lunes 2  de  marzo 2026
Benito Prats

Benito Prats: "Aquel soldado me arrebató una parte cuando destruyó la Virgen de la Caridad"

"Si se acaba la dictadura regresaría. Me gustaría volver a ver mi casa", contó Prats
Diario las Américas | YOANDY CASTAÑEDA LORENZO
Por YOANDY CASTAÑEDA LORENZO

Si viéramos realmente el Universo, tal vez lo entenderíamos. Jorge Luis Borges Si viéramos realmente el Universo, tal vez lo entenderíamos. Jorge Luis Borges

El sentido de las cosas cambia por completo si esas cosas se hacen con pasión y en ese rubro cada paso, por pequeño que sea, cobra significados galácticos. Llegar a la felicidad no es asunto de un día, se trata de sacrificios, esfuerzos y la capacidad de ir juntando esos pedacitos diarios de alegría para tejer, ineludiblemente, nuestro destino. La vida lleva su buena dosis de sacrificio. Esas sensaciones afloran al conversar con el ingeniero Benito Prats: un guajirito de Vertientes que llegó literalmente al universo. Pratts tiene su firma en el espacio, de manera literal, pues bajo sus manos estuvo parte del diseño del Curiosity Rover, el robot de la Nasa que hace estudios en Marte.

Recuerda que siempre tuvo, por dentro, ese “bichito” de la exploración: “nací en Camagüey en el año 54. Sí recuerdo a mis padres. Íbamos a la iglesia todos los domingos. En el patio había una mata de aguacate y una casita de jugar. Mis hermanos y yo nos subíamos en el techo. Miraba al cielo, buscando respuestas. Hoy miro hacia atrás y veo eso”.

Sin embargo, Benito asegura no acordarse de mucho más “creo que por el trauma”. Como si el cerebro se hubiese desentendido de esas situaciones de dolor.

“Me fui en el 61, mis hermanas tenían seis y ocho años, yo siete y el mayor de nueve. Yo no tengo una imagen clara de lo que llamaban “la pecera”, no recuerdo el último beso que le di a mi madre. Se borró casi todo. Solo veo a un soldado. Vino frente a mí. Yo llevaba una estatua de la Caridad del Cobre. Me la quitó, la tiró al piso y le dio con la culata del arma. La rompió para ver si había joyas adentro. Era el día de la Virgen. Yo salí de Cuba un ocho de septiembre”.

La separación siempre resulta dolorosa: “Cuando llegamos fuimos a la Torre de la Libertad y de allí al campamento de Kendall. Veo las barreras policiales. Nos ubicaron en una litera dentro de tiendas de campaña – rememora Benito - Llorábamos de noche. Allí estuvimos poco tiempo, hasta el 21, nos trasladaron a un orfanato en Siracusa, Nueva York. Luego una familia norteamericana nos acogió a los varones, no podían con los cuatro. Mis hermanas se quedaron. Las separaron de piso, por la edad y casi ni se podían ver. Fue extremadamente difícil para ellas. Nosotros fuimos afortunados – reconoce – tuvimos el amor, el cariño, las oportunidades”.

Benito describe que en esa época empezaba a nevar, experimentaba el frío del norte: “Fueron cuatro largos años para reunirnos todos. Fue extraño en parte. Para mí yo tenía otra mamá – hace una pausa y orgulloso expresa - por cierto, está viva todavía, la vamos a visitar y me presenta como su hijo Benito – Con mis padres nos vimos en Washington. Fue un reencuentro de ocho: Ellos, los cuatro hermanos que vinimos en Pedro Pan y los dos más pequeños que se habían quedado en Cuba”.

Benito destaca la ayuda que recibieron, inclusive una casa para vivir: “Ya para entonces yo no hablaba nada de español. Se me olvidó todo – sonríe – mis padres sabían hablar inglés, esa fue la suerte.

