MIAMI.- Manuel “Manny” Morales, jefe del Departamento de Policía de Miami (MPD), celebró este 4 de marzo un hito personal: 32 años de vida institucional. Su retiro definitivo, previsto para octubre, cerrará un capítulo y abrirá la puerta a una eventual etapa política que el oficial no descarta.
En entrevista exclusiva con DIARIO LAS AMÉRICAS, Morales recordó sus inicios en 1994. Por aquel entonces, el oficial recorrió vecindarios bajo el fuego de las pandillas. Eran días oscuros para la "Capital del Sol", con registros que superaron los 200 homicidios y los 4.000 asaltos anuales.
En círculos políticos locales, el interés por su figura crece día tras día. El jefe policial afirmó que su compromiso con los ciudadanos es inquebrantable y que su "alma pertenece a Miami", urbe donde cosechó los mayores éxitos profesionales.
Tras el anuncio de su jubilación definitiva, las especulaciones sobre el futuro político de Morales apuntan con insistencia hacia una candidatura por el distrito 4 de la Comisión de Miami.
Su perfil técnico y su arraigo comunitario lo posicionan como un aspirante natural para este escaño, además de que vive en esa circunscripción, lo que representaría una transición directa desde la seguridad pública hacia la actividad legislativa.
El líder policial es hijo de exiliados cubanos y veterano del Ejército de los Estados Unidos. En 1989, participó en la invasión a Panamá como policía militar, experiencia que forjó en él una visión estratégica integral.
El deseo más profundo de Morales, de acuerdo con sus palabras, es la exportación del "modelo Miami" a una Cuba democrática. De allí que sea su voluntad liderar la reforma de la fuerza pública en la isla una vez que esta alcance la libertad.
Su meta es clara: acceder al cargo de primer jefe de una Policía de La Habana libre. La profesionalización de la seguridad en la tierra de origen de sus padres (él nació en Puerto Rico) representaría el “máximo honor de su vida” y “el cierre perfecto” para su carrera de servicio público.
- Se cumplen 32 años desde que usted inició esta carrera de ayudar a la comunidad en su seguridad. ¿Qué impresión le deja todo lo que ha representado la Policía en su vida durante ese tiempo?
Son tantos recuerdos. Lo que llena mi pensamiento en estos momentos es la gratitud que tengo hacia esta ciudad. Se lo digo a todo el mundo que esté dispuesto a escucharme: todo lo que tengo —la casa donde vivo, la comida que le doy a mi familia, los lujos que nos hemos podido dar, las vacaciones— todo se lo debo a la ciudad de Miami, al Departamento de Policía y a los ciudadanos que me han permitido servirles durante 32 años como oficial de la ley.
- Se dice fácil, pero son más de tres décadas. ¿Cómo ha evolucionado la ciudad de Miami en materia de seguridad? ¿Cómo recuerda sus primeros tiempos en el departamento?
Creo que es más fácil explicárselo con datos. Cuando empecé en este departamento en el 94, ese año tuvimos casi 200 homicidios y —escucha esto— 4.000 robos y asaltos a personas. El año pasado, cerramos con 27 homicidios y menos de 350 robos. En este tiempo, la ciudad ha crecido: hay más gente, más visitantes, muchos más negocios y actividad. Todo eso se debe, en gran parte, a la base de seguridad que hemos construido; la gente tiene la paz mental de saber que, si vienen a Miami a visitar o a hacer negocios, van a estar sanos y salvos.
- A Manny Morales le tocó vivir aquella época de la guerra entre colombianos y cubanos por el control del narcotráfico en Miami…
Cuando yo llegué, las drogas estaban todavía en todos lados, pero el conflicto principal era entre las pandillas haitianas y los grupos afroamericanos en Liberty City. Ahí pasé mis primeros cuatro años, en el Distrito Norte. Había tiroteos todos los días y homicidios una o dos veces por semana; era una locura lo que se vivía en las calles. Lo que me sorprende hoy es manejar por áreas donde los recuerdos me dan un "golpe" de realidad. Recuerdo cómo estaba esto antes. Aquí mismo, en el Design District, lo que había eran edificios vacíos, pocos negocios que cerraban a las cinco de la tarde y calles llenas de desamparados y narcóticos. El cambio ha sido increíble; ahora es una de las zonas comerciales número uno del mundo, con tiendas como Louis Vuitton, Balenciaga o Gucci. Es increíble verlo.
- ¿Cómo fue escalando posiciones aquel muchacho que comenzó en la policía hasta llegar a dirigir uno de los departamentos más reconocidos a nivel nacional?
Primero que todo, me siento bendecido. El Señor me sonrió en mi vida personal y profesional. Lo segundo fue preparación y suerte. Desde temprano tuve la aspiración de subir de rango. En el 2001 ascendí a sargento; hice trabajo encubierto combatiendo las drogas y el crimen violento en la calle. En el 2007 ascendí a teniente y tomé el mando de la unidad antipandillas cuando las cosas todavía estaban calientes, pero ya se sentía el cambio en la ciudad. En el 2009 fui capitán, en el 2010 comandante, en el 2016 mayor, en el 2018 suboficial jefe y en el 2021 jefe de la Policía. Ha sido el honor de mi vida servir en este departamento donde crecí. He pasado más de la mitad de mi vida con este uniforme.
