MIAMI.- Ni aún al principio de la “revolución” Fidel Castro despertó confianza en la cantante Celia Cruz, y en la medida que el dictador comenzó a mostrar los lineamientos de su forma de gobierno socialista, ordenando fusilamientos y quitándole sus pertenencias a mucha gente, “La Guarachera de Cuba” no dudó en darle un nombre al causante de tanto dolor en la isla: “el diablo”.

Para Omer Pardillo, albacea universal de la cantante que falleciera en el año 2003, Celia era una artista que no le gustaba hablar de política, pero cuando le mencionaban algún hecho ocurrido en Cuba, de inmediato saltaba diciendo que aquello era obra del diablo, “del diablo Fidel”.

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Celia Cruz, poseedora de un talento sin precedentes y un carisma que la convirtió en un ícono de la música a nivel mundial, murió sin volver a Cuba después de que abandonara el país caribeño en 1960, desencantada de los horrores cometidos por el castrismo.

DIARIO LAS AMÉRICAS conversó con Pardillo sobre lo que hubiera sentido Celia en estos momentos, tras el deceso del dictador cubano, su forma de verlo y los deseos que nunca pudo cumplir como otra víctima del régimen que ha mantenido oprimido al pueblo cubano desde hace 57 años.

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El albacea del legado de Celia Cruz, Omer Pardillo.
El albacea del legado de Celia Cruz, Omer Pardillo.

Frente a la muerte de Fidel Castro, ¿qué podría haber pensado Celia Cruz?

Yo estoy muy seguro de que Celia estaría muy aliviada; la palabra es alivio, y esperanzada en cuál será el cambio en nuestro país. Esperanzada de que esto marca el principio de muchas cosas y deja atrás lo que Fidel Castro representó, que fue sangre, fusilamiento, separación familiar; un país que en los años 50 estaba muy adelantado, y en vez de mantener ese comportamiento de crecimiento, retrocedió por muchísimos años. Yo creo que se sintiera como todo cubano. Nosotros no celebramos la muerte de Fidel Castro, nosotros estamos celebrando un cambio en nuestro país. Pero no podemos olvidar que la dictadura queda con Raúl Castro, y que puede seguir con los allegados a ellos, pero creo que al morir Fidel cambia definitivamente el panorama futuro de Cuba. Para Celia hubiera sido muy importante vivir este día. Desafortunadamente no lo pudo vivir, pero murió en libertad, como todo el mundo lo sabe, aunque su mayor deseo era regresar a Cuba. Cuando viajábamos a Colombia, por ejemplo, como siempre toca pasar por encima de Cuba, por el llamado "Corredor de Camagüey", ella miraba por la ventanilla del avión y exclamaba: “Estamos tan cerca, pero tan lejos”. Celia salió de Cuba en el año 60 y no pudo regresar a enterrar a su madre dos años después. Entonces tomó la decisión de no regresar a Cuba, mientras existiera la dictadura de los Castro.

¿Cómo visualizaba Celia a Fidel Castro?

El primer encuentro de Celia con Fidel fue por una invitación del director de la revista Bohemia, en La Habana. El señor Quevedo hizo una fiesta en su casa, era el principio de la “revolución”, Celia estaba con un pianista cantando y él llego. Obviamente, como él tenía una gran popularidad en ese momento, todo el mundo se le fue arriba, pero ella se quedó en su lugar. Después me contó que lo hizo así porque había algo en Fidel que no le daba confianza, y fíjate qué clara estaba al pasar de los años, porque en ese momento la mayoría del pueblo cubano creía en Fidel Castro. El segundo encuentro fue en el teatro Blanquita, también a inicios de la “revolución”. Había un show, y le dicen a Celia que Fidel estaba en el lugar y que querían que lo saludara. Ella le dijo al empresario que no tenía por qué saludarlo a él, “yo voy a hacer mi show normal”. Y lo que hizo fue ignorarlo, él estaba sentado a la izquierda y ella cantó para la derecha todo el tiempo. Pero en el plano personal siempre que había una noticia, o que hablábamos de él en lo íntimo, ella lo llamaba el diablo, porque ella creía que Fidel fue la desgracia que llegó a Cuba, la desgracia de la destrucción de nuestro país. Y ¿cómo se salía de los periodistas cuando le preguntaban qué pensaba de Fidel Castro? En los últimos 20 años ella dio una respuesta muy cómica: “Cuando Fidel Castro hable de mí, yo hablo de él”. Celia no fue una cantante política, pero siempre dijo la verdad de nuestra Cuba, de nuestra historia que solo la entendemos nosotros los cubanos, y agradecemos a todos los latinoamericanos que la entienden. Celia siempre intercedió por los cubanos. Una vez en México querían virar a unos balseros y habló con el presidente Carlos Salinas de Gortari, y gracias a su intervención no los devolvieron. Celia llevaba a Cuba muy dentro de su corazón.

¿Qué era lo que más anhelaba Celia de Cuba, de su infancia, de su adolescencia?

Ella salió de Cuba a los 35 años. Triunfó allí. Ella conoció el glamur de La Habana de los años 50 y después de ver esa destrucción que fue pasando con los años, era lo que más añoraba, la Cuba de antes de la “revolución”, esa época de oro de la Sonora Matancera, que tenía 15 y 20 presentaciones en un solo fin de semana. Era una Cuba donde había mucho dinero, mucha riqueza, mucho turismo. De su niñez siempre me contó que su familia era muy humilde. Celia siempre tuvo un valor enorme que yo le reconozco: mujer, negra, pobre, que sale de una isla y conquista el mundo. Celia se hizo sola, no tuvo aquel padrino que la ayudara. Fue una mujer muy positiva, hasta a su propia enfermedad le miró el lado positivo. Fue una artista que subió a lo más alto, pero se quedó con los pies en la tierra.

Pasando a Omer Pardillo, también cubano, víctima del castrismo, ¿cómo recibe la muerte del dictador Castro?

Yo estaba en Colombia, en el Festival Internacional de la Música, en Tunja, Boyacá [centro del país], y en ese momento estaba Amaury Gutiérrez en concierto, recibo una llamada de una amiga de Miami, eran las 11:30 de la noche. Mi amiga me dijo que llamara a Willy Chirino. Te juro que yo no podía ni escribir en el teclado del teléfono porque los dedos me temblaban. Cuando confirmo la noticia más tarde, los policías colombianos pensarían que yo estaba loco porque salté de alegría. Pensé enseguida en el sufrimiento de mis abuelos, de mi familia, de Celia, y el de muchos exiliados que nunca pudieron regresar al país. Y eso para mí marca un capítulo importante en la historia de Cuba.

¿Cuál es la historia de la salida de Omer Pardillo?

Yo salgo de Camagüey con 10 años sin mi madre. Mi padre ya estaba aquí en Estados Unidos. Salí con el obispo de mi pueblo. Para mí fue muy duro separarme de mi madre teniendo apenas 10 años. Ella vino un año después, pero eso me marcó para toda la vida. Mi historia es la menos dura. Por ejemplo, Willy Chirino salió sin sus padres y estuvo dos años en un orfelinato en EEUU. El exilio está marcado de muchas historias difíciles. Nosotros tenemos la gracia de estar aquí contándolo, pero muchos hoy no pueden hacerlo. No quiero sonar político, pero el Estrecho de la Florida no es azul, es rojo, de la cantidad de sangre cubana derramada por alcanzar la libertad.

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