Sin dudas estamos viviendo uno de los períodos pre-electorales más polarizados e impredecibles en la historia norteamericana. Ni siquiera las entidades encuestadoras de opinión escapan al momento que vivimos. Las abismales diferencias en sus resultados, dependiendo de la inclinación política de las encuestadoras, muestran que no son confiables para emitir una proyección seria.

En términos objetivos, esta elección se va encaminando a un referéndum a favor o en contra del Presidente. El candidato demócrata, Joe Biden, representa, esencialmente, la alternativa a Donald Trump.

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El Presidente tiene de su lado los 3 años de éxitos económicos y laborales en los que redujo el desempleo a récords históricos y logró crecimientos económicos por encima del 2%. Tiene, además, el logro de haber terminado con la dependencia norteamericana del petróleo árabe. En su contra tiene la debacle laboral y económica causada por la pandemia del coronavirus, así como las altibajas que han ocurrido en los niveles de contagios.

Un tercer factor, los riots que tienen lugar en varias ciudades del país, comenzaron perjudicando al Presidente porque mostraban ingobernabilidad y disgusto por los abusos policiales de matiz racial. Pero, cuando se fue haciendo claro que no eran protestas motivadas por la desigualdad racial sino desórdenes y saqueos con objetivos de desestabilización política y generación de anarquía, las opiniones han cambiado.

Por otra parte, hay una diferencia notable entre esta próxima elección y la anterior del 2016: en aquella ocasión, Donald Trump era un neófito político y sin experiencia gubernamental. Su sorpresiva victoria, en aquel entonces, se basó en 2 factores: uno, el fuerte rechazo a Hilary Clinton en sectores demócratas disgustados con el trato a Bernie Sanders, y, dos, la habilidad de Trump para identificar la frustración de amplias masas de trabajadores de industrias muy perjudicadas con las regulaciones ambientales y que terminaron mudándose a China.

En esta elección hay un Donald Trump que, a diferencia de muchos otros presidentes, cumplió con la mayoría de sus promesas de campaña y que, poco a poco, fue reduciendo su uso compulsivo del Twitter y del nombramiento y destitución sucesiva de funcionarios. Un Presidente enfocado en los problemas nacionales y con un evidente celo por los intereses de Estados Unidos. Sin embargo, el sentimiento “anti-Trump” puede sacar a votar a muchos demócratas e inclinar la balanza a favor de Biden.

En términos numéricos, un análisis, estado por estado, es el que aporta una visión general muy valiosa para proyectar un ganador. En este aspecto podemos clasificar los estados como “sólidos para un partido”, “estados que tienden a un partido” y “estados indecisos”, basados en cómo han votado en ocasiones anteriores. Así:

Estados demócratas sólidos (con el número de votos electorales que aportan al ganador entre paréntesis):

California (55), Delaware (3), Washington DC (3), Hawai (4) Maryland (10), Massachusetts (11), New York (29), Vermont (3), Washington (12), Connecticut (7), Illinois (20), New Jersey (14), New Mexico (5), Oregon (7), Rhode Island (4) y Maine (3) que tiene 4 votos, pero con un Distrito que, usualmente, vota republicano (1).

TOTAL: 190

Estados que se inclinan hacia los demócratas:

Colorado (9), Michigan (16), Minnesota (10), New Hampshire (4) y Nevada (6).

TOTAL: 45

Estados republicanos sólidos:

Alabama (9), Alaska (3), Arkansas (6), Idaho (4), Kentucky (8), Nebraska (5), North Dakota (3), South Dakota (3), Oklahoma (7), Tennessee (11), West Virginia (5), Wyoming (3), Texas (38), Georgia (16), Indiana (11), Kansas (6), Louisiana (8), Missouri (10), Mississippi (6), Montana (3), South Carolina (9) y Utah (6).

TOTAL: 180

Estados que se inclinan hacia los republicanos:

Arizona (11), Florida (29), Ohio (18) y Maine (1).

