Dicen los historiadores de las comunicaciones que un 3 de diciembre de 1992 se envió el primer mensaje corto de texto (mundialmente conocido como SMS). Un joven programador, Neil Papworth, mandó un escueto “Feliz Navidad” a su colega Richard Jarvis desde su teléfono móvil.

Desde entonces han sucedido muchas cosas en el campo de las comunicaciones. Los mensajes fueron elemento clave de la adopción masiva de los móviles pasado el primer lustro desde su invención. A principios de siglo, comenzaron a enriquecerse con características multimedia (los llamados MMS). Y en los últimos 10 años su evolución ha sido descendente, superados por las redes sociales y las aplicaciones de mensajería instantánea.

Hoy casi nadie envía mensajes, al menos en los países occidentales. Sin embargo, los SMS siguen estando vigentes. Directamente, porque aún son empleados para diversas funciones, fundamentalmente comerciales. E indirectamente porque su misma idea y algunas de sus características están en la base de las mismas redes sociales y apps de mensajería.

No hay que olvidar que sólo en junio de este año se enviaron y recibieron más de 781.000 millones de SMS en Estados Unidos, según Statistics Brain. Existe todo un ecosistema de software que se basa en los mensajes de texto, desde herramientas de marketing hasta la banca electrónica y la gestión de proyectos.

Asimismo, aún hay países donde el SMS es la herramienta de mensajería predeterminada. Fundamentalmente en países en desarrollo, donde los teléfonos con funciones siguen dominando el mercado frente a los smartphones.

Por otro lado, el SMS creó una nueva forma de comunicarse basada en la combinación de teléfono móvil más texto. Su brevedad y concisión ha configurado todo un estilo que pervive en WhatsApp o Facebook. Y hasta hace poco, Twitter tenía como seña de identidad la limitación de los textos a 140 caracteres, tomada de los mensajes.

Y existen aplicaciones modernas, como por ejemplo MessageBird y Twilio, que permiten que cualquiera cree aplicaciones complejas que usan mensajes de texto como una forma de interacción. Y ambas parecen rentables: Twilio tiene unos ingresos de casi 280 millones de dólares. En resumen, el SMS ha logrado mantener su relevancia 25 años después de su creación y todavía tiene futuro por delante a pesar de la competencia, por lo que se puede decir que seguiremos “texteando” unos cuantos años más.

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