MIAMIM.-BELÉN GONZÁLEZ
Especial
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El termino bruxismo se usa para identificar la costumbre, generalmente inconsciente, de apretar con fuerza los dientes superiores con los inferiores, moviéndolos de atrás hacia adelante y viceversa, sin propósitos funcionales.

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Este trastorno, que produce el desgaste de las piezas dentales, afecta tanto a los adultos como a los niños de ambos sexos, aunque con mayor incidencia en las féminas, según confirman estudios recientes. Aparece con mayor frecuencia entre los 17 y 20 años de edad, y en algunos casos presenta una remisión espontánea.

La palabra bruxismo viene del griego brükein que se traduce como rechinar, en este caso, de los dientes. Según los especialistas, su principal desencadenante es el estrés, aunque ciertamente factores como el tipo de alimentación, los hábitos del sueño, la postura, una inadecuada alineación de los dientes y, por supuesto, la incapacidad para relajarse pueden ser responsables de su desarrollo.

Experiencia dolorosa

En muchos casos el bruxismo pasa desapercibido ante la ausencia de síntomas específicos, por lo que regularmente se diagnostica por casualidad, durante una visita de rutina al odontólogo. Ahora bien, hay casos en los que el rechinar de los dientes es tan fuerte que el trastorno se hace evidente.

No se trata de una condición peligrosa. Sin embargo, puede causar lesiones dentales permanentes, así como dolor en la mandíbula, la cabeza o el oído. Esta sensación dolorosa se produce porque los dientes ejercen una presión excesiva en los músculos, los tejidos y las estructuras que rodean la mandíbula, llegando a causar con el tiempo problemas en la articulación temporomandibular.

El bruxismo se clasifica, por una parte, según la manera de rechinar los dientes. Es céntrico cuando la presión ejercida daña el cuello de los dientes, especialmente de los premolares; y excéntrico, o de frotamiento, cuando se afecta el borde incisal y oclusal de las piezas dentales, siendo los incisivos los más afectados. Ambos tipos pueden presentarse de forma simultánea.

Una segunda clasificación se hace considerando el momento de su aparición, siendo el primero en este caso el bruxismo del sueño, anteriormente llamado nocturno, que como su nombre lo indica es una condición onírica; y el bruxismo de vigilia o diurno, asociado principalmente a periodos de estrés laboral.

Finalmente, el bruxismo se clasifica según el grado de afectación en Grado I, cuando el trastorno es más bien leve y de carácter reversible, mientras Grado II es caracterizado por un hábito establecido y lesiones evidentes en las estructuras dentofaciales, y Grado III es el que implica un daño permanente.

Problema sin solución

Si bien es cierto que el bruxismo no puede erradicarse porque se trata de una disfunción del sistema nervioso central, generalmente involuntaria y difícil de prevenir, existen opciones de tratamiento que mejoran de forma considerable esta condición, especialmente cuando el trastorno es descubierto a tiempo.

En líneas generales, el tratamiento está orientado a la reducción del dolor, la prevención del desgaste de las piezas dentales y el daño permanentes en la mandíbula, así como a la disminución del rechinamiento de los dientes, con el uso regular de protectores dentales y férulas de descarga.

Estos dispositivos, cuya misión es proteger la dentadura de la presión, están hechos de resina, son rígidos y generalmente están diseñados para mantener la mandíbula en una posición más relajada.

Otra opción es el uso de porcelanas adheridas sin metal, que permiten la preservación de la totalidad de la estructura dental sin desgastarla, así como la reconstrucción de la forma y la anatomía que tenían las piezas dentales antes del inicio de su desgaste patológico. También se recomiendan a las personas afectadas por esta condición aprender a manejar los niveles de estrés, dormir al menos ocho horas diarias y propiciar un descanso reparador, hacer ejercicio de forma regular, y mantener una dieta balanceada.

Para aliviar el dolor:

  • Aplique hielo o calor húmedo en los músculos de la mandíbula inflamados.
  • Evite los alimentos duros, así como la goma de mascar.
  • Tome mucha agua.
  • Aprenda técnicas de relajación.

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