- Ya usted anunció su retiro. ¿A qué se va a dedicar? ¿Qué pasará con su uniforme y con su trabajo comunitario? Hay rumores de que aspira a ser comisionado, algo que ha generado revuelo político.
Este trabajo, especialmente como jefe, tiene una demanda increíble. Desafortunadamente, hay que tomar decisiones difíciles, y una de ellas es sacrificar el tiempo personal y con la familia para poner el cuerpo, la mente y el espíritu en la línea del deber. Lo primero que haré tras el retiro es dedicarme a mi bienestar personal para poder disfrutar de los años que vienen. Quiero vivir más de los 32 años que le entregué a la ciudad. Pero también quiero seguir involucrado. Hay mucha necesidad en el mundo policial, tanto en Estados Unidos como en otros lugares que necesitan modernizar sus departamentos. El modelo de vigilancia de Miami es algo que debe repetirse: cómo redujimos el crimen, cómo aumentamos la confianza del público y el cariño de la comunidad hacia nosotros.
- Usted dice que quiere dedicarle tiempo a la familia y a otras actividades como consultor, pero hay gente del mundillo de la política que le ha propuesto aspirar a la Comisión municipal. ¿Qué piensa de eso?
El deseo de mi corazón siempre me llevará a trabajar por nuestra comunidad. ¿En qué aspecto o carrera? No lo sé todavía, es muy pronto para saberlo. Lo que sí le aseguro es que Miami está en mi alma. Esta ciudad me lo ha dado todo y haré lo que sea necesario para asegurar que siga siendo segura, sana y próspera. Hay gente que está tratando de convencerme de seguir en el servicio público. En este momento estoy concentrado en reactivar la conexión con mi familia, pero ya veremos qué trae el futuro.
- Desde su perspectiva, ¿qué le cambiaría a esta ciudad? ¿Hacia dónde apuntaría una gestión suya en otra posición?
Hemos tenido grandes resultados combatiendo la violencia, y eso nos da la oportunidad de enfocarnos en cosas que antes no podíamos atender. Una de las quejas principales de los residentes es el tráfico, las violaciones de tránsito y el ruido excesivo de los autos; cosas que afectan la calidad de vida. También debemos avanzar en los programas para las personas desamparadas, asegurar que la ciudad esté limpia y que haya viviendas asequibles. Hay mucho por hacer. El próximo líder del departamento tendrá que aprender nuestra cultura y llevar esto al próximo nivel.
- ¿Debería promoverse a alguien interno o traer a alguien de fuera para la posición que quedará vacante?
Esa decisión es del administrador de la Ciudad. Pero te digo que internamente hay muchos individuos con la calidad, el conocimiento y el deseo de seguir impulsando al departamento en la dirección correcta, asegurando la ciudad, reconectando con la comunidad y cuidando el bienestar de nuestros oficiales.
- ¿Qué legado deja tras estos años al frente de la institución?
Primero, las vidas que hemos salvado. Redujimos los homicidios en un 43%, los tiroteos en un 42%, los robos en un 25% y los asaltos agravados en un 12%. También logramos una reducción del 25% en delitos contra la propiedad, como robos a casas y de vehículos. Creamos una nueva estación este año, el Distrito Este, para dar más servicio comunitario en el centro urbano (Edgewater, Downtown y Brickell). Implementamos el uso de drones y, algo muy importante para mí, instituí un programa de terapia obligatorio: todos los años, cada oficial y empleado civil debe sentarse con un psicólogo para procesar los problemas que enfrentamos. El bienestar del cuerpo ayuda al bienestar de la mente y eso nos permite servir mejor al público.
- Usted ha vivido gran parte de su vida en Miami, pero ha dicho que no olvida sus raíces cubanas y ha luchado por la libertad de la isla. ¿Cómo analiza lo que se está haciendo por lograr una Cuba libre del comunismo?
Yo siempre digo: soy "hecho en Puerto Rico con piezas cubanas". Toda mi familia es de Cuba y la conexión que siento con la isla es increíble, aunque nunca la he visitado. Mi papá era de Holguín y mi mamá de La Habana. Mi padre salió de Cuba en los años 60 y trabajó en Radio Mambí; siempre fue locutor y en su corazón siempre tuvo el deseo de ver una Cuba libre. Él me enseñó a nunca apoyar a ese régimen cruel que ha destrozado nuestra isla. Mi madre fue enfermera. El servicio está en nuestra sangre.
- ¿Estaría dispuesto a ir a Cuba si fuese libre?
Sería un sueño. Antes de entrar a la policía de Miami, serví en el Ejército de los EEUU como policía militar. En 1989, durante la Operación Causa Justa en Panamá, mi misión fue entrenar a la nueva policía tras la caída de Manuel Noriega. Mi sueño sería ser parte de ese equipo de transición para reformar la policía cubana. Ser el jefe de la Policía de Cuba o de La Habana, descentralizarla y llevar la paz y la seguridad que hemos logrado en Miami a la patria de mis padres. Eso sería un sueño hecho realidad. Si alguien me está escuchando [leyendo] allá afuera: estoy disponible, estoy listo y tengo el conocimiento necesario para enderezar ese sistema y convertirlo en un departamento democrático.