MIAMI. — El Departamento de Salud de Florida reportó 63 casos de chikungunya en el condado Miami-Dade durante el periodo del 1 al 31 de enero, una cifra que supera los registros históricos mensuales y evidenciaría el impacto directo de la crisis sanitaria que atraviesa Cuba.
Especialistas de la salud atribuyen este aumento al retorno masivo de residentes que visitaron la isla durante las celebraciones decembrinas, en medio de lo que organismos internacionales ya califican como una "sindemia" o coexistencia simultánea de múltiples virus en el país insular.
Estadísticas
Los datos oficiales revelan una desproporción geográfica que confirmaría la ruta de entrada del patógeno. Mientras Miami-Dade contabilizó 63 infecciones, los condados vecinos de Broward y Palm Beach apenas sumaron cuatro y tres casos, respectivamente.
Esta concentración en el epicentro de la diáspora cubana validaría la correlación con los viajes a la isla, sobre la cual los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) mantienen un aviso de salud de Nivel 2.
Además del Chikungunya, el reporte sanitario de enero incluye 23 casos de neumonía y ocho de influenza en Miami-Dade, cuadros que a menudo complican la salud de viajeros con sistemas inmunes debilitados por el estrés del desplazamiento y la exposición viral.
Diagnóstico clínico
El epidemiólogo Jorge Martínez, en declaraciones a DIARIO LAS AMÉRiCAS, analizó la situación y confirmó la naturaleza externa del brote. Para el especialista, la conexión es innegable dada la situación en la nación caribeña.
"En Cuba hay una epidemia bien grande de Chikungunya. Sabemos la relación de nuestra comunidad de Miami-Dade con Cuba", explicó Martínez.
El cuadro clínico de los pacientes que arriban al Aeropuerto Internacional de Miami presenta patrones distintivos que los diferencian de una gripe común. Según el galeno, la afectación articular resulta inmediata y visible.
"He visto pacientes después de haber ido a Cuba y vienen con inflamación de las articulaciones", señaló el experto, quien añadió que al realizar la anamnesis o entrevista clínica, "te das cuenta que habían estado en Cuba una semana o dos semanas antes".
Barreras estructurales
A pesar de la alta carga viral que ingresó al sur de la Florida en enero, el riesgo de una transmisión autóctona sostenida —donde mosquitos locales piquen a enfermos y propaguen el virus a personas que no viajaron— permanece bajo.
"La posibilidad de que esto se expanda o incluya una epidemia dentro del propio Miami-Dade es muy difícil", aseguró Martínez, para quien la infraestructura de las viviendas en Estados Unidos actúa como un "cortafuegos" epidemiológico.
El especialista contrastó la realidad de ambas orillas, apuntando a la climatización como factor clave de contención.
"Aquí el control de vectores es mucho mayor. Las personas tienen aire acondicionado, están casi siempre dentro de sus casas", detalló.
Esta barrera física rompe el ciclo de transmisión vector-humano que en Cuba, por la crisis energética y la falta de insumos de fumigación, ocurre sin control.
Amenaza silenciosa
El virus, cuyo nombre proviene de la lengua makonde y significa "aquel que se encorva", preocupa a la comunidad médica no por su letalidad, sino por sus secuelas incapacitantes a largo plazo.
"Existe una respuesta inmune que termina atacando principalmente las articulaciones", advirtió Martínez, refiriéndose a la artritis crónica que puede persistir meses después de la infección inicial.
Para el manejo de estos pacientes, el especialista ofreció recomendaciones que van más allá de la farmacología tradicional, sugiriendo cambios en el estilo de vida para reducir la inflamación sistémica.
"Traten de coger sol, comer sano, tratar de no comer azúcar. Las cosas inflamatorias van a incrementar más las inflamaciones", aconsejó.
Sin embargo, la sentencia final del especialista apela a la prevención básica como única herramienta infalible: "Manténgase alejado de los mosquitos; si no hay mosquito, no hay enfermedad".