Desde que en 1993, en medio de los efectos que tuvo para la economía cubana el llamado “período especial”, el régimen de La Habana decidió despenalizar la circulación del dólar en la isla, la dualidad monetaria que se originó con esa medida en el país, comenzó a ser un dolor de cabeza para la mayoría de los ciudadanos que nunca han sido remunerados por su trabajo con otra moneda que no sea el peso cubano.
Sin embargo, y aunque resulte paradójico, a partir de esa fecha, los artículos de primera necesidad y los productos de higiene personal en Cuba, desaparecidos literalmente de la red de comercio minorista, comenzaron a aparecer, pero sólo para ser pagados con las divisas que los cubanos de a pie, nunca han ganado.
Comenzó en Cuba la era del dólar, a la cual solo tuvieron acceso en sus inicios, y en buena medida continúa siendo así, quienes tienen familiares residentes en el exterior, que les envían remesas.
Fuera de ese sector, los privilegiados que ocupan puestos de trabajo en el sector del turismo, forman parte del reducido grupo de personas que en Cuba acceden a los dólares o la moneda convertible, en medio de la paradoja de que todo lo prioritario solo se comercializa en divisas.
En medio de esa dualidad, tanto los residentes en la isla como los inversionistas con negocios radicados allí, permanecen a la espera de una reforma monetaria que el Gobierno anunció en 2013, con un plazo de 18 meses para ser ejecutada y que aún está pendiente.
Desde ese anuncio, los plazos se han ido corriendo sin que alguien logre precisar cuándo ocurrirá. Algunos consideran que en medio del acercamiento con EEUU, las autoridades de la isla han visto la posibilidad de aplazar la unificación de la moneda, para aplicar la medida cuando la situación del país se alivie a partir de la entrada de capital estadounidense.