En ocasiones, hay que tener valor para enfrentar los obstáculos, aun cuando las decisiones dejen heridas lacerantes: “Yo pienso, como padre ahora, lo difícil que fue para ellos dejarnos a nosotros”.

Un Pedro Pan en la NASA

“Anteriormente te comenté que siempre desde niño miraba al espacio, tenía aviones de madera, me dieron cohetes para lanzarlos. Es como si durante toda mi infancia me estuve preparando, sin darme cuenta. Fui a la universidad y fue muy complicado. Yo quería deshacerme de la escuela e ir a trabajar. En eso mis padres me ayudaron mucho porque se pusieron firmes y me dijeron: - tienes que terminar. Me hice ingeniero. Entré en un programa, donde trabajaba un semestre y el otro estudiaba. Era como un túnel de viento donde se ponen aviones y autos para controlar la aerodinámica. Imagínate a 14 veces las velocidad del sonido, cuando normalmente un avión no la alcanza”.

Llama la atención un letrero pegado al auto de Benito que reza: Mi otro carro está en Marte. No es una pegatina al azar, es parte indisoluble de su vida: “En 2007 trabajé en el “carrito” Curiosity que llegó al planeta rojo en 2012. Ya lleva 9 años y ha recorrido 26 kilómetros. Tiene seis ruedas del tamaño de un auto y todas tienen motores por eso puede trepar piedras de gran altura. Los científicos piensan que es fascinante porque pueden explorar diferentes capas de superficies”.

El Curiosity pesa unos 900 kilogramos y es la pieza clave de la misión Mars Science Laboratory: “Con una barrena hacemos hoyos en las piedras y las estudiamos.

Lo que yo hice son los hornos del “rover”; tiene dos que suben a 1200 grados y tubos por donde suben los gases, el humo que sale de las piedras. Analizamos cómo era Marte en el pasado y como es ahora. Dentro tiene un instrumento del tamaño de un microondas y otros dispositivos para medir y analizar esos gases para saber si estamos en presencia de nitrógeno, hierro u otros, Además nos concentramos en el aire para saber si hay oxígeno”.

De Marte a Marta

“Llevo 43 años de matrimonio. Cuando yo conocí a Marta ella no sabia que yo era cubano por el idioma. Para mi es un milagro hablar español. Ella me enseñó esa parte que me arrancaron en Cuba. Esa parte que el soldado me arrebató cuando destruyó la Virgen de la Caridad. Marta me volvió a poner mi corazón cubano. Agradezco a la vida por todo lo que ella me ha dado. Tenemos 5 hijos y cinco nietas”.

El apoyo de la familia es fundamental: “Yo sigo trabajando. Mira – enseña su mano izquierda - tengo un reloj que me dice dónde están los planetas y ahora Marte está del otro lado. El sol está en el centro y no nos podemos comunicar con Curiosity y eso demora dos semanas. Tengo dos semanas de vacaciones cada dos años – bromea Benito.

¿Sueñas con regresar?: “Va a ser difícil después de lo sucedido el 11 de julio. En esas condiciones va a ser más fácil ir a Marte que regresar a Cuba. Si se acaba la dictadura regresaría. Me gustaría volver a ver mi casa. Me dijeron que alguien arrancó la mata de aguacate del patio porque no tenían leña para cocinar. Y ver Manzanillo porque Marta me devolvió a Cuba, pero me inyectó Manzanillo y su glorieta. De hecho, en un cumpleaños le hice una réplica en el patio de la casa.

Si el Benito de hoy pudiera hablarle al Benito “Pedro Pan” le dijera: “Tu camino va a ser difícil pero lo importante es escuchar, respetar a quienes te acogen, a tus padres que siempre te van a guiar. Aunque de noche mires hacia el techo, llores y veas todo oscuro, la luz llegará y te hará hacer algo verdaderamente importante. Podrás ayudar a tu familia, a tu país, que es EEUU y quizás, en un futuro, puedas ayudar a Cuba”.

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