TOTAL: 59

Esas proyecciones tienen su basamento en los resultados de varias elecciones presidenciales previas. Por ejemplo: Georgia. La han ganado los republicanos en las últimas 6 elecciones. Bob Dole 47% a Bill Clinton 45%; George Bush 54% a Al Gore 42%; George Bush 57% a John Kerry 41%; John McCain 52% a Barack Obama 47%; Mitt Romney 53% a Barack Obama 45%; Donald Trump 50% a Hillary Clinton 45%. La proyección de Georgia es, sin dudas, republicana.

En Arizona se repite la historia de Georgia. La ganó George Bush 2 veces, la ganaron McCain y Romney frente a Obama y la ganó Trump frente a Hillary (48% a 44%). Arizona debe inclinarse a los republicanos. Sin embargo, colocamos a Michigan y a Minnesota, que las ganó apretadamente Trump en el 2016, como inclinadas a los demócratas porque anteriormente habían sido sólidas por los demócratas. Lo más probable es que las ganen los demócratas aunque no descartamos que Trump pueda sorprender otra vez.

Ohio votó 2 veces por George Bush, 2 veces por Obama, y en el 2016, Trump la ganó con una ventaja significativa de 51% a 43%. La proyección debe ser semejante al 2016. Con Florida se repite, idénticamente, la historia de Ohio. Los analistas demócratas cometen un error, todos los años, cuando creen que el voto cubano ha cambiado. Lo que sucede es que las autoridades electorales identifican a los hijos y nietos de los cubanos como americanos. Sabemos que la mayoría de los descendientes cubanos votan como sus padres y abuelos. En Hialeah, la ciudad más cubana de EEUU, los cubanos votan como promedio 67% republicano. Con la adición de los venezolanos y colombianos, el voto republicano debe ser mayor en esta elección. Con los puertorriqueños de Orlando sucede algo interesante. A diferencia de los recién llegados de la isla, que son demócratas, los boricuas de la franja I-4 son mayoritariamente religiosos evangélicos que votan republicano. La Florida debe quedar, otra vez, republicana.

Así, llegamos a los Estados Indecisos:

Virginia (13). La ganaron los demócratas en el 2016 con 4% de ventaja. Aunque allí viven muchos militares y veteranos que pueden inclinarse por Trump, la cantidad de empleados federales de Washington DC que se han mudado hacia allí es enorme y creemos que vuelve a votar demócrata.

Wisconsin (10). La ganó apretadamente Trump en el 2016, pero es un estado difícil para los republicanos porque allí los sindicatos son muy poderosos. Creemos que regresa a votar demócrata.

Pennsylvania (20). La ganó Trump en el 2016 con 1.2% de ventaja. La causa del cambio a republicana se debió al fuerte desempleo en industrias del llamado “Rust Belt”. Trump puso mucho énfasis durante su campaña en traer de vuelta las industrias manufactureras que se llevaron los empleos a China y que dejó pueblos y ciudades de Pennsylvania “desoladas”. El haber cumplido su promesa le dio mucho crédito en ese estado. Creemos que la gratitud le pagará dividendos al Presidente en Pennsylvania.

Iowa. La ganaron los republicanos con facilidad en el 2016 (51.8% a 42.2%). Ese es un estado agrícola muy beneficiado con las políticas del presidente. Creemos que vuelve a votar republicana.

North Carolina. No entiendo por qué los analistas demócratas la ponen de su lado. En las últimas 5 elecciones el único demócrata que la ganó (apretadamente) fue Obama, en el 2008, a McCain (menos de 30,000 votos). Bush la ganó 2 veces con ventajas del 13%. Romney a Obama en el 2012 y Trump a Hillary en el 2016 (49.8% a 46.5%). North Carolina debe permanecer republicana.

Con esas proyecciones, el resultado debe ser:

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Tabla de posibles votos demócratas y republicanos, proyectada por Luis Zúñiga.

Tabla de posibles votos demócratas y republicanos, proyectada por Luis Zúñiga.

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