Resultados electorales sorpresivos, ha habido muchos, pero milagros no. Esta es la realidad con que nos encontramos en la recién celebrada elección presidencial. Un candidato “gris” que había aspirado numerosas veces a la presidencia, sin dejar rastro siquiera, de pronto se convierte en el candidato que más votos ha obtenido en la historia de los Estados Unidos. Tan poca esperanza de victoria ofrecía Joe Biden al campo Demócrata que el expresidente Barack Obama le pidió, gentilmente, que no aspirara a la presidencia. El diario The New York Times reportó, textualmente, las palabras del expresidente: “Tú no tienes que hacerlo, Joe (aspirar a la presidencia), realmente no tienes”. (Agosto 16 de 2019).

El milagro se puede apreciar mejor cuando colocamos referencias: En el 2008, Barack Obama, el presidente demócrata más popular en la historia, obtuvo 69 millones de votos cuando habían 229 millones de votantes registrados. En el 2020, Biden obtiene 10 millones de votos más que Obama a pesar de que el número de votantes solo aumentó 9 millones. Según estos resultados, Joe Biden es más popular hoy que Barack Obama en el 2008. La única explicación racional para este hecho, es que se ha producido un milagro político. Recordemos que Obama era tan admirado que hasta un Premio Nobel de la Paz le concedieron a solo días de ocupar la Casa Blanca.

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Evidentemente, la inesperada ola de admiración por Biden no tuvo en cuenta sus escándalos de uso indebido de influencia política en los casos de su hijo Hunter en Ucrania, China y Rusia, ni el de su hermano James recibiendo un contrato de $1,500 millones para fabricar casas en Iraq sin haber tenido antes experiencia alguna en construcciones.

Es un hecho que esta elección ha estado llena de sombras y dudas. En primer lugar hay que mencionar el envío de millones de boletas no solicitadas a todo el que aparecía registrado para votar. No importó que esas listas de los Departamentos de Elecciones no estuvieran actualizadas. Ese hecho significó que se le enviaron boletas a personas y familias que se habían mudado y ya no viven en la dirección del registro, a personas que fallecieron, a matrimonios que se separaron y viven en otro lugar, a personas que están presas y a los que por edad avanzada los movieron a centros de cuidado de ancianos. ¿Qué destino tuvieron esas boletas? Cualquier persona que las recibió pudo haberlas llenado y firmado con cualquier “garabato” y hoy ser parte de ese gigantesco número de votos que aparecen en los resultados. No ha habido ninguna verificación de firmas para esas boletas enviadas por correo masivamente. Por muchas seguridades que quieran dar los funcionarios electorales, este hecho es irrefutable.

Hay que enfatizar la diferencia con el voto ausente donde los votantes solicitan sus boletas y hay constancia que están viviendo en las direcciones del registro. El voto “por correo” fue el envío indiscriminado de millones de boletas sin saber nada de ellos. De ahí que aparecieran tantos votos de personas fallecidas o de personas nacidas hace más de 120 años. Simplemente sus hijos o nietos las llenaron y votaron por ellos.

Veamos otras “sombras”. En Georgia, un sólido estado republicano antes de esta elección, se han encontrado boletas sin contar en dos condados, Floyd y Fayette, con un total de más 5300 votos, la mayoría favoreciendo al Presidente. Se rumora que también hay boletas sin contar en otro condado. Además, durante el recuento que se está realizando, descubrieron que faltaban 3 tarjetas de memoria de las máquinas de votación en los condados Douglas, Fayette y Walton que contienen cantidades no especificadas de votos que no fueron contados.

Hasta este momento, el resultado de la votación presidencial en Georgia contradice los resultados de las votaciones para el Senado Federal que, generalmente, son semejantes. El Senador republicano Perdue sacó una ventaja al candidato demócrata Ossoff del 1.7% (más de 86 mil votos) y las dos contendientes republicanas, Loeffer y Collins, le sacaron una ventaja a la aspirante demócrata, Warnock, del 12.9% (más de 634 mil votos). Ambas contiendas eran primarias, pero mostraron claramente la inclinación de los votantes de Georgia. Significativamente, esa clara inclinación de los votantes no se reflejó en la contienda presidencial. Llamativo, ¿verdad?

