Venezuela está cansada. Hastiada de Nicolás Maduro, el presidente incapaz, la sociedad está viviendo momentos difíciles, de tensión tremenda y eso se está reflejando cada vez más en las calles de Caracas y las otras ciudades del país.
Maduro, típico de su desconocimiento absoluto de todas las materias excepto de la inacabable estupidez, ataca el descontento de un pueblo que lucha, no por las comodidades que hace rato ya se perdieron, sino por las necesidades básicas
Venezuela está cansada. Hastiada de Nicolás Maduro, el presidente incapaz, la sociedad está viviendo momentos difíciles, de tensión tremenda y eso se está reflejando cada vez más en las calles de Caracas y las otras ciudades del país.
Son cada vez más las protestas, las acciones de calle, los jóvenes y los no tanto, que, descontentos, han dejado atrás el miedo y reclaman de forma pública el retiro de Maduro del poder. Las respuestas del ungido por Hugo Chávez Frías han sido predecibles, el mismo galimatías, las frases conocidas, la retórica del comunista trasnochado y, peor aún, la violencia.
La semana pasada, por ejemplo, fueron agredidos 19 periodistas y fotógrafos que intentaban cubrir las protestas de varias personas que a muy poca distancia del mismísimo Palacio de Miraflores pedían comida, debido a la severa crisis alimentaria que experimenta una nación que cuenta con enormes reservas petroleras.
Los manifestantes son golpeados y detenidos, y según alertan organizaciones no gubernamentales les son violados sus derechos, especialmente –y de forma muy preocupante- los más recientes, quienes son incluso torturados y llevados a prisiones, sin antes pasar por ningún tipo de proceso judicial. Así operan las dictaduras, los Gobiernos oscuros, los líderes insensatos y quienes consideran que los derechos humanos son cosas de tontos.
De esta forma, Maduro, típico de su desconocimiento absoluto de todas las materias excepto de la inacabable estupidez, ataca el descontento de un pueblo que lucha, no por las comodidades que hace rato ya se perdieron, sino por las necesidades básicas. Al menos eso cree el mandatario. Olvida una norma básica de la ciencia, que el fuego no se puede combatir con gasolina.
Decía Isaac Asimov, el famoso escritor ruso de ciencia ficción, que la “violencia es el último recurso del incompetente”. Y para infortunio de los venezolanos, Maduro es un incompetente violento.
