Jorge Garrido es cubano, hijo y nieto de emigrantes. Su abuelo, original de un pueblo español llamado Fermoselle, emigró a Cuba a principios del siglo pasado. Su padre y él, nacidos en Guantánamo, emigraron a Estados Unidos. Después de una exitosa vida como publicista, Garrido se ha ido a Zamora, al pueblo de su abuelo, donde se dedica a la viticultura.

DIARIO LAS AMÉRICAS conversó con el empresario sobre su último emprendimiento, porque un cubano vinicultor de éxito en el país de los vinos tiene que ser noticia.

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La familia Garrido, como muchas otras, emigró a Estados Unidos a principio de los años 70. En EEUU estudió y se graduó de la Universidad de Miami y de Miami Dade College. Probó suerte en diversos trabajos, pero la mayor parte de su carrera profesional la dedicó a la publicidad. Creó en 1984 la firma Mingo-Jones-Garrido, una empresa subsidiaria de Mingo-Jones Advertising, la primera firma a nivel nacional de publicidad y mercadeo propiedad de afroamericanos y latinos, que en su máximo apogeo llegó a facturar 100 millones de dólares anuales.

A la pregunta de por qué una persona tan exitosa opta por irse a un pueblo español perdido en la nada, Garrido contestó: “Tengo la impresión de que esa era mi destino, desde pequeño mi abuelo me hizo sentir que yo era el nieto predilecto, domingo tras domingo me sentaba en sus piernas y repetía que me llevaría a Fermoselle a conocer la bonita aldea donde él había nacido. Nunca regresamos juntos, pero ese mantra fue como una brújula en mi cabeza que siempre indicaba el lugar de mis antepasados”.

Garrido viajó a España en los primeros años del 2000 y visitó muchas ciudades, pero en Fermoselle se le dio la oportunidad de adquirir una casa de más de 300 años que para sorpresa suya había sido del mejor amigo de su abuelo. La reconstruyó y además compró seis hectáreas de tierra con el objetivo de dedicarse a la vitivinicultura. “La casa que compré tenía una bodega tallada en piedras, una especie de cueva que antes se utilizaba para guardar el vino. En mi vida como publicista, los negocios los hacíamos en los mejores restaurantes con grandes comidas generalmente regadas por los mejores vinos del mundo. Adquirí una cultura del vino muy amplia que ahora tenía la posibilidad de poner en práctica y así hice. Estando en España me empecé a interesar en cómo hacer vino, en cómo va de la cepa a la botella. Y compré la tierra con viñedos centenarios de uvas Juan García. Esta variedad es autóctona de la zona de Zamora y Salamanca. De esta forma creé mi marca que llamé La Mansión Garrido, en honor a mis abuelos”, explicó el empresario.

El emprendimiento de Garrido que comenzó en 2002 acumula ya una experiencia de 14 vendimias. “La vendimia -la recogida de la uva- se hace alrededor de octubre, en algunos lugares más temprano -explicó-. Puedes podar en diciembre y algunas veces en febrero, siempre y cuando no hayan heladas. En nuestras tierras cumplimos con toda la rutina: podamos, escavamos la viñas, aramos, abonamos todos los años lo mismo en su ciclo que no se interrumpe y del cual extraemos el mosto para hacer el vino”.

Las grandes bodegas del vino copan los mercados mundiales con magníficos caldos. Los pequeños productores han tenido que diferenciarse buscando la exclusividad, cuidando mucho el proceso productivo para crear verdaderas joyas embotelladas. Tal es así que La Mansión Garrido se reestructura. Ahora dirige su producto a clientes exclusivos. “Nuestro mercado está compuesto por los coleccionistas privados. Estamos en conversaciones con banqueros inversionistas para hacer un proyecto de inversión, queremos producir un vino que su valor agregado sea la exclusividad. Nuestros caldos proceden de una uva centenaria muy rara, tenemos una denominación de origen poco común en el mundo, producimos solo 18.000 botellas al año. Tenemos todos los ingredientes para redirigir nuestras ventas a coleccionistas privados, solo 1.500 personas pertenecerán a nuestro selecto club”, relató.

La idea es que este vino con Denominación de Origen Arribes se venda en cajas de madera inventariadas y que cada cliente tenga que hacer una reserva exclusiva. “El precio de la botella será de 65 dólares. Vendrán enumeradas y queremos enviar a nuestros clientes un video donde detallamos todo el proceso productivo y además donde puedan contemplar la belleza singular de la zona de Arribes del Duero, un lugar donde las aguas y el tiempo han labrado un precioso cañón, que funge de frontera natural entre Portugal y España. Allí tenemos un clima privilegiado, del lado portugués de cultivan los vinos de Oporto y del lado español estamos nosotros”.

Al insistirle en cuál es la fórmula del éxito, qué secreto existe para que después de ese largo peregrinar terminé haciendo un magnífico vino, la repuesta fue simple: “Ante todo soy cubano”.

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