LA HABANA, Cuba — A la mayoría de los norteamericanos les resulta muy difícil tener una imagen exacta de Cuba y del castrismo. Sean políticos, periodistas, artistas, intelectuales o turistas, en ellos, a la hora de opinar sobre Cuba y los cubanos, priman los estereotipos, las ideas preconcebidas, la superficialidad, el paternalismo, la noción del buen salvaje, el deslumbramiento por el paisaje, la gente, la música. En muchos, especialmente en los más liberales y de izquierda, hay subyacente un sentimiento de culpabilidad con cierta dosis de morbo.

Esas concepciones, que no varían ni siquiera cuando viajan a Cuba y entran en contacto con la realidad —y conste que no hablo de casos extremos como la Brigada Venceremos, Pastores por la Paz, Medea Benjamin y Gloria Rivas—, se han reflejado en películas, documentales y libros. Un ejemplo de ello es la novela Telex from Cuba, de Rachel Kushner, publicada por Scribner en el año 2008. En dicho libro, la autora, nacida en Oregon en 1968, narraba la vida de varias familias norteamericanas asentadas en la década de 1950 en las tierras pertenecientes a la United Fruit Company y la Nicaro Nickel Company, en el oriente de la Isla.

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Telex from Cuba fue muy bien acogido por la crítica y resultó uno de los libros más leídos en los Estados Unidos en 2008. El éxito de la novela, más que a sus cualidades literarias, se debió a que en aquel momento había en el mundo gran interés por Cuba y muchas expectativas sobre su futuro: hacía menos de dos años que Raúl Castro había sustituido a su hermano Fidel al frente del régimen y parecía que se producirían cambios irreversibles.

No es casual que en la novela, que se desarrolla en la época de la insurgencia que derrocó al régimen de Batista, sean más las referencias a Raúl Castro que a Fidel. Recordemos que Del Stites, el hijo mayor de una acaudalada familia norteamericana de Preston, se fuga de casa para unirse a la guerrilla que comandaba Raúl Castro en la Sierra Cristal. El joven deserta inmediatamente después del triunfo revolucionario, cuando presencia el primer fusilamiento.

No hay dudas de que Rachel Kushner, autora también de The flamethrowers (2013), es una buena escritora, diestra en recrear ambientes. En Telex from Cuba, los personajes, particularmente Everly Lederer y K.C Stites, son vívidos, conmovedores. Las descripciones rebosan belleza, poesía, sensualidad. La parte débil de la novela son los baches y las lagunas que la escritora tiene en lo referente a la historia de Cuba.

Aunque Kushner trata de ser objetiva, se le va la mano en el tratamiento romántico que da a los revolucionarios, en la descripción de personajes reales como Carlos Prío, en la importancia que atribuye a Clavelito —¿cuándo fue que Batista prohibió la santería y al curandero radial del “pon tu pensamiento en mí”?—, en el caricaturesco discurso antiamericano que atribuye a Fidel Castro en Preston, en la dramática evacuación de los norteamericanos en diciembre de 1958, que recuerda más a la retirada de Saigón que a lo que realmente ocurrió en Cuba al triunfo de la revolución.

Al parecer, las fuentes de Rachel Kushner (su madre, sus abuelos, sus tías), que vivieron en Cuba, a la hora de contar sus vivencias, fueron traicionadas por las añoranzas y el mucho tiempo transcurrido. Y sobre todo, por su incomprensión del país y su gente. El resto corrió a cargo de la imaginación y las nociones de Rachel Kushner sobre Cuba, que no difieren mucho de las de otros norteamericanos liberales, que se sienten culpables de todos los infortunios de Cuba, sin dar con el modo de remediarlos.

Kushner contrasta el modo de vida paradisíaco de los protagonistas norteamericanos de su novela con la miseria y el atraso de los cubanos antes de 1959. Pero exagera. No es que en Cuba no hubiese miseria, desigualdad e injusticias sociales. Si no hubiesen existido, no habría sido posible la revolución castrista. Pero no llegaban al extremo que refleja la escritora, donde Cuba sería no muy diferente del Haití de Duvalier.

Contra la credibilidad de la historia que cuenta Kushner conspira la inverosímil subtrama del aventurero francés Christian de La Maziere, exnazi devenido en suministrador de armas y asesor de los rebeldes castristas, y su relación con Rachel K —¿un guiño burlón de la escritora, un amago de alter ego suyo?—, la bailarina zazou que se hace amante de Fulgencio Batista para sacarle información con destino a Castro. Totalmente prescindible esa subtrama, es lo peor de la novela.

Pese a todo, Telex from Cuba es un libro hermoso, nostálgico, triste. Puede ser disfrutado por los que aspiren a algo mejor que los best-sellers de Danielle Steel. Pero, a pesar de lo que hayan dicho en su momento los críticos literarios, en cuanto al conocimiento de Cuba, no es mucho lo que aporta.

Por: Luis Cino. Cubanet

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