En Michigan “alguien” se sorprendió de que en el condado Antrim, de fuerte voto republicano, Biden había ganado con una ventaja de 2,500 votos. “Alguien” se quejó y poco después se descubrió que un empleado de las elecciones había “manipulado” los escaners de boletas y resultados con una versión “ligeramente” diferente a la versión original de las boletas y produjo que “algunos” resultados no se correspondieran con el candidato correcto. Esa fue la respuesta oficial sobre “el problema”. Es inconcebible que “empleados” pudieran hacer “configuraciones” de los equipos de votación sin conocimiento ni consentimiento de las autoridades electorales. Después de este hecho, hay que preguntar: ¿De qué manera se puede verificar que empleados de otros cientos de precintos de votación en Michigan no hicieron también “configuraciones” en las máquinas de votación? Luego de “corregida” la configuración del empleado, resultó que el presidente Trump había ganado el condado Antrim por unos 2,500 votos.

Otra situación rara ocurrió en el Condado Maricopa de Arizona. Ese condado ha estado dominado por los republicanos desde 1948 y, en todo el estado, los republicanos superan a los demócratas por más de 100,000 votantes registrados. Es increíble que Biden le pueda ganar el Condado Maricopa al Presidente, como ocurrió, con una ventaja de más de 55,000 votos. Una notable referencia del por qué se pudo producir un resultado tan inconcebible la encontramos en lo que sucedió en las elecciones primarias de Arizona, en junio, cuando el Departamento de Elecciones del Condado Clarke, que incluye a la capital del Estado, envió masivamente boletas a todos los que aparecían en su registro y recibió la cantidad de 200,000 boletas devueltas por ciudadanos honestos que las recibieron “por equivocación”. Las personas a quienes iban dirigidas esas boletas ya no vivían en esas direcciones. Si en un solo condado de Arizona hubo ese volumen de boletas “regaladas” (alguien pudo haberlas votado), es fácil entender la posibilidad de que el volumen tan gigantesco de “votos emitidos” tenga en este ejemplo de la vida real la respuesta.

Si no fuera suficiente con los casos anteriores, veamos lo ocurrido en Pennsylvania donde también enviaron boletas, indiscriminadamente, a todo el que aparecía en los registros de electores. Allí fue algo diferente porque como hubo una demanda judicial para que separaran las boletas recibidas después de 3 días de terminada la elección, tuvieron que revisar las fechas en que fueron enviadas y recibidas las boletas por correo. Los récords de esas boletas son sorprendentes: Había más de 23,000 boletas con fecha de recibidas más tempranas que la fecha en que fueron enviadas. Otras 35,000 boletas tienen fecha de recibida el mismo día en que fueron enviadas. Otras 43,000 tienen cuño de recibidas a los dos días de enviadas y más de 9,000 no tienen fecha de enviadas ni de recibidas. No hay que ser un experto para adivinar lo que puede haber sucedido. Además, el Departamento de Correos de Pennsylvania certificó que la demora de recepción de la correspondencia en el Estado era de 2 días y medio.

Independientemente de estas anomalías en la elección, también hay dudas sobre una de las empresas que proveyó el software de las máquinas de votación. Los expertos en cibernética han dicho que los fabricantes del software usado tienen la capacidad de usar “back doors” (entradas al sistema sin ser detectadas por la pantalla) y que solamente una auditoría forense podría revelar esa actividad ilegal. Esta área de sombras también debía estar sujeta a una investigación seria porque la elección presidencial en los Estados Unidos es un acontecimiento de sumarísima importancia y trascendencia.

La conclusión es clara: No existen los milagros políticos, ni las popularidades repentinas. Existen hechos que las justifican aunque no haya tiempo ni voluntad para investigarlos y descubrirlos. Esta elección presidencial es la mancha mayor que cualquier elección haya tenido en la historia de los Estados Unidos. Vamos a tener un Presidente que gobernará bajo un gigantesco signo de interrogación, tan grande, como la Estatua de la Libertad.

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