WASHINGTON.- Los trabajadores y los visitantes de la Casa Blanca no podrán acceder al Ala Oeste del edificio presidencial con sus dispositivos electrónicos privados a partir de la semana que viene, confirmó hoy la portavoz Sara Sanders.
WASHINGTON.- Los trabajadores y los visitantes de la Casa Blanca no podrán acceder al Ala Oeste del edificio presidencial con sus dispositivos electrónicos privados a partir de la semana que viene, confirmó hoy la portavoz Sara Sanders.
La medida que se aplicará en el ala en la que trabaja el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se debe oficialmente a motivos de seguridad. Sin embargo, en la práctica servirá para evitar que se filtre información confidencial a través de dispositivos privados como smartphones.
Los medios estadounidenses indicaron que durante el mandato de Barack Obama se aplicó una norma parecida, pero esta se limitaba solo a la Sala Roosevelt.
Se desconoce si la medida es aplicada luego de conocerse el libro del periodista Michael Wolff, que sale a la venta la semana que viene con el título "Fire and Fury: Inside the Trump White House", en el que el Presidente no sale bien parado.
En el fragmento publicado en la revista "The New Yorker", Wolff perfila la imagen de un equipo de campaña en el que prácticamente nadie creía en una victoria de Trump. Ni siquiera el propio empresario.
Wolff afirma que durante 18 meses entrevistó a 200 personas y asegura que más o menos tenía un asiento en un sofá en el ala oeste de la sede del Gobierno. La Casa Blanca lo niega y asegura que el libro contiene afirmaciones falsas y que conducen a error, realizadas por personas que no tienen acceso o influencia alguna, según señaló la portavoz de Trump, Sarah Sanders, que aseguró que el libro no es más que una sensacionalista "ficción basura".
Wolff describe una sede de Gobierno caótica, en la que al principio no estaban bien definidos los papeles a desempeñar pero sí había muchas personas disputándose la influencia. A Trump lo presenta como un presidente falto de disciplina, que ha perdido el sentido de la realidad y hasta es despreciado por sus más estrechos colaboradores.
Bannon figura en el centro de todas estas descripciones, pero sigue en el aire la imagen de un hombre empeñado en mover los hilos de tapadillo. Eso en sí no es nada nuevo. El propio Bannon se esforzó durante su época en la Casa Blanca en seguir cuidando la imagen de estratega sombrío.
Se refería a menudo a su oficina en el ala oeste como la "war room" la habitación de la guerra. En una pared colgaba una hoja con las promesas que Trump hizo durante la campaña electoral y que Bannon quería poner en marcha durante los 100 primeros días de presidencia.
FUENTE: dpa/redacción
