@ruiefe
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MIAMI.– Al presidente electo le ha salido un adversario inesperado. Los mismos extremistas que apoyaron a Donald Trump le están exigiendo ahora cuentas después de que el magnate inmobiliario comenzó a moderar sus posturas tras la victoria electoral.
En los medios de la derecha supremacista blanca se habla de una revuelta natural contra el mandatario electo si Trump se desvía un ápice de sus promesas electorales, reveló el diario británico The Guardian.
Para Jared Taylor, el editor de la revista American Renaissance, el magnate ya ha comenzado a retroceder en algunas de sus promesas que inflamaron a la extrema derecha. “Al principio prometió que iba a expulsar a todos los inmigrantes ilegales. Ahora ha comenzado a hacer marcha atrás”, se quejó.
Otros líderes supremacistas también se han quejado de que, a fin de cuentas, el muro en la frontera con México parece ser ya un espejismo, los musulmanes ya no serán prohibidos de ingresar a Estados Unidos y la política exterior pudiera no sufrir un giro tan agudo como fue propuesto durante la contienda electoral. Las quejas se hicieron evidentes a inicios de semana cuando un portavoz de Trump dejó sentado que la prohibición de entrada de los musulmanes ya no será un hecho basado solamente en creencias religiosas.
Por otro lado, el fundador de la revista digital Vdare.com, Peter Brimelow, considerado uno de los exponentes de la llamada ‘alt.right’ y que ha sostenido públicamente que los mexicanos tienen un plan para adueñarse de Estados Unidos, fue más radical: “Si Trump no cumple lo prometido, lo que se espera de él, creo que la derecha de la derecha está absolutamente preparada para una revuelta. Es lo que saben hacer”, afirmó.
El debate en los medios extremistas blancos, sin embargo, también ha abordado un ángulo que tiene preocupados a los demócratas pero que parece reflejar que la derecha se está dando cuenta de que el presidente electo también tiene una costilla pragmática. Si bien el triunfo del presidente electo les ha dado una bocanada de aire, los extremistas sostienen que el movimiento tiene todas las condiciones de crecer aún sin el apoyo de la Casa Blanca después del 20 de enero.
En los días siguientes a la victoria de Trump, un grupo de extremistas blancos desplegaron al saludo nazi a los gritos de ‘Heil Trump’ durante una conferencia en Washington DC. “Ninguno de ellos buscan trabajo en una administración Trump. No son gente leal al partido (republicano). Ellos saben perfectamente que se encuentran fuera del consenso del estamento político. Pero están habituados a un cierto estilo de combate guerrillero”, apuntó Brimelow.
El apoyo del presidente electo es de hecho poco probable porque Trump nunca nutrió, al menos públicamente, ningún cariño especial por los extremistas blancos. Rehusó su apoyo e, incluso, el del Ku Klux Klan. “No estoy aquí, ni quiero, para estimular a este tipo de grupos y, de hecho, los rechazo. No es algo que estoy interesado en estimular y me gustaría saber por qué ellos piensan que yo lo pudiera hacer”, dijo Trump en noviembre al The New York Times.
La razón parece ser simple. Los extremistas blancos saben que el movimiento desarrollado por Trump es como una cabeza sin cuerpo y están convencidos de que ellos pudieran ocupar ese cuerpo y, de paso, dotarlo de una cierta ideología en la cual, a todas luces, el mandatario electo no está interesado.
“Trump nunca ha sido un político sino un gestor económico. Los suyo no es ideológico es lo práctico, lo posible. Lo que dijo en la campaña fue para llegar a la Casa Blanca. Ahora viene la realidad”, admite sin ambages el presidente del ultraconservador National Policy Institute, Richard Spencer.
Aun así, de todos modos “yo creo que existe una conexión psíquica profunda con Donald Trump en un modo que no tenemos con la mayoría de los republicanos aunque no creo que él se encuentre asociado con el racismo o el antisemitismo. La extrema derecha muchas veces pierde su tiempo hablando de sí misma, es como una cabeza sin un cuerpo”.
