LA HABANA - Desde la prisión de Guanajay, en la provincia de Artemisa, el artista y preso político cubano Luis Manuel Otero Alcántara continúa desarrollando su obra como forma de denuncia y resistencia frente a la represión del régimen cubano.
La acción artística “Maferefun” fue realizada por colaboradores del preso político cubano como expresión simbólica de conexión espiritual y resistencia
LA HABANA - Desde la prisión de Guanajay, en la provincia de Artemisa, el artista y preso político cubano Luis Manuel Otero Alcántara continúa desarrollando su obra como forma de denuncia y resistencia frente a la represión del régimen cubano.
Recientemente, colaboradores del artista realizaron en La Habana el performance "Maferefun", perteneciente a la serie Momento cero.
La acción artística tuvo lugar en la barriada de Párraga y consistió en una marcha simbólica de decenas de figuras de santos, de distintos tamaños y colores, dispuestas a lo largo de una calle. La obra fue curada por la activista Anamely Ramos y contó con el apoyo de la revista independiente El Estornudo.
Según explicó Ramos en su perfil de Facebook, el propio Otero Alcántara concibió la pieza como un gesto de conexión espiritual y colectiva. “El santo que está en casa, en el altar, en alto o escondido en una urna, sale hoy a la calle en una marcha silenciosa pero potente. Nos enseña a estar conectados”, expresó el artista desde prisión.
“Nos enseña que, a pesar de los diferentes colores o tamaños, tenemos que salir y romper la vitrina de cristal”, agregó.
El preso político sostuvo además que “esa vela que encendemos al santico de la abuela para que todo salga bien es un faro que prendemos para iluminar el presente y el futuro”, y reflexionó sobre el papel de la espiritualidad en el contexto actual cubano: “Las religiones también están en crisis; lo espiritual sigue siendo una tabla de salvación”.
En un mensaje difundido en la página de Facebook del artista —gestionada por sus colaboradores— se señaló que Maferefun “se inserta en un contexto donde la libertad de Cuba está cada día más cerca”, y se subrayó que “el arte y la fe siguen siendo herramientas de resistencia para los cubanos”.
Ramos explicó que la obra surge de una serie de preguntas que buscan interpelar a la sociedad cubana: “¿Cómo desde una cárcel en Cuba se actúa sobre la realidad de un país? ¿Cómo, desde el espacio efímero del individuo, se impulsa una transformación?”. A su juicio, el performance transmite “un mensaje de cercanía y acompañamiento”.
La investigadora Hilda Landrove destacó también el sentido simbólico de la acción. “A veces lo que queda es convocar el milagro; sacar los santos a pasear y poner en ello el anhelo de lo que vendrá, para que la prisión y el destierro no sean el único destino”, escribió.
En un análisis sobre la obra, el Observatorio de Derechos Culturales señaló que Maferefun convierte la fe en un acto cívico: “Las figuras abandonan la vitrina y salen a la calle no como ornamento, sino como conciencia. La fe deja de ser refugio pasivo para convertirse en responsabilidad colectiva”.
Desde su encarcelamiento, Otero Alcántara ha denunciado que los presos políticos son utilizados como “moneda de cambio” por el régimen y ha cuestionado que, pese a la crisis que atraviesa el país, el gobierno mantenga tras las rejas a quienes disienten. “Apelo a la parte humana que pueda existir incluso en el peor de los sistemas”, expresó recientemente, al reiterar su llamado a una transición pacífica.
El artista fue arrestado en julio de 2021 cuando intentaba sumarse a las protestas antigubernamentales y posteriormente condenado a cinco años de prisión por los supuestos delitos de “ultraje a los símbolos patrios”, “desacato” y “desórdenes públicos”. Su caso ha sido denunciado por organizaciones internacionales como un ejemplo de la criminalización del disenso en Cuba.
Considerado uno de los presos políticos cubanos más conocidos a nivel internacional, Otero Alcántara ha recibido múltiples reconocimientos, entre ellos el Premio Internacional Václav Havel a la Disidencia Creativa, otorgado por el Oslo Freedom Forum, así como el premio de la Fundación Rafto. En 2021, la revista Time lo incluyó entre las 100 personas más influyentes del mundo.
Pese a su encierro, su obra continúa circulando dentro y fuera de Cuba gracias al trabajo de sus colaboradores y al respaldo de instituciones culturales y de derechos humanos.
FUENTE: Con información de Diario de Cuba
