero ya sabemos que, si de saltar dificultades se trata, a Gerardo nunca le fallan las fuerzas para intentarlo.

La turbulenta salida de Venezuela en 2014 le costó la desaparición de su empresa, la desestabilización del sustento familiar, el propósito de su vida. Debió reinventarse una vez más. Luego de acomodar a la familia en Miami y ofrecer su talento a varias empresas, decidió que era tiempo de hacer lo que sabía hacer. Sus enormes conocimientos y una vasta experiencia le respaldaban con seguridad.

La meta fue crear un procedimiento de Growth Hacking que pudiera aplicarse a los pequeños negocios. La idea rondaba su cabeza desde antes de conocer a Sean Ellis, sin embargo nunca permitió que aquella repuesta pesimista lograra desanimarlo. “Después de dos años logré desarrollar una metodología para hacerlo con small business, empecé con los dentistas”, señala orgulloso.

Sandoval piensa publicar muy pronto su primer libro, donde expondrá estos secretos. “Yo siento que si no libero esa información lo va a hacer otro -sostiene-. A fin de cuenta, yo lo que vendo no es el qué, es hacer el qué”.

Si bien la finalidad del Growth Hacking es producir crecimiento, hay modos de conseguirlo invirtiendo más dinero. Pero Gerardo tiene otra percepción sobre esto. “Nosotros lo que hicimos fue identificar la forma de hacerlo más eficiente en cada una de las etapas”, subraya. No solo descubrió el blueprint para especialistas de práctica dental, Sandoval también identificó la metodología para los abogados de inmigración, tema para otro próximo texto.

Empero, ni tantas vicisitudes, ni todo el éxito, podrán borrar el hecho de que su libertad, se lo debe a su esposa. Ella había planificado unas vacaciones y comprado el boleto de avión que los trajo a Estados Unidos. “Hoy día veo a mi familia, a mis hijos, y veo como está Venezuela; si no me hubiese salido en ese momento, después no hubiese tenido otra forma de escapar. No paro de dar las gracias a Dios, y a mi mujer, por haber comprado ese boleto en diciembre, justo dos días antes de que pasara todo”.

Aparecen en esta nota:

DLA Clasificados

 

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

¿Cree que EEUU debe aceptar la migración de Bahamas que busca refugio luego del desastre ocasionado por el huracán Dorian?

Las Más Leídas