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MIAMI.- Cuando se fundó la Arquidiócesis de Miami, el 7 de octubre de 1958, no pasó mucho tiempo para que el sur de la Florida empezara a tener una mayor presencia hispana a raíz de la ola de migrantes que generó el descontento por la llegada de Fidel Castro al poder en Cuba, el 1 de enero de 1959.

Así lo manifiesta el arzobispo de la Arquidiócesis de Miami, Thomas Wenski, para quien la comunidad hispana, que se acrecentó con la salida de miles de cubanos que huyeron de la dictadura implantada por el castrismo, ha estado “estrechamente ligada” al afianzamiento de la Iglesia católica en esta región de los Estados Unidos.

Es tal la convicción del prelado que –afirma– “no podría entender el sur de la Florida sin tomar en cuenta la presencia de la Iglesia”. Pero también exalta, sin recurrir a ninguna anotación en papel o en algún dispositivo digital, que “el nacimiento de DIARIO LAS AMÉRICAS, en 1953, sirvió de gran apoyo para esta comunidad”.

Y añade, para darle un mayor énfasis a su premisa: “Yo creo que la participación de la Iglesia en el sur de la Florida ha contribuido a ese crecimiento, pues fue nuestra arquidiócesis la que abrió sus manos para dar la bienvenida a olas de refugiados y emigrantes, primero de Cuba, pero después de Haití, Nicaragua y otros países”.

Creyente acérrimo de la “divina providencia”, Wenski también está convencido de que la creación de la arquidiócesis, que cumple 60 años por estos días, no fue una “casualidad” ni un “evento” al margen de la realidad. Por tanto, –cree– la institución religiosa se formó “a tiempo para estar en posición de darles la bienvenida a todas esas personas que dejaban su tierra y sus familias”.

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Después vendría lo que el arzobispo Wenski llama “el gran reto pastoral”, que consistió en “saber acoger” a toda esa gente que “buscaba una nueva vida”, con lo que se configuraba una “nueva Miami que tiene y ha tenido una presencia hispana muy fuerte”.

Con ese fenómeno migratorio en marcha, que disparó el número de la población en las principales ciudades del sur del estado, se hizo necesario que abrieran sus puertas alrededor de 30 nuevas parroquias en la década de los años 1960.

En el caso cubano, 40 años después de la “revolución castrista” el 15 por ciento de la población había abandonado la isla. Gran parte de esa oleada de migrantes hoy tiene asiento en los Estados Unidos, especialmente en el sur de la Florida, sobre todo en Miami y Hialeah, en donde la lengua predominante es el español.

En otros momentos de la historia de las últimas seis décadas también se han registrado migraciones hacia Estados Unidos desde Nicaragua, Colombia y Haití, entre otros países, y la más reciente es originaria de Venezuela, con motivo de la crisis humanitaria y política desatada por la dictadura chavista. Por su posición geográfica y ventajas en razón al idioma, Miami y el conjunto de localidades del sur de la Florida constituyen la zona que más personas recibe de esas naciones.

Sin embargo, Wenski considera que si algo se puede destacar de los éxodos que han encontrado un espacio en esta parte de los EEUU es el deseo de superación que han demostrado las miles de personas de esos países, que –en su propias palabras– “han fortalecido la economía”, al tiempo que son “el sustento de todas esas familias que quedaron atrás”.

“Las comunidades de estos países no se han olvidado de sus familiares y vecinos en sus países de origen, y siguen ayudándolos a través de las remesas, y juegan un rol activo en la política de este país, y podemos decir que la Iglesia ha caminado junto a este pueblo de Miami”, anotó.

Debido a la gran cantidad de inmigrantes, las misas se ofrecen en por lo menos una docena de idiomas en los templos de la arquidiócesis, que cuenta con dos escuelas para discapacitados, 73 escuelas, dos universidades y dos seminarios, además de algunos medios de comunicación en radio, prensa y televisión.

Wenski, que habla inglés, español y creole, considera “muy importante” que el mensaje de la Iglesia pueda llegar a la gente en su propio idioma. Por eso, el prelado aprendió español en su etapa de seminarista y, poco después, creole durante 18 años de su vida pastoral en contacto con la comunidad haitiana.

“Aprendí español escuchando radio, sobre todo radio cubana en Miami, en los años 60, y de paso me convertí en una persona que gusta del café cubano”, aseguró.

El prelado no imagina su vida fuera de los “linderos de la Iglesia”, aunque dice estar preparado para presentar su carta de renuncia al papa de turno cuando cumpla 75 años de edad, como lo establece el reglamento interno. Tampoco se ve ocupando un cargo en El Vaticano porque –afirma entre risas– “ya estoy muy viejo para aprender italiano”.

Seis décadas de historia

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<p></p>Saint Mary es la catedral de la Arquidiócesis de Miami y, como tal, la principal iglesia católica de esta ciudad.<p></p>

Saint Mary es la catedral de la Arquidiócesis de Miami y, como tal, la principal iglesia católica de esta ciudad.

La Arquidiócesis de Miami es un distrito religioso de la Iglesia Católica Romana en los Estados Unidos, cuya jurisdicción incluye los condados de Broward, Miami-Dade y Monroe, en el estado de la Florida.

La arquidiócesis es la sede metropolitana de la Provincia Eclesiástica de Miami, y su arzobispo, Thomas Wenski, también sirve como pastor de la Catedral de Saint Mary, que es la “iglesia madre” de la arquidiócesis.

Dentro de la jurisdicción de esta arquidiócesis sirven 428 sacerdotes, 160 diáconos permanentes, 50 hermanos religiosos y 300 hermanas religiosas, que son miembros de varios institutos religiosos, para una población católica de un millón 300.000 feligreses en 118 parroquias y varias misiones.

La arquidiócesis opera varias organizaciones de servicios sociales que incluyen dos hospitales, nueve centros de salud, tres hogares para ancianos y dos cementerios.

Las organizaciones benéficas incluyen refugios para personas sin hogar, servicios legales para personas de escasos recursos, un ministerio de VIH/SIDA y los ministerios para los pobres de las Misioneras de la Caridad y la Sociedad de San Vicente de Paúl.

La Arquidiócesis de Miami también cuenta con una organización llamada Caridades Católicas, que es sin fines de lucro y es el mayor proveedor no gubernamental de servicios sociales para los necesitados en el sur de la Florida.

Como una diócesis en sus inicios, el distrito religioso fue creado el 7 de octubre de 1958, con Coleman Carroll como su primer obispo. Incluía los 16 condados del sur de Florida, con una población católica de 200.000 feligreses y abarcaba la mitad del área del estado.

Menos de un año después de la creación de la diócesis, Fidel Castro llegó al poder en Cuba, hecho que provocó un éxodo masivo de exiliados cubanos al sur de la Florida, aumentando la membresía de la Iglesia en la región.

El Catholic Welfare Bureau, creado por Carroll, desempeñó un papel importante en ayudar a estas oleadas de inmigrantes cubanos. Entre 1960 y 1962, alrededor de 14.000 niños cubanos fueron enviados a los Estados Unidos. La Operación Pedro Pan, creada por monseñor Bryan O. Walsh, colocó a los menores con amigos, familiares o con la Oficina de Bienestar Católica. En 1996, el Catholic Welfare Bureau cambió su nombre a Caridades Católicas.

Debido al aumento de la población, la diócesis se dividió en 1968. Así ocho condados se convirtieron en parte de la Diócesis de San Petersburgo y la nueva Diócesis de Orlando, mientras que la de Miami fue convertida en una arquidiócesis por el Papa Pablo VI.

Carroll fue nombrado arzobispo el 2 de marzo de 1968 y participó en las reformas de la iglesia durante el concilio Vaticano II como uno de los padres del cónclave. Durante las luchas por los derechos civiles de los años 60, Carroll influyó para frenar las revueltas raciales que se registraban en Miami y la segregación en las escuelas católicas aproximadamente 10 años antes que el resto del estado.

Más tarde, Carroll convirtió en fundador de la Junta de Relaciones Comunitarias, que trabajó para "sofocar oleadas de malentendidos, discriminación y descontento que a menudo amenazaban con inundar la comunidad multiétnica del sur de la Florida".

Tras la muerte de Carroll el 26 de julio de 1977, el obispo Edward Anthony McCarthy fue nombrado arzobispo de Miami, quien supervisó la construcción del Centro Pastoral para la arquidiócesis y reestructuró la mayoría de las divisiones operativas de alto nivel.

En 1980 McCarthy ofreció apoyo y asistencia durante el denominado Éxodo del Mariel, procedente de Cuba, y el año siguiente apoyó los derechos de los inmigrantes haitianos que fueron detenidos bajo la llamada política ‘pies secos, pies mojados’, y en respuesta a las necesidades de esa nueva inmigración, abrió el Centro Católico Haitiano Pierre Toussaint. McCarthy se retiró en 1994 a la edad requerida de 75 años.

El 3 de noviembre de 1994, el Papa Juan Pablo II nombró a Juan C. Favalora como el tercer arzobispo de Miami. Durante su mandato, construyó dos escuelas secundarias nuevas y nueve escuelas primarias. Favalora también inició la campaña Visión 2000, una campaña de recaudación de fondos de cinco años que creó un fondo de donación para apoyar la educación católica y las instituciones de divulgación en la arquidiócesis.

El 20 de abril de 2010, el papa Benedicto XVI aceptó la renuncia del arzobispo John Favalora, ocho meses antes, y designó al obispo Thomas Wenski de la Diócesis Católica Romana de Orlando como su sucesor. El 1 de junio de 2010, el arzobispo Wenski fue instalado como el cuarto arzobispo de la Arquidiócesis de Miami, en la Catedral de Santa María.